Los últimos descubrimientos arqueológicos al sureste de Irán ha sacado a la luz una impresionante ciudad con más de 5000 años de antigüedad, en la zona conocida como Jiroft, en la provincia de Kerman, y que día a día está convenciendo a los científicos de que se trata de la primitiva civilización de Aratta, la que los sumerios llamaban “paraíso” y cuna de los tesoros más apreciados de su tiempo. Dicha enigmática civilización abarcaba parte de Irán y de Afganistán, pero en esta última década se está desenterrando lo que parece ser el núcleo o capital de dicho proto-imperio, con innumerables piezas que destacan por un refinamiento insólito para la Edad del Bronce.

Existen tres características descubiertas en Jiroft por los arqueólogos que deben plantear seriamente la reescritura de los libros de texto que llevamos estudiando en los colegios desde hace dos siglos. Una de ellas es la arquitectura avanzada, pues se está desenterrando lo que fue un inmenso zigurat mayor en tamaño y en complejidad que los construidos posteriormente en la civilización sumeria y egipcia, adelantándose en un milenio al menos en lo que se refiere a la ingeniería de la construcción (siempre y cuando la pirámide de Keops esté datada correctamente, siendo contemporánea si data del 2500 al 2000 a. de C.). La segunda característica y que se subdivide en otras, es el refinamiento del tallado en piedra, metales y los acabados de su cerámica, encontrándose restos arqueológicos en zonas tan distantes como en el valle del Indo, en el Norte de Afganistán, en las excavaciones de la antigua Mesopotamia y Egipto, señal de que poseían una vasta organización comercial. Y tercera y quizás más importante, la escritura hallada en Jiroft nos muestra una madurez sin comparación. Todos conocemos la evolución de la escritura en Sumeria y el Antiguo Egipto, que pasó primero por fases cuneiforme (Sumeria) y jeroglífica (Egipto) para ir evolucionando poco a poco, pero en cambio descubrimos en Jiroft una escritura ya madurada nada menos que mil años antes que en Sumeria, señal inequívoca de que tanto sumerios como egipcios (también los hititas) tuvieron en Aratta a su madre cultural, sin duda llegada por los contactos comerciales. De hecho, los primeros escritos hallados es una mezcla de signos desconocidos con unos pocos identificables o parecidos a las tres culturas dichas posteriores.

El pequeño lío nos viene por denominar a esta cultura correctamente, pues al ser un descubrimiento de este siglo, se le bautizó por su localización actual (Jiroft), y debemos buscar este nombre para conocer los objetos hallados y las publicaciones efectuadas al respecto. Pero que Jiroft era la capital de la antigua Aratta de los relatos sumerios parece ser que está ya bastante claro, por la cantidad de tesoros allí encontrados, la riqueza de los ajuares de las pocas tumbas no profanadas, más lo que día a día va apareciendo en un vasto radio de excavaciones. Se han encontrado cuatro necrópolis, lo que da cuenta de la grandiosidad de esta capital de hace más de 5000 años. Curiosamente Aratta se nombra en los dos libros más antiguos de la Humanidad: el Poema de Gilgamesh y en las narraciones mitológicas de Ziusudra (Enmerkar), el Nimrod bíblico descendiente de Noé, que tuvo una disputa con el rey de Aratta por la posesión de la estatua de una diosa, en la que se describe la distancia entre Uruk y Aratta: a siete cordilleras o montañas, coincidiendo más o menos con una distancia similar hasta Jiroft, pero que nunca se encontró pues sus restos han reposado bajo la arena del desierto durante casi cuatro milenios.

Otra particularidad de Jiroft es que se pueden investigar las influencias culturales de una manera científicamente exacta pues la ciudad se abandonó tras un milenio de ocupación (quizás más). Se han descubierto ingeniosos canales que distribuían el agua hacia los cultivos y hacia la ciudad. También se han descubierto qué tipo de semillas proliferaban por los restos analizados en las vasijas. El desvío del cauce fluvial por causas naturales, o la desecación de los recursos acuíferos debió ser la importante causa del abandono, pues no se ha detectado ningún rastro que indique incendios o actos belicosos en los estratos estudiados. Su traslado ¿inició la cultura sumeria? De todas formas, el filón sólo ha hecho que comenzar, pues científicos de todo el mundo ya han puesto su mirada en este vasto espacio arqueológico que quizás nos cuente al detalle cómo sucedieron las cosas y de dónde vinieron los que ahora se deben considerar como la “cuna de la civilización”.

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