El equipo de www.qvo.es ofrece su más sentido pésame por las víctimas del COVID-19 a las familias, por eso muestra desde el inicio de esta terrible Pandemia un lazo negro en todos sus post.

Si en muchos aspectos numerosas leyes resultan ambiguas y su interpretación se deja para el juez o jurado popular de turno, el presente Gobierno de España ha emitido una lista de leyes, parches legales y/o normativas oficiales que pueden dejar a la presente legislación (Código Civil y Penal) literalmente con los pantalones bajados. ¿Qué se puede añadir al concepto e inequívoca  resolución de que “todos somos iguales ante la Ley”? Pues precisamente eso, que no siendo suficiente dicha igualdad, resulta que ahora debemos ir más allá, adelantarnos al tiempo y al espacio para crear una nueva sociedad “futurista”, donde el género terminará por desaparecer de las casillas de los impresos y hasta de nuestro DNI, con la llamada nueva Ley «Trans”.

El Gobierno de España, para resumir, establece que cualquier ser humano en España puede decidir su género, en cualquier momento y espacio español, siendo mayor de 14 años, que es como asumir que los españoles ya no tenemos sexo. No es una broma, ni una cuestión de ética o moral, ni filosófica ni médica. Legalmente, a partir de su entrada en vigor, cualquiera puede declararse por el sexo que prefiera ser y legalmente será admitido oficialmente, con sólo solicitar el cambio en el Registro Civil. Si sumamos esta nueva ley a una anterior que permite cambiar los nombres y apellidos también en cualquier momento y espacio español, tenemos que la identidad congénita en España desaparecerá. Pero no vengo yo a criticar si es bueno o malo, sino, como en numerosas “ocurrencias” de los políticos españoles, solamente voy a comentar el efecto o consecuencia colateral que esta ley puede producir a medio/largo plazo y que, por mucho esfuerzo que un juez o jurado quiera “interpretar”, la Ley amparará.

Hace poco os comenté el abuso “ilegal” de la Zona Azul como medida para recaudar por los municipios. Si todos convenimos en no ocupar y no participar, es decir, si nadie estaciona en un par de meses, convertiríamos dichas zonas azules en deficitarias, y obligaríamos a los ayuntamientos a una nueva consideración del abuso. Del mismo modo, si todos los hombres nos declaramos mujeres, amparados por esta Ley de Igualdad de Género, obtendríamos un país con algo más de 47 millones de mujeres, eliminando miles de parches y jurisprudencia de las últimas dos décadas al menos, en lo referente a la Violencia de Género, al Machismo y todo lo que este concepto conlleva, porque “muerto el perro (el hombre en este caso) terminó la rabia”.

Los políticos españoles son tan “inteligentes” que, como no les basta un sistema ya de por si corrompido, provocan nuevos problemas económicos y sociales, siempre con la idea de exprimir al contribuyente. Pasito a pasito los partidos en el poder acaparan el voto de las minorías para que, sumadas, les permita su mayoría gobernable. Sean de derechas o de izquierdas los partidos en el poder, son capaces (los políticos) de las más grandes barbaridades. Cuando les conviene, hablan de progreso, pero todos sabemos que cualquier efecto tiene su causa, que cada acción su reacción, así vemos que, sin pretenderlo, esta nueva Ley de Igualdad permitirá que la Jurisprudencia y la Sociedad sean todavía más caóticas si cabe.

España ha sido pionera en innumerables cuestiones científicas, políticas y sociales. Parece que también vamos a ser pioneros en erradicar totalmente el sexo de las personas. Si el fin de las leyes de violencia de género circulaba en la dirección de “proteger al sexo débil” y erradicar el Machismo, está claro que el Gobierno de España ha dado un retroceso o un giro total, convirtiendo su fanatismo en más ambigüedad, en un tiro que les saldrá por la culata, porque si los políticos intentan incisivamente engañar a la sociedad, que no tengan la menor duda de que la picaresca española no será una excepción sino una regla.

La ambigüedad

Claro, una ley hecha por políticos que no contenga ambigüedad, dejaría de ser “política”. Resulta que existe un Artículo 14 que deshace lo hecho, es decir, que si una persona decide que ya no pertenece al sexo nuevo elegido, puede recuperar su “estado anterior”. Si, realmente parece un enunciado físico o químico, pero no es más que otra válvula de escape a la mentira y a las manipulaciones de los políticos. Es como el ya mítico dicho de Adolfo Suárez: “puedo prometer y prometo”, que no es más que la “madre de la ambigüedad política” de nuestra democracia, pues por un lado parece que te dan el oro y el moro, pero por otro lado, pueden quitártelo todo mediante un sencillo mecanismo retrospectivo, en este caso que estudiamos, el susodicho polémico Artículo 14.

Así tenemos que, una vez más, dejan el marrón a la clase judicial, que debe interpretar las leyes toreando los parches y excepciones. Los políticos actúan como reyes cara al público, cuando en verdad están mareando la perdiz para contentar a todos, con el sólo fin de conseguir votos electorales. Para ello, crean problemas que solamente ellos pueden resolver, pero si se fijan, no los resuelven, sino que crean otros nuevos. De otro modo os pregunto ¿por qué tras tantas alternancias en el poder, ninguna fuerza política llegada a la presidencia ha deshecho lo anterior? Pues sencillo, porque no gobiernan para solucionar problemas, sino para recaudar. Y cuando parece que resuelven algo es porque están maniobrando por otro lado la compensación económica que cause cualquier mala resolución. Así actúan también con las medidas éticas: no resuelven sino que bifurcan el problema hasta lo incognoscible.

César Metonio.

 

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