Aunque ahora es como una borrosa anécdota del “turbio pasado” del expresidente Richard Nixon, pocos conocían la extraña relación de éste con una de las figuras más populares de todos los tiempos, El “Rey” del Rock, Elvis Aaron Presley. El estigma del Caso Watergate ha configurado la historia personal y política de este controvertido Presidente de los Estados Unidos, haciendo olvidar todos sus demás actos, fueren positivos y beneficiosos para su país o no, convirtiéndolo en una de las figuras más antipáticas (a veces hasta siniestra) del escenario literario y filmográfico de los últimos tiempos. En este caso se trata de una comedia, pero quien haya visto la película convendrá en que trasmite cierto aire de decadencia, quizás por la atmósfera tecnócrata (se podría decir también burócrata), por la que se desenvuelve la trama.

Lo primero que me llamó la atención de esta absurda anécdota histórica es que todo el mundo, dentro y fuera de los Estados Unidos, sería capaz en 1970 de reconocer a Elvis, y no entendí que Nixon tuviese que consultar la biografía de uno de sus paisanos más populares de la Historia, por desconocer su trayectoria artística y personal. Pero supongo que también cuadra en la personalidad “conservadora” del desaparecido expresidente. Otra cuestión, a la que no se hace referencia en la película, resulta de la muerte pocos años después del Artista, muerte polémica como la de la mayoría de personajes famosos de esa extensa nación, y que ha llenado miles de teorías en revistas y libros desde 1977. Para muchos, la vinculación de Elvis con el Servicio Secreto resulta más que sospechosa y muchos se han preguntado desde entonces, qué labor ha desempeñado durante esos años como “agente infiltrado”, y lo más importante: si no era partidario de las drogas ni medicamentos en general, ¿cómo eligió sumergirse en dicho mundo? De hecho, sigue circulando la teoría de que no murió y sigue entre nosotros. Pocos creyeron en un principio aquel certificado de defunción donde indicaba “infarto agudo de miocardio”.

Kevin Spacey interpreta a un Nixon, en mi opinión, de lo más convincente. Para Elvis, Shannon ha estado bien, aunque todo intento por emular al Rey resulta tarea difícil, dada la cantidad de miles de imitadores que aparecen al año solamente por Las Vegas. Le doy una nota “buena” porque al menos sus gestos han estado bien estudiados, como los de su compañero de reparto Kevin, pues se hace evidente que estudió y mucho los de Nixon. La nota de valoración en el índice IMDB es un discreto 6,4 sobre casi nueve mil votantes y comparto la misma opinión. No esperaba una carcajada, pero los actores, entre ellos Johnny Knoxville, y el argumento, creo que da para algo más divertido.

La película partió con un presupuesto de 4 millones de dólares y si la hago destacar en un post es porque inicia una etapa de Amazon Studios como distribuidor principal y en un largo ya importante, una Productora que está involucrada de pleno en el Séptimo Arte y que está mostrando unos proyectos de lo más interesantes. El fracaso de taquilla y recaudación por sus Derechos (no llega a los 1.5 millones recaudados), da cuenta de que no se trata de invertir grandes cantidades, sino de “acertar” con lo que desea el público. Amazon Studios se fundó en el año 2010 y tardó más de cinco años en estrenar su primera película. Ésta es la tercera y a lo largo de este año ha programado el estreno de otras 10. Esperemos una mejoría en todos los aspectos.

Elvis & Nixon se estrenó en abril del año 2016. La dirigió Liza Johnson sobre un guión de Joey Sagal para un largometraje de 86 minutos que transcurren muy deprisa, algo que siempre me ha dejado buena impresión, pues suele ser señal de que la película es buena. El interés por conocer qué se dirían estos dos personajes históricos es lo que mantiene acelerado el ritmo de la película y por eso da la impresión de que los minutos corren a mayor velocidad. Pero siempre hay excepciones en todos los ámbitos y la puntuación que se le da en todas las críticas me parecen justas, pues creo que se le puede sacar más partido a una anécdota histórica tan chocante y a un plantel de actores de talla tan sobresaliente reunidos para interpretarla.

 

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