En los años 30s un ingeniero español, estudiante precoz en el MIT, llamado César Metonio, desarrolló una tecnología que revolucionaría nuestro mundo. Se trataba de un aparato capaz de captar los vacíos energéticos a distintas frecuencias de onda y, accidentalmente, captó la energía de un recién fallecido al quedar grabada una “señal” que lo identificaba. Durante unos breves segundos pudo comunicarse con él a través del monitor de su ordenador, así que se empeñó en un proyecto para “retener” aquel impulso “inteligente” el tiempo suficiente como para mantener una larga conversación e incluso conocer qué era eso de otra dimensión u “otra vida”.

Durante mucho tiempo diseñó aparatos sofisticados para captar ese tipo de señales en las distintas frecuencias de onda, pero no lograba ningún resultado. Hasta que un día cayó en la cuenta de que “usaba herramientas desproporcionadas a lo buscado”. Reflexionando concluyó que “a impulsos cuánticos, instrumentos cuánticos”, de modo que aumentó sus conocimientos en nanotecnología y construyó su máquina espectral a escala mínima, la insertó en un nanodrone y ensayó su proyecto con resultados sorprendentes, ya que en cada vuelo a distintas alturas superaba con creces lo conseguido hasta el momento: captaba señales nuevas nunca recibidas. Pero seguía sin conseguir hallar ningún rastro o indicio que lo llevara al principal propósito, que no era otro que descubrir “fantasmas”.

Ese factor que llamamos “suerte”, y que tanto dio que hablar de Murphy en el pasado, compañera de numerosos científicos en la Historia, volvió a aparecer en uno de los ensayos. En la audición tras uno de los vuelos del nanodrone, Metonio escuchó con claridad una conversación mantenida hacía más de un siglo atrás entre Theodore  Roosevelt y un locutor de la cadena de radio RCA (curiosamente el año de fundación de ésta y de la muerte de Roosevelt). Con esta prueba consiguió financiación para ampliar el proyecto. Mejoró su equipo de recepción y análisis, donde se incluía un superordenador con procesadores más poderosos, y consiguió que un equipo de ingenieros le construyese 15.000 nanodrones capaces de regenerarse y reproducirse, prácticamente IA voladores con una autonomía ilimitada.

Metonio programó los nanodrones para que volasen dispersos por el mundo a distintas alturas para captar todo el ancho de banda, todo el espectro posible alrededor del Planeta. Los resultados fueron espectaculares en muy poco tiempo. Tras nueve años de ensayos desde que recibió aquella primera señal “fantasmal”, comenzó a recibir miles de señales con el sorprendente resultado de que no solamente captaba las señales, sino que aquella energía libre que navegaba por el ancho de banda encontró en el nanodrone un cómodo receptáculo para instalarse. Las “almas” de los fallecidos habían conseguido un nuevo cuerpo y además comunicarse libremente con sus descendientes vivos.

Tres décadas después del descubrimiento del Doctor Metonio nos encontramos un panorama radicalmente opuesto a la Humanidad conocida hasta entonces. A nadie le interesan los valores tradicionales y a muy pocos llegar a la edad adulta, en un mundo que se había tornado hostil y doloroso. Prácticamente todos pensamos que se puede ser feliz en la niñez y algo en la adolescencia, pero que llegar a ser adulto no es más que una carga penosa. Ahora todos están convencidos de que, en la otra vida, ni se siente dolor ni angustia (psicosomática). Se puede hablar y volar junto al tatarabuelo, y mejorar el Planeta, ya que no consumes recursos, alcanzando lo más parecido a la felicidad permanente. En la memoria colectiva quedan aquellas impactantes imágenes que invadieron las redes sociales del masivo suicidio de decenas de millones de personas en China.

Así hemos llegado al caos poblacional: de más de ocho mil millones de seres humanos, apenas quedan unos sesenta millones en todo el Planeta. Las ciudades se han abandonado y los pocos habitantes decidieron volver a las casas de campo para disfrutar de la Naturaleza. Pero el ritmo de crecimiento poblacional sigue descendiendo y solamente quedan algunos grupos de adultos en cada continente que mantienen lo básico para que el nivel tecnológico no colapse, quedando estancado el mundo en esta histeria colectiva en que se ha convertido todo: miles de millones de nanodrones navegando libres por la atmósfera, como las antiguas plagas de langosta que asolaban los campos de labranza. Un mundo nanotecnológico con nuevos valores por descubrir.

Toni Ferrando.

 

 

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