Se ha emitido ya el segundo capítulo de la serie española La Catedral del Mar y ha dejado una muy buena impresión en la audiencia televisiva. Quiero transmitir dos lecturas de la misma, una lectura histórica, como gran aficionado a la misma, y otra perspectiva artística, midiendo los escenarios y valorando la interpretación de los actores. Aunque todo es mejorable, me ha parecido un gran montaje escénico en general y valoro el trabajo con un notable alto, por encima de las demás series históricas españolas que he visto hasta ahora, quizás con la excepción de la última serie que vi, Conquistadores Adventum, de gran calidad.

Tanto por la visión histórica como artística no le concedo un sobresaliente porque me está parecido excesivamente dramática y, cuando se quiere dar realismo a una Obra, siempre se debe intercalar algún momento dichoso, pues así es nuestra vida: mucho de sufrir y algo para disfrutar y recordar, para que esto no sea un valle de lágrimas. En las Obras Maestras de la Literatura y del Cine se mezclan con gracia pena y dicha, base fundamental para que terminen “hipnotizando” al lector o espectador. Pero sólo he visto dos capítulos y no deseo juzgar antes de tiempo a este respecto.

Me interesa la parte histórica y en ello profundizo un poco ya que la parte interpretativa me está pareciendo más que aceptable. Salvo algunos lapsos en las dos parejas de actores infantiles, se está dirigiendo muy bien y los actores adultos siguen sus papeles de manera muy convincente. La elección del color es acertada para darle un ambiente más antiguo, aunque a veces las escenas parecen en blanco y negro por el abuso de estos filtros. Pero está bien en general. Conocer la Barcelona de aquellos años nos puede ayudar a entender el cambio que sufrimos en España de la Edad Media a la Moderna, cambio que la Corona de Aragón experimentó a medida que conquistaba Sicilia y gran parte de la actual Italia e iba absorbiendo todas las corrientes que surgían configurando el Renacimiento. Siempre se ha tenido a Italia como la cuna de dicho movimiento artístico y cultural, pero no debemos olvidar el papel de “intercambio de ideas” entre los sabios y artistas de ambas zonas del Mediterráneo que daría al fin con el Siglo de Oro de las Letras Valencianas, por ejemplo, que se anticipó a los demás movimientos culturales de España y de toda Europa, pues fue el tercero en orden cronológico del Continente.

La Barcelona del primer cuarto del siglo XIV experimentó un aumento demográfico espectacular. Prueba de ello es que Jaime I añadió otro círculo de murallas a finales del siglo XIII y que entre Jaime II y Alfonso IV se añadió un tercer círculo de murallas, señal inequívoca de dicho crecimiento poblacional. Los expertos han calculado en unos 50.000 habitantes justo antes de las plagas de peste sufridas a partir de los años 20s de esa centuria. Luego se registraron unas 10.000 víctimas tras varios focos epidémicos, pero sigue siendo una ciudad muy poblada para la época. En el Antiguo Reino de Aragón las ciudades más importantes no superaba ninguna los 30.000 habitantes, ni siquiera Zaragoza, capital y Seo de la Corona.

La Corona de Aragón no era un territorio poblado. Ni siquiera llegaban al millón de habitantes en conjunto. Cataluña, que en aquella época abarcaba más o menos la mitad de su actual territorio, tenía una población de entre 400 y 500.000 habitantes. Aragón alrededor de 200.000. El Reino de Valencia no superaba los 250.000 habitantes y Mallorca unos 50.000, de los cuales la mitad residían en su capital Palma. Los reinos de Castilla y vecinos francos del Norte, superaban con creces esta población. Pero en cambio sería la Corona Aragonesa la que se extendió por un amplio Imperio por el Mediterráneo. ¿Cómo fue esto posible? Conocer los detalles de este fenómeno nos aclarará el siguiente, esto es, la consecución de un Impero Español, donde las armas de fuego, la tecnología y estrategia militar en general, se forjaron en la avanzada Corona de Aragón.

Durante las décadas finales del siglo XII hasta principios del XIV Cataluña fue roturando los campos desde los Pirineos en dirección Sur, usurpando territorio a Al-Andalus. Los centros de poder veían cada vez más lejos la defensa de aquellas “tierras de nadie” y no se pudo evitar la colonización de toda esa área. A cada cultivo se instalaban familias y a cada zona de cultivos se constituía una parroquia y ésta dependía del poder eclesiástico y de un Señor. Dicha estrategia (comparable al territorio palestino en la actualidad pero con colonos judíos), se fue imponiendo en todo territorio “reconquistado” a los musulmanes, con numerosas paradojas, como la instalación de colonos musulmanes pero dependiendo esta vez de señores cristianos. Décadas de cultivos prósperos de cereal y puestos de trabajo, grandes beneficios comerciales y la seguridad de un ejército dependiente de la Corona, serían un reclamo atractivo para la sucesiva instalación de colonos, campesinos venidos de toda la Península, Norte de África e inclusive de Francia e Italia. Algunos, como vemos en la Serie, terminarían en un régimen de esclavitud, sobre todo muchos campesinos musulmanes.

Barcelona administró durante casi un siglo todos esos bienes que los señores acumularon con los beneficios del cereal. Ya a comienzos del siglo XIV existía una poderosa burguesía de comerciantes y distintas profesiones liberales, como agentes financieros, “aseguradores” y especuladores. La pugna por el prestigio de cada gremio profesional se visualizaba en la Ciudad por sus construcciones cada vez más espectaculares. Uno de los gremios profesionales más antiguos de Europa registrados se instauró en la Villa de Alcoy, el gremio del Textil en 1278. Esta pugna entre gremios nos transmite la Serie en forma de iglesias, pero también se construyeron numerosos edificios civiles. La necesidad de un Puerto marítimo también se hace evidente en la Serie, algo que ocurriría a finales del siglo XIV con la construcción de las Atarazanas Reales comenzadas por Pedro III y terminadas por Pedro IV de Aragón, oficializando así a Barcelona como capital marítima de la Corona de Aragón.

También se cuenta en la serie lo que la especulación y la política financiera produce cuando se decide cambiar los cultivos de cereal por otros más rentables por parte de los señores y banqueros: hambrunas y carestía en general. No hay más remedio que observar esta otra perspectiva histórica cuando se suceden los dramas humanos. A la fuerza nos obligan a contemplar la serie desde un punto de vista político y de vindicaciones, convirtiendo a los dirigentes en completos interesados y desvinculados de la sociedad que les rodea. No es extraño que la sociedad medieval “necesitara” de la figura de un monarca, el único árbitro entre los desmanes de la aristocracia y las clases más humildes. Los “mediadores” entre las partes aparecen en esta época precisamente, que no son otros que los mercaderes y una incipiente clase política que comienza a respirar: la Burguesía. Veremos cómo se suceden los acontecimientos en la Serie, pues por ahora me resulta interesante.

La Catedral del Mar es una adaptación de la novela del abogado y escritor en lengua castellana Ildefonso Falcones publicada en el año 2006.  Rodada en Cáceres, la Serie está producida por Atresmedia y Televisió de Catalunya. Constará de 8 capítulos dirigidos por Jordi Frades y protagonizados por Aitor Luna, Michelle Jener, Silvia Abascal, Andrea Duro, Daniel Grao, Ginés García, Lucía Díez, Hugo Arbués, etc. Esperemos que toda la intriga suscitada en los dos primeros capítulos se tornen interesantes y emocionantes, aunque los conocedores de la Historia, poco se puedan sorprender, a menos que se meta la pata como los de HBO y sus poco documentadas series históricas.

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