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Las leyendas, tanto las urbanas como las rurales, tienen siempre fundamento por hechos reales. Existen leyendas no escritas porque son historias orales que pasaron de padres a hijos y, con los siglos, fueron tomando una forma que no se parece al original más que por sus protagonistas y lugar donde se produjeron (a veces ni eso). Esos toques de fantasía particular a cada transmisión son los que han configurado al fin una leyenda concreta. Pero también puede ocurrir lo contrario, es decir, que queda en el imaginario un detalle o frase de una leyenda sin saber siquiera la historia completa o el origen y motivo del dicho.

 

En la ciudad de Alcoy existe una frase popular para despedirse cuando los familiares y amigos se retiran a acostarse o a recogerse en sus hogares. Se suele decir: “Bona Nit Cresol” («buenas noches candil» en valenciano). Pero si le preguntamos a la mayoría de alcoyanos, no conocerán el significado de “cresol” más que divagando por su significado literal.

La historia se remonta a mediados del siglo XVI, exactamente al año 1568 cuando la ciudad (entonces Villa Real), amaneció alterada por el robo de los objetos preciosos de la Iglesia Mayor de Santa María (no la actual, sino la de aquella época). Entre los objetos se encontraba el Santísimo Sacramento con las hostias consagradas, una cajita de plata labrada que guardaba las Sagradas Formas. Los demás objetos son “reemplazables”, pero ese en particular fue el detonante de un grandioso enfado y malestar en la población que, durante dos días con sus noches, registraron cada rincón de las casas y avisaron a todo viajero que partiese en dirección a Alicante, Valencia o hacia comarcas del interior, para que las autoridades registrasen a los viajeros con el fin de encontrar los objetos sagrados.

En la casa de María Miralles también se registró cada rincón en busca de los objetos. El encargado de dicho registro fue el agricultor Joan Esteve. En lo alto de un pequeño estante descansaba la imagen del “Niño Jesús”, por eso sería después conocido como “Jesuset del Miracle”, ya que durante la búsqueda la imagen fue encorvando su torso, y su manita que señalaba al cielo se dirigió de pronto a un punto concreto del suelo. María, muy conmovida, alertó al agricultor que rápidamente siguió con la mirada aquel pequeño índice que señalaba hacia el suelo, aunque no directamente al de aquella estancia, sino a la colindante.

Siguiendo la señal, Joan Esteve convino en que se trataba del suelo de la vivienda de Joan “Cresol”, un vecino de origen francés que comerciaba con tejidos. El Jesuset del Miracle señalaba hacia su establo-almacén y el agricultor encontró los objetos ocultos entre la paja. El Sagrario estaba vacío y profanado, con algunas hostias esparcidas por el sucio suelo, seguramente porque el ladrón las había ingerido. Inmediatamente la Autoridades prendieron al criminal, que sería ejecutado sin gran demora ante tamaño acto contra Dios y contra los Hombres.

Numerosas costumbres árabes quedaron en España tras la Reconquista. Para no alargarme mucho, diré que una de ellas, que también se refleja en el Corán, es la de “cortar una mano al ladrón y exponerla en público como escarmiento”. Como Joan Cresol robó lo más sagrado del mundo, se cortó una mano de su cadáver y se expuso en una ventana perteneciente a la vivienda del mismo ladrón, en la otra esquina pasada la  Plaçeta del Carbó.

La población alcoyana solía transitar por la entonces céntrica plaza, así que todo el mundo podía ver aquella mano que se mantuvo en la ventana hasta más allá de su podredumbre, hasta que quedó solamente hueso. Cada noche la población se retiraba a sus hogares y al pasar por la ventana saludaban la mano con un “Bona nit Cresol”, que se convirtió en leyenda resumida, en una frase macabra que con el tiempo perdió su sentido original, quizás porque en dicho lugar se construyó tres décadas después el Convento del Santo Sepulcro, lugar donde se custodia la imagen original del Jesuset del Miracle y los sagrados objetos que se pudieron recuperar, pasando aquel señor “Cresol” a una maldición sin sentido que no tendrá fin.

Pero también existe una versión muy distinta del dicho. Para los más escépticos, la figura de Joan Cresol si que existió, pero no se llamó así sino Joan Prats (pudieron ser perfectamente ambos apelativos para una misma persona). Si fue ajusticiado pero no se exhibió parte alguna de su cuerpo, así que la frase no procede de lo ocurrido con el robo y hallazgo de las sagradas formas, sino que procede del dicho: “Bona nit cresol que la llum s´apaga”, en una versión más literal y antigua, pues un cresol era cualquier artilugio que desde antiguo se utilizaba para alumbrar en las casas. Era más bien un doble sentido, a nivel de refranero, de carácter más reflexivo, refiriéndose al límite que todo tiene en la vida, como una lamparilla, termina por consumirse y morir. Tras casi cinco siglos pudo alterarse el relato original hasta convertirse en leyenda, una mezcla de hechos reales y ficticios que colman de fantasía y dramatismo unos sucesos que conmovieron en su día hasta el propio Felipe II.

La memoria colectiva es una suma rica de elementos culturales, algunos llenos de razonamiento y de experiencias, y muchos también irracionales, llenos de fantasía y superstición, en un extraño equilibrio que nos define como “pueblo”. La perspectiva de cada uno observará las costumbres con fe religiosa o con análisis científico, pero suele ganar la perspectiva de la mayoría a la larga, por mucho que políticos y cargos religiosos se empeñen en modificar o destruir. La Cultura es un bien inmaterial y, como tal, no tiene dueño.

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