El equipo de www.qvo.es ofrece su más sentido pésame por las víctimas del COVID-19 a las familias, por eso muestra desde el inicio de esta terrible Pandemia un lazo negro en todos sus post.

La ronda policial tras el toque de queda terminaba en el Pasaje, ahora desierto cuando hace tan sólo un año era una galería comercial de las más animadas de la ciudad. De la parcial oscuridad aparecían destellos intermitentes y, acomodando la vista a la penumbra, los dos agentes se acercaron a lo que parecía un teléfono móvil activo.

La misma luz del teléfono iluminó a un hombre sentado en el suelo con un vaso de plástico vacío en una mano y el teléfono en la otra. La mascarilla que le cubría la boca impedía una identificación clara del rostro. No se movía y parecía dormido, así que la agente femenina se acercó más y le propinó unas pataditas al pie derecho para saber si estaba consciente. Tras insistir un rato, el hombre reaccionó y con voz embriagada comenzó un extraño discurso dirigido a nadie y a todos.

-¡Un año! –comenzó gritando- ¡Un año sin vacaciones, ni un solo día! ¡Y hoy que disfruto de un día libre, me encuentro todo convertido en un cementerio! ¡Esto es una mierda!

El hombre hizo el ademán de beber del vaso pero, al no encontrar líquido, lo arrojó con rabia. La agente se acercó un poco más y lo miró con aires de condescendencia.

-Tiene que irse a casa y podemos sancionarle por saltarse el toque de queda –le dijo, pero el hombre no llegó a escucharla porque se quedó de nuevo traspuesto.

El agente masculino tomó entonces la iniciativa y se acercó al oído del hombre. Primero le preguntó si se encontraba bien. Seguidamente repitió lo dicho por su compañera. El hombre abrió los ojos y los cerró, pero no se dignó a responder, simplemente murmuró palabras aleatorias y sin sentido. Estaba todavía bajo los efectos del alcohol.

Los agentes se separaron para comentar entre ellos la forma de actuación para el caso. La forma de vestir del hombre les dio a entender desde el principio que era de clase media-alta. Observaron que era una simple borrachera y que debían seguir la normativa. No podían terminar la ronda dejando allí a una persona sin atención. Así que decidieron pedir una ambulancia y dejarlo en manos de los sanitarios. Mientras esperaban retomaron alguna conversación trivial del pasado. A los pocos minutos el hombre se sentó más erguido y se percató de que los policías lo estaban custodiando.

-¿Qué pasa agentes? Estoy bien, no se preocupen que en un rato me levanto y me voy para casa. ¿Toque de queda? ¿Estamos en guerra? –dijo esta vez riendo con ganas.

-Ya caballero –dijo de nuevo la agente-, pero resulta que son más de las once de la noche y Usted debería estar en casa. Hemos solicitado una ambulancia para que le atiendan y cursado una denuncia por saltarse la normativa.

-¿Cómo? ¿saltarme qué normativa? ¿No puedo ir por la calle a las once de la noche? Además, no sé ni en qué hora vivo. Llevo un año luchando contra la COVID en el Hospital, sin descanso, viendo morir a personas a diario… Me tomo un respiro, ir a tomar una cerveza a un bar, solamente eso, pero me encuentro todo cerrado, así que entro a un supermercado y me llevo una litrona fresca con vasos de papel. Claro, el coronavirus tiene prohibida la entrada en los supermercados pero en los bares no, ja ja ja. Hacía mucho que no bebía, así que supongo que no me ha sentado muy bien. Pero ya me encuentro mucho mejor. Déjenme un rato que me recupere del todo y me marcharé a casa.

-Descanse que enseguida llegará el SAMU.

-No he llamado al SAMU agentes. Ya les digo que estoy bien… -insistió el hombre esta vez queriendo incorporarse-. Además ya me voy.

-En ese caso –dijo la agente sacando una libretilla de multas-, no tengo otra que multarle por saltarse el toque de queda. Si me la abona en el acto son 50 €, pero si prefiere recibirla por correo le advierto que serán 100 €. ¿Me facilita su documentación por favor?

-¿Cómo? –dijo el caballero excitado- Yo no le facilito nada. ¿Ponerme una multa por estar en la vía pública? ¿Qué me está contando? ¿Qué vendrá después? ¿Confinamiento indefinido?

-No se altere caballero –dijo ahora el agente adelantándose a su compañera unos pasos-.  Tiene derecho a protestar pero eso no le va a salvar de la sanción. Por favor, su DNI.

-Que no le doy DNI ni nada, que no he cometido ningún delito y déjenme en paz o les denunciaré.

El caballero, ya más sobrio, giró su cuerpo y se encaminó hacia el exterior del pasaje. El agente lo agarró por la manga de la chaqueta y casi al instante se escuchó la sirena de la ambulancia que estacionó precipitadamente en la boca del pasaje. Esta aparición súbita dejó parados a los protagonistas durante unos breves segundos, y justo cuando los sanitarios se acercaban a paso ligero, el caballero agitó con rabia su brazo para zafarse de las garras que lo aprisionaban.

-Le aconsejo que se mantenga tranquilo –amenazó el agente- si no quiere que se torne esto en una situación peor para Usted.

-Buenas noches –dijo uno de las sanitarios-. ¿Dónde está el 13-14?

-Se trata de este caballero –dijo la agente desde unos pasos más atrás de los tres-, pero se ha incorporado por su propio pie.

El sanitario se acercó al caballero y lo miró fijamente, encendió una pequeña linterna y alumbró a sus ojos. Con las manos enguantadas en látex, bajó la mascarilla del caballero por completo y se sobresaltó de pronto al ver su rostro.

-¡Don José! –gritó el sanitario.

-Hola Santi –dijo éste.

-¿Conoce a este caballero? –preguntó el agente al sanitario.

-Claro, y Usted me extraña que no lo conozca. Se trata del Director del Hospital, el Doctor José Marañón, que ha encontrado la cura contra la COVID-19. ¿Lo llevo a algún lado Don José?

-No Santi, gracias, vivo en esta esquina. Me disponía a dormir 12 horas seguidas, algo que no hago desde hace… Yo qué sé, ni me acuerdo. Pero estos agentes me han entretenido diciendo no sé qué de toque de queda y una multa… ¿Nos hemos vuelto locos? ¿Toque de queda por la noche, cuando se supone que el 90 % de la población al menos está durmiendo? Sería lógico restringir el movimiento y los contactos cuando estamos despiertos, ¿pero cuando dormimos no resulta absurdo? ¿Hay algún retrasado entre los que han ideado esta estrategia?

-Mire –alegó el agente con enfado- nosotros aplicamos la Ley, no la cuestionamos. ¿Me permite su DNI?

-Claro, y si la Ley contraviene los preceptos que la hacen posible, entonces es una ley sin fundamento jurídico. Exactamente lo que hizo Hitler en el 33. En fin, tenga mi carné.

La agente que se había mantenido un paso por detrás de la escena, algo descolocada por cómo se estaba desarrollando el caso, se acercó algo más a su compañero, que leía el documento, y le dijo:

-Si el caballero vive aquí mismo, y lo acompañamos hasta su portería, creo que no habrá motivo de sanción, siempre que el SAMU certifique su atención al desvanecimiento del caballero.

-¿Cómo? –se indignó el Doctor-. Santi, déjame 50 euros que mañana te los devuelvo. Esto se ha convertido en un lugar de despropósitos.

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