El equipo de www.qvo.es ofrece su más sentido pésame por las víctimas del COVID-19 a las familias, por eso muestra desde el inicio de esta terrible Pandemia un lazo negro en todos sus post.

Hace un siglo las sociedades demandaban cambios inminentes, pienso que necesarios, pues la distribución de la riqueza y los privilegios en general se otorgaban siempre hacia la dirección de una sola condición humana, un perfil de: hombre-blanco-heterosexual. Bien es cierto que millones de personas que compartían dicho perfil sufrieron y sufren de pobreza y de muchas penalidades e injusticias, pero las revoluciones importantes acaecidas en la Historia, siempre debían ser respaldadas por humanos con semejante perfil para ser consideradas en los anales históricos. Las que no compartían dicho perfil simplemente no se consideraban importantes ni se registraban oficialmente.

A mediados del siglo XX, tras la Segunda Guerra Mundial, un organismo a nivel mundial organizó las naciones para la defensa de los Derechos Humanos (la ONU), llevando a la práctica lo propuesto y aplicado por los españoles en el siglo XVI, entonces primera potencia mundial, como fue la abolición de la esclavitud y la igualdad del ser humano ante la Ley (y ante Dios). El retraso del resto del mundo en la aplicación de este Derecho se puede contemplar perfectamente en la Constitución americana y francesa elaborada en tiempos Napoleónicos, cuando la Mujer tiene apenas consideración, la religión se “entromete” en cuestiones sociales, y los privilegios pasan paulatinamente de manos, de la aristocracia a la rica burguesía (y a la incipiente clase política formada por ellos). La Constitución Española de 1812 plasma perfectamente la influencia napoleónica, aunque resultó “moderna” y transgresora en muchos aspectos con respecto a la estadounidense y otras europeas.

Durante el primer tercio del siglo XX se fue admitiendo el Sufragio Universal. Antes, en los precoces sistemas democráticos, solamente tenían derecho a voto los que cumplían el perfil principal y además podían demostrar unos ingresos suficientes o fuesen padres de familia. No votaban ni mujeres, ni extranjeros, ni negros o esclavos, ni homosexuales demostrados, que debían ser denunciados y encarcelados. En España votaron las mujeres durante la Segunda República, más o menos al tiempo que en el resto de países desarrollados. La primera alcaldesa data del año 1916, en un pueblo alicantino llamado Cuatretondeta. Los negros integrados en las antiguas colonias lo conseguirían más tarde, encabezados por la minoría estadounidense que fue muy combativa desde mediados del siglo XX. Para encontrar tolerancia hacia otras orientaciones sexuales, debemos esperar hasta finales del siglo XX, más o menos desde la década de los 1980s, cuando la religión deja de ser “imprescindible” en los temas de Estado. Los matrimonios gay ni siquiera son admitidos todavía en todos los Estados Unidos, siendo el primer estado en admitirlos Illinois en el reciente 2015.

Ante la Ley todos estos temas de desigualdad están más que resueltos. La misma ampara sin distinción a todos los seres humanos, sea cual sea su condición. Ya hemos pasado todos los procesos civiles habidos y por haber y ya todos asumimos que debemos respetar al semejante sea cual sea su condición. Pero los fenómenos de racismo, machismo y su contra, la homofobia, siguen produciéndose en todo el mundo. Hemos llegado al punto de que cualquier crimen sangriento se achaca a uno de estos fenómenos. Vivimos otro tipo de condicionamiento. Si una mujer, un negro o un/a homosexual es atacado por un/a demente, inmediatamente se etiqueta el crimen como racista o sexista. Me temo que la experiencia nos habla de un “interés” por mantener y aumentar los privilegios que estas minorías han alcanzado durante este último siglo.

Está visto que nuestro sistema político y social está diseñado para otorgar merecimientos y privilegios siguiendo el interés y no el sentido común. Del mismo modo que algunos oficios son injustamente sobrevalorados sobre otros desde hace un siglo, ahora resulta que merece también sobrevalorarse la condición humana que sea distinto de ser hombre-blanco-heterosexual. Existen movimientos de grandes minorías enfrentadas violentamente contra dicho perfil, rompiendo la promesa pacífica por los que se crearon. Dependiendo de la fuerza política que se siente en el poder, los recursos económicos se distribuirán con más o menos cantidad hacia los organismos o plataformas “anti” que van surgiendo. Me parece una verdadera injusticia que se deba pagar por mantener “conformados” a todos estos grupos que van apareciendo y actuando violentamente contra la conducta de unos pocos, encasillándolos en el grupo general. Es un método coactivo que se viene repitiendo desde hace décadas, con la misma respuesta táctica empleada con los terroristas. El problema se subsanaría con una reglamentación más clara para la administración de los fondos públicos.

En fin, todo esto suele terminar con la parte “afectada” organizada para responder con violencia, restaurar el equilibrio y subir así el nivel de vida, los impuestos y aumentar la pobreza. Tampoco se frenarán los crímenes, pero todos estos “aprovechados” que formarán parte en adelante de la clase política, vivirán como reyes por defender lo que ya establece la Ley, y es lo intolerable. Está visto que por muchos privilegios que se otorguen no se estará nunca satisfecho. Siempre se pedirá más hasta provocar el colapso. Cada ser humano defiende su condición pero nadie plantea una reforma del sistema económico pues es lo verdaderamente problemático en todo el mundo. Cambian los políticos de turno, hacen creer que mejorarán las cosas, y nosotros seguimos votando a un sistema obsoleto, diseñado para que la riqueza siga mal distribuida, manejada por ineptos que siempre son investigados a posteriori amparados por sus aforamientos.  La mujer ahora no busca una defensa contra el crimen, busca más privilegios. El negro no busca igualdad de derechos, busca privilegios. Los homosexuales y lesbianas no buscan consideración, buscan privilegios. Mientras tanto, millones de hombres-blancos-heterosexuales siguen sufriendo las mismas cargas de siempre, aumentadas en forma de impuestos para pagar los privilegios de los políticos y de todas las minorías que se suponen “desamparadas” por su condición.

“Cuando el Estado da se lo quita a otro”. Creo que se ha formado una idea equivocada de la sociedad porque los medios dan fe con parcialidad de las noticias. Donde todos vemos una convivencia día a día de todos los seres humanos, en paz y armonía, los medios nos ofrecen una terrible situación de desigualdad por la condición humana. La realidad es muy distinta, la realidad es que la pobreza se ceba sin distinción de la condición humana de cada uno. La realidad es que el problema del ser humano es la Economía y no si alguien es mujer u hombre o negro u homosexual. Los políticos inventan problemas y luego provocan enfrentamientos para justificar sus fechorías.

Una vez localizado el verdadero problema, los demás deben tener un tratamiento coherente y eficaz a continuación. Sin resolver el problema de la economía, intentar resolver el resto es como echar migajas a las palomas: unas comerán más que otras. Pero lo políticos saben que para resolver los problemas económicos se debe empezar por restringir el “premio” tan jugoso que todos ellos reciben en forma de suculentas cuentas bancarias y un tren de vida llena de lujos y privilegios. Ese gasto público que ocasionan a las arcas es el principal motivo de pobreza en España, por ejemplo. Como no deben consultar nada al pueblo, pues en la victoria electoral viene implícita su dictadura en la práctica, han diseñado un sistema basado “en lo anterior”. Las alternativas disponibles, en España llamadas VOX a la Derecha y Podemos a la Izquierda, no son más que falsas ilusiones y un total continuismo de lo “anterior”. Simplemente tergiversan nuestra realidad para conseguir los votos que les proporcionen riqueza y privilegios a sus dirigentes y amigos. Viene sucediendo así los últimos 40 años. Con las “reformas” de todo tipo aplicadas en estas dos últimas décadas nadie está conforme, y hasta manifestaciones de millones de personas han llenado las calles de todas las ciudades en señal de protesta, pero nadie puede frenar al poderoso gobierno de turno, porque se le ha otorgado el poder de una dictadura.

Todos sabemos que seguirán habiendo asesinatos por cuestiones de dinero, sexo, racismo y religión. Siempre los ha habido y siempre los habrá. Y no disminuirá el número de crímenes mientras nuestro sistema de gobierno y distribución de la riqueza no se modifique con sentido común. Eso de que “vivimos en el mejor sistema posible” ya no se lo traga nadie. El ser humano tiene la inteligencia suficiente como para crear un sistema de gobierno y una sociedad realmente ecuánime y libre, aunque para ello deba prescindir de lo erróneo y bajar de la nube a los vividores. Se ha inventado una “nueva normalidad” donde nadie quiere trabajar. Los funcionarios atienden con cita previa que se debe concertar con teléfonos y páginas web inoperativas, ídem de bancos, empresas de telefonía, etc. Los despidos de trabajadores son masivos, los autónomos pagan impuestos sin rendir, etc, en fin, una nueva normalidad diseñada para los vividores por defender a las grandes corporaciones, que son las únicas que pueden contratar nuevos trabajadores pero no necesitan hacerlo, con malos servicios al público “permitidos” con la excusa de la Pandemia.

La Pandemia ha puesto de manifiesto el verdadero papel del gobierno central en España, delegando en las Comunidades Autónomas y Ayuntamientos su competencia, que debió ser desde el pasado mes de marzo del 2020 firme y resolutiva con los problemas sanitarios que iban apareciendo. Desde el principio todas las fuerzas políticas del Congreso tenían el deber de funcionar cohesionados, olvidar sus diferencias y trabajar como un solo equipo, pero en cambio, continuaron enfrentándose y confrontando a la población, esta vez más enfurecidos, sabedores de que el toque de queda podía servirles de coartada, convirtiendo la crisis sanitaria en un estado policial bajo el pretexto de los posibles contagios. Los socialistas mandan en el Congreso. Si éstos desvían sus responsabilidades a una Comunidad Autónoma regida por el PP, y los ayuntamientos están regidos por una tercera fuerza política, pongamos de carácter regional, ¿qué se puede obtener de positivo? Yo lo diré: una sangría incalculable de fondos públicos y resolver problemas tarde y mal.

El condicionamiento del ser humano ya nos trae la peor de las discriminaciones. Desde hace dos décadas al menos, vemos equipararse el número de hombres y mujeres en el hemiciclo, y hasta el número de ministras es superior al de ministros en las últimas legislaturas. Donde muchos ven “igualdad”, yo veo “cargos elegidos a dedo”, no por sus aptitudes, sino por condición o imagen. El escándalo de los masters comprados por muchos políticos es una señal inequívoca de la corrupción a toda escala. Estamos sufriendo un adoctrinamiento a todos los niveles, donde los medios en general son manipulados.

Las minorías violentas ganan terreno. Sólo tenemos que ver lo ocurrido en Estados Unidos con el tema “Floyd”. En esas tierras, con la industria del Cine más poderosa del planeta, ofrecen la mayoría de papeles protagonistas a mujeres y negros, aunque traten temas históricos y los tergiversen. “supermujeres” que, tras un aluvión de películas, nos han convencido de que son capaces de equipararse en fuerza y velocidad con los hombres. Por “Ley de Hollywood”, al menos el 10 % del plantel de actores protagonista debe ser afroamericano, aunque deban infiltrarse tras las líneas enemigas alemanas. Absurdo. Existen más de 50 millones de hispanos en Estados Unidos, superando en más del doble a los afroamericanos, pero el Privilegio en este cine se le ha otorgado a una minoría más incisiva, en detrimento de hispanos y asiáticos, por ejemplo, que son con creces mucho más numerosos. La condición humana debe servir para asumir nuestra diversidad, debe servir para que los mejores dirijan y protagonicen las gestas y no para conseguir privilegios que agudicen la desigualdad, que es al punto al que hemos llegado.

Ser homosexual, de otra raza o color, ser mujer no debe ser premiado ni castigado. Es la labor de la Educación acostumbrarnos a respetar al prójimo y no dejar que la propaganda selectiva adoctrine en otro sentido. El papel del sistema educativo y de los tribunales de Justicia debe ser el mostrarse implacables, sin favorecer a ninguna clase social, política o por condicionamiento humano sobre otros seres humanos. Se consigue el mismo daño diciendo que la mujer merece más visibilidad en el Gobierno, que el fin perseguido, pues se debe premiar por merecimientos y no por el sexo. Debe ganar la Igualdad y el Derecho sobre todas las demás prerrogativas.

César Metonio

 

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