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Si viajamos hasta Alcoy para ver las Fiestas de Moros y Cristianos experimentaremos un viaje en el tiempo fascinante hasta un pasado remoto, con más de 800 años de distancia temporal. Aunque existen numerosos anacronismos, fruto de siglos y actualizaciones en dicha fiesta, también encontraremos numerosos detalles que han sobrevivido de aquellos tiempos (incluidos detalles en las maneras, aspectos físicos, y comportamientos en las comidas populares). La Luz Andalusí fue tan intensa que todavía mantenemos tradiciones cultivadas hace más de mil años, con la suerte de conocer quién fue el protagonista que introdujo nuestras costumbres, o la mayor parte de éstas.


Y no debemos olvidar que tres culturas coincidieron en la Península en tiempo y espacio: Sefarat para los judíos, Al Ándalus para musulmanes, y España para los cristianos, concepto que surge ya en la Toma de Toledo del año 1085 por las tropas de Alfonso VI, y que España fue también todo el territorio conocido al sur de los Pirineos desde mucho más antiguo (los condes catalanes de la familia de Ramón Berenguer, por ejemplo, se suscribían «Hispaniae» en sus tratados con otras familias peninsulares y europeas). Resulta difícil imaginar un mundo de hace mil años similar al nuestro, pero salvando la Tecnología, sería precisamente en Al Ándalus cuando surgen costumbres que marcaron las posteriores europeas. El Medievo Europeo Cristiano era un mundo austero y poco amigo de manifestaciones mundanas. Curiosamente, podríamos compararlo a la inversa de nuestro tiempo, cuando observamos más austeridad en los musulmanes y más manifestaciones lúdicas de caracter mundano en el resto. Pero cada comunidad ve con ojos críticos las costumbres de los demás, sin cuestionarse las propias.


Dentro de la cultura andalusí englobamos la Música y las Artes, además de las costumbres, tanto cortesanas como del general de su población, probablemente cercana en número a los +-5 millones de habitantes en la Península Ibérica. Durante el siglo VIII, a una población «austera» de mayoría cristiana, ya con algunos núcleos familiares de religión judía, fueron asentándose numerosos musulmanes, algunos de ellos recién convertidos, pues no debemos olvidar que esta religión comienza a expandirse a finales del siglo VII. Durante la «ocupación» política de la Península, los colonos musulmanes fueron rotulando tierras y fundando nuevas poblaciones urbanas y rurales, en un ambiente más pacífico que en el resto de Europa, aunque no exento de guerras y movilizaciones, incluso entre los mismos musulmanes desde el principio.


Estos colonos musulmanes trajeron costumbres propias tanto del Norte de Africa como de Oriente Medio, sobre todo modas de las grandes medinas Bagdad y Damasco. Vimos en posts anteriores que este dato es muy importante, comparable a lo que fue Nueva York en el siglo XX: un escaparate de moda y cultura así fue Bagdad en aquellos primeros siglos de cultura andalusí. La nueva Arquitectura musulmana también llegó desde Arabia a través de los viajeros y militares que se asentaban en Al Ándalus. La fusión de estos elementos introducidos con los autóctonos establecería una cultura propia que repercutiría incluso en el lenguaje de los habitantes. Tenemos un ejemplo claro en nuestro saludo más universal: Hola, ya registrada durante el Siglo de Oro de las Letras Valencianas, y que es la abreviatura de la también popular expresión Ojalá (si Dios-Alá quiere).


El Emirato de Córdoba, bajo el mando político de Adderramán II desde el año 822, fundador de numerosas fortalezas y poblaciones como Murcia, alcanzó una relativa paz y dominio en la práctica totalidad de la Península Ibérica. Su ostentosa corte sería un reclamo para poetas, músicos y artistas en general, convirtiéndose en el espejo para la moda en el vestir, el lenguaje y las maneras de comportamiento. La dinastía Omeya se preocupó mucho por la cultura, y las bibliotecas de la corte y de los grandes cargos públicos y militares, fue creciendo a diario, sobre todo libros llegados de las grandiosas ciudades de Oriente.


En el mismo año 822 de la ascensión al poder de Abderramán II, llegó un «invitado» a la corte. Este personaje fue Ziryab (Abu l-Hasan Ali ibn Nafi`), una figura tan importante para los europeos, que ni somos conscientes de su relevancia, pues a esta persona debemos nuestra manera de comportarnos y presentarnos a los demás, «ordenar» los espacios para la fiesta y los negocios, y hasta de cómo se debe servir una mesa para las comidas. Este «maestro estilista» revolucionó la manera de ser y la apariencia física de los ibéricos en su conjunto, dando a los andalusíes una personalidad propia que los europeos copiarían paulatinamente. Las ceremonias, dirigidas casi exclusivamente para los ritos religiosos, pasarían con Ziryab a la vida cotidiana, diferenciándose de éstas. La elegancia y maneras de éste se imitarían para convertirse en modelo del «buen andalusí». El apodo ziryab significa «mirlo», como el ave de dulce canto y tez oscura que maravillaría a todos en su tiempo.


Se puede asegurar que Ziryab revolucionó el Emirato de Córdoba con su infuencia y cambió una primitiva cultura visigótica a otra más rica en elementos de todo tipo. Trajo juegos de mesa como el Ajedrez, las Damas o el Alquerque, el nardo (antecesor del badgamon) y otros muchos desde Oriente. Trasladó el interés por el arte a los andalusíes en todas sus manifestaciones: Música, Danza, Poesía, Diseño, Gastronomía, Perfumería, Moda del Vestido, el estilismo, etc.


Ziryab asombró primero por su manera tan colorida de vestir, así que planificó junto a Abderramán II un primer Calendario para la Moda efectuado en Europa. Cada estación del año tuvo su ropa y colores específicos. Como gran músico, fundó el primer Conservatorio de Música (uno de los primeros del mundo) e innovó la instrumentalización de la misma. Por ejemplo, añadió al laúd una quinta cuerda, diseñó nuevas púas con otros materiales para tocarlo, e introdujo nuevas melodías de origen greco-persas para enriquecer el escueto repertorio musical de la época visigótica. Se tiene también como creador de la nubah andalusí, una danza que sigue una canción-secuencia, precursora de la nawba.


En cuanto a la Gastronomía, nuestra Cocina Mediterránea, tan rica en matices, resulta un legado vivo de la Cocina Andalusí, de la que Ziryab nos enseñó a valorarla y enriquecerla. Sería este personaje quien recomendó usar copas de cristal para saborear los líquidos (principalmente vino) sin matices contenidos en el recipiente (antes de madera, cerámica o metal). La combinación de la Cocina Ibérica, que mantenía rasgos visigóticos más los autóctonos ancestrales, con ingredientes y recetas venidos de Oriente y del mundo greco-romano, creó la rica Cocina Andalusí, que también aportó numerosas frutas y verduras cultivadas en sus huertas por primera vez, descubriéndose nuevos y sabrosos platos y también nuevos dulces para una variada repostería. Para depositar en la mesa todos estos platos, se impone la costumbre de colocar antes un mantel, sea de tejido o cuero. Los de tejidos de colores sería la innovación de Ziryab, una costumbre que sigue actualmente no sólo Europa, sino el mundo entero. Para las costumbres en la mesa Ziryab impuso un orden «lógico» de los platos para que resulte una comida «equilibrada» en sabores y calorías. También es el orden que seguimos todo el mundo actualmente, en general. Empezar por las ensaladas ligeras, continuar con sopas, entrarle a los pescados y carnes para terminar con el postre y los dulces. Dicho orden se hizo universal a través de las costumbres andalusíes, recomendadas por este maestro de origen persa.


Los cristianos servían todos los platos de una vez en una mesa desnuda, y cada comensal ingería los alimentos sin orden ni concierto hasta que se saciaba o terminaban. En Al Ándalus comenzó la costumbre que vemos hoy en día en cualquier restaurante europeo, exactamente como recomendó Ziryab hace más de un milenio. El arroz y el azúcar entraron en la dieta andalusí, como muchas verduras y frutas por primera vez: berenjenas, alcachofas, judías de todo tipo, peras, manzanas, chufas para elaborar horchata, hasta 400 especies que enriquecieron las mesas de las clases altas, muchas de ellas fundamentales para las clases bajas de la sociedad. Preparaban agua de rosas, azahar o geranio, y con ayuda del alambique, preparaban perfumes para embriagar, convirtiendo las estancias en lugares agradables y atractivos.


Con el alambique y el alcohol, también introducido por los hispano-árabes, se elaboraron las primera bebidas espirituosas de todo tipo, los primeros licores. Si en Sicilia se encontró un obrador para elaborar pasta de trigo duro en forma de macarrones, fideos, etc., anterior al viaje de Marco Polo a China, en Al Ándalus se elaboraban ya recetas con macarrones y fideos siglos antes, tal y como está documentado en recetarios cordobeses del siglo XI al menos. Los hispano-árabes revolucionaron también el mundo de la repostería, con la elaboración de almíbares y numerosos ingredientes, como el dátil y especias insustituibles, como la canela, y los aromas florales para elaborar sabrosos arroces con leche. El mazapán, buñuelos, churros, los turrones y tortas, tienen en esta época gran difusión, pudiéndose adquirir en puestos ambulantes, como se hace hoy en día.


Un invento crucial para la conservación de los alimentos, y otra aportación andalusí, sería la cerámica vidriada, recomendada también por Ziryab al Emir, y que se fabricó por primera vez en Europa en dicha época. Se importó el secreto de su fabricación desde Egipto. También se incrementó la elaboración de copas y vasos de cristal, como ya he comentado antes, pero también se inician las técnicas del tallado del cristal y fabricación de recipientes puramente de cristal, como botellas y jarras, técnicas que siguen vigentes en la actualidad.


En cuanto a la estética Ziryab quiere que la corte cordobesa adquiera la sofisticación de las grandes cortes orientales. En connivencia con Abderramán II, funda una «casa de la belleza» y aplicará todos sus conocimientos para el ensalce de la figura y belleza personal. Pone de moda hasta el corte de pelo, donde las mujeres recortarán su melena para mostrar la nuca, algo insólito en la época, y los hombres afeitarán sus barbas y se dejarán un flequillo a su pelo bien recortado y con la raya en medio. El perfume será una parte importante tras la higiene corporal, además de la bucal, con la introducción de gomas con sabores para mascar y limpiar los dientes.


Un invento crucial para la difusión de la cultura en Al Ándalus fue el papel. A mediados del siglo XII se exportaba papel a toda Europa fabricado en los molinos papeleros de Xátiva (Valencia). Pero el papel en Al Ándalus se introdujo siglos antes. Se considera el Misal Mozárabe de 1036, custodiado en el Monasterio de Santo Domingo de Silos, como la muestra de papel más antiguo de Europa, pero en la misma Xátiva (documentado desde 1056), Toledo y en Córdoba se elaboraba papel artesanalmente desde el siglo IX al menos. Los primeros libros en este formato comenzaron a llegar desde Bagdad, El Cairo y Fez a finales del siglo VIII, así como su secreto para fabricarlo. El papel revolucionó la cultura andalusí, haciendola más «asequible» para las clases populares, de manera que se fomentó la apertura de almadrabas en todas las poblaciones que mantuvieran grandes mezquitas. Aunque los materiales para su elaboración se han ido sustituyendo, el proceso de prensado y secado no ha variado en más de mil años. La Biblioteca de Córdoba en el siglo IX fue con creces la mayor de Europa, estimándose en más de 400.000 libros.


Al menos el 8 % de la lengua castellana posee palabras de origen árabe. Eso supone como unos 4.000 vocablos. En las lenguas aragonesa, catalana, valenciana y baleares, superan dicha cifra, estimándose en un 10 % al menos. No existe en Europa una lengua con tantos arabismos. Numerosos vocablos de origen árabe tienen como referencia la cultura ecuestre hispano-árabe, pues la cría del caballo era fundamental en la época andalusí. El dominio de este arte otorgaba una ventaja clara en la guerra. Se sabe que en los momentos de paz, la nobleza y militares practicaban deportes ecuestres, como el polo, venido de Persia y la India. El nacimiento de la raza equina hispano-árabe sería la culminación de esta dedicada crianza del caballo, una raza valorada en todo el mundo. Los andalusíes incorporaron todas las innovaciones para la doma y conducción del caballo, como los estribos del Norte de África en el siglo VIII, nuevas bridas y la precursora de la silla de montar.


Mucho del carácter español y de su folclore está heredado de Al Ándalus, su carácter festivo, hospitalario, alegre y divertido, su gracia al hablar casi de forma poética y de celebrar los eventos con música y pólvora, tan llamativamente como se hace en la zona levantina. La Literatura de nuestras lenguas romances están claramente influenciadas por los cuentos y poesía hispano-árabe. Nuestra manera de comportarnos y presentarnos en sociedad proviene de una educación andalusí, completamente distinta a la «bárbara» cristiana europea y que ésta fue refinando y adoptando poco a poco desde la época del Renacimiento. El legado andalusí está arraigado más profundamente en nosotros de lo que creemos, porque sigue vivo en numerosas costumbres españolas y portuguesas, y por extensión, a Latinoamérica y otras zonas con influencias hispanas.

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