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Ya hemos visto en un post anterior que los conocimientos científicos en Al-Ándalus estaban a la vanguardia en Occidente. Para aplicar estos conocimientos en los campos de la Ingeniería, Agricultura, Navegación y Arquitectura principalmente, los andalusíes recopilaron todo el saber matemático y astronómico de los antiguos, sobre todo del mundo greco-romano e hindú, para luego desarrollar nuevas formulaciones, respetando lo que consideraron correcto. El punto de partida más importante fue incorporar los sistemas decimal (la aparición del 0) y sexagesimal (número 60: 360º de circunferencia, segundos y minutos, etc), para desechar los antiguos métodos por insuficientes, un hecho que cambiará para siempre el mundo científico.

Tras la conquista de Hispania y sometimiento a las leyes islámicas, los andalusíes comenzaron a abrir almadrabas en las mezquitas e interesarse por la cultura en general. Durante el siglo IX principalmente, fueron trayendo a la Península todos los libros que pudieron de Oriente Medio, y numerosos estudiantes continuaron con su sed de sabiduría para convertirse en grandes especialistas, cada uno en su campo. En el siglo siguiente, el X, comenzaría a dar fruto tal interés por la Ciencia. Las pequeñas almadrabas de algunas medinas se convirtieron en grandes centros de enseñanza, preámbulo de las universidades. Toledo no sólo desarrolló un centro para el conocimiento de las lenguas y las artes, también fue un importante centro para las Matemáticas y la Astronomía. Estas dos ramas científicas estaban tan unidas como hoy en día lo están la Física y las Matemáticas.

En esta Toledo, ya con tradición centenaria estudiantil, nació en el año 1028 la figura de Arzaquiel (Abū Isḥāq Ibrāhīm ibn Yaḥyā al-Naqqāsh az-Zarqālī), hombre que vivió la conquista castellana en 1085, terminando sus días en la medina de Sevilla en 1087. A este personaje debemos la invención de distintos instrumentos de medición y la evolución de otros, más capaces para la Navegación y Topografía, teniendo como referencia a los astros o cualquier punto de coordenada. Más adelante realizó, junto a un grupo de aprendices y colaboradores, las Tablas Astronómicas de Toledo, tan fiables en sus predicciones que se han seguido utilizado en pleno siglo XIX, a pesar de que otros matemáticos de mayor reputación realizasen las suyas.

Arzaquiel comenzó en su juventud como orfebre y se hizo pronto famoso por su dominio sobre los metales. Sus trabajos eran tan finos que los científicos, sobre todo de la judería, le encargaron astrolabios y otros instrumentos de precisión. Este toledano andalusí, autodidacta, se atrevió a mejorar dichos instrumentos, desarrollando otros nuevos, como la azafea que, para sorpresa de los maestros, podía computar analógicamente las observaciones desde cualquier latitud terrestre. Un cráter de la Luna lleva el nombre de este sabio andalusí, pues es uno de los mejores astrónomos de toda la Historia.

La importancia del 0 toma en Al-Ándalus una nueva dimensión. Desde el siglo VIII en la India hasta su incorporación en las Matemáticas del mundo árabe de siglos posteriores, era más bien un símbolo que otro número en sí, y no merecía considerarlo en las operaciones matemáticas. Sería en Persia e inmediatamente después en Al-Ándalus cuando los matemáticos descubrieron su utilidad, sobre todo en las ecuaciones y en un nuevo mundo matemático que se abrió: el algoritmo (también coseno, tangente, y otros conceptos trigonométricos), que viene del mismo nombre de su creador, el persa Al-juarismi o Al-gorithmi, matemático de Bagdad del siglo IX. A eso debemos sumar la “posición” de los números, pues ahora será determinante para conseguir unas Matemáticas Exactas. El matemático pisano Fibonacci “convenció” a los europeos cristianos del siglo XIII para que adoptasen esta nueva forma de asimilar los números, algo que en Al-Ándalus se tenía como costumbre desde siglos antes.

Este conocimiento sobre una nueva manera de concebir los números derivó en una ciencia matemática apasionante que los musulmanes llamaron álgebra. Cualquier problema donde se necesite un cálculo está sometido a esta ciencia. Hoy en día seguimos rigiendo nuestro mundo tecnológico mediante el álgebra. La aplicación de estas nuevas matemáticas tuvieron una gran repercusión en el trazado de mapas, siendo en Al-Ándalus cada día más precisos, para dejar de ser meramente descriptivos. A partir del siglo XIII empiezan a verse trabajos topográficos de calidad sobre papel. La figura de Al-Idrisi sería fundamental en esta rama de la Ciencia.

El Idrisi (Abū Abd Allāh Muhammad al-Idrīsī), nació en Ceuta en 1100 y pertenecía a una familia noble de Málaga (huída tras la conquista granadina de 1057). Falleció en el año 1165 tras una vida viajera y de estudios continuados en la Geografía, Botánica e Historia en general. Probablemente se trate del primer egiptólogo de la Europa Occidental y en la Edad Media. Por encargo del rey de Sicilia, realizó un viaje de 16 años con el fin de plasmar un “mapa-mundi”, pero entregó más bien un “atlas” completo, donde se puede seguir con más precisión cada territorio visitado. Su mapa-mundi general de final de obra sorprende por su forma esférica (más bien circular), cuando se creía en Europa que la tierra era plana. El formato de Al-Idrisi se sigue utilizando en la actualidad para plasmar los atlas modernos en papel.

A finales del siglo XIII llega a Al-Ándalus la brújula. Venida probablemente de China, su forma más rudimentaria sería un tazón o vasija de boca ancha lleno de agua con un pez de magnetita flotando y que siempre encaraba al Norte. En Al-Ándalus se mejoró el mecanismo para poder situarse sin ayuda de las estrellas. Todos estos nuevos instrumentos y la aplicación matemática con un sistema más exacto revolucionaron otras ramas, como la Navegación, Ingeniería y Agronomía, confección de mapas, calendarios más precisos, etc. Del mismo modo que nuestra primera figura científica descrita, Arzaquiel,  es el primer astrónomo en la Historia que describe un movimiento elíptico y no circular (Mercurio) de un planeta, en Al-Ándalus se sucedieron los pioneros en todas las artes y las ciencias durante una Edad Media europea “atrasada” y que iluminó durante casi 8 siglos la Península Ibérica.

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