Gordos, flacos, ciegos, desmembrados, tetrapléjicos, lesbianas, homosexuales, psicópatas, sociópatas, agorafóbicos, sordos, pirómanos, con síndrome de Down, desdentados, disléxicos, daltónicos, con vértigo, anoréxicas, bulímicas, retrasados mentales, zurdos, hipocondríacos, vegetarianos y veganos, culturistas, fumadores, ludópatas, alcohólicos, dementes seniles, con alzheimer, racistas, sexistas, paralíticos cerebrales, violentos, trastornados obsesivos compulsivos (TOC), incultos, trastornados por los videojuegos, hipersexuales, adictos al smartphone, pedófilos, drogadictos, deportistas extremos, autistas, albinos, con síndrome de Diógenes, endogámicos, patosos, de higiene descuidada, miopes, gigantes, enanos, feos, estériles, operados, suicidas y deprimidos en general.

Con más de seis mil millones de personas sobre la tierra, hablar de “normalidad” sin tener en cuenta las características del primer párrafo, supone un error conceptual y matemático garrafal. La “normalidad” actual cuenta con personas que siguen alguna o varias de las características indicadas. De hecho, hasta creo que alguien “normal” sin alguna de ellas, sería imposible o muy difícil de localizar. La inmensa mayoría de ídolos que admiramos se suicidaron y/o se retocaron su aspecto físico para mostrar una estética mejorada según las modas. ¿Quiere esto decir que los seres humanos no somos complejos sino enfermos, como decía Moebius?

Los seres humanos sufrimos “fallos” físicos y psicológicos congénitos o accidentales prácticamente en la totalidad, aunque unos son más graves que otros, es decir, algunos impiden una vida “corriente”, y otros se asumen como nuestra cruz que Dios nos hace cargar y son apenas perceptibles a simple vista por los demás, sobre todo las enfermedades mentales. Viendo el panorama, hasta podríamos decir que lo único que nos distancia de los demás primates es la tecnología, pues en la conducta no hemos mejorado nada en millones de años. A la vista está que seguimos con nuestro rol belicoso y violento de siempre.

La lista de “condicionamientos humanos” del principio favorece el concepto decimonónico de los políticos para tratar a la masa como a niños de primaria, además con toda la razón, porque hasta los intelectuales se convierten en seres condicionados y pertenecientes a la masa. Los intelectuales nos han dejado innumerables pistas de cómo mejorar, de cómo llegar a ser libres del despotismo de unos cuantos sobre los demás, pero solamente llegamos a aplaudir durante unos minutos para continuar, inmediatamente después, nuestro sendero esclavizados, más cultos, más sabios, pero lo mismo de imbéciles e inmaduros, impotentes para liderar una verdadera revolución que transforme al ser humano en un ente superior y evolucionado, en ese “súper-hombre” del que nos habló Nietzsche. Muy a pesar mío, estamos todavía en la fase aristotélica de buscar el término medio entre gordo y flaco, llevamos estancados desde hace 25 siglos, sin observar ninguna mejora en nuestra mentalidad.

Cuando digo “evolucionado” significa “mejorado”, es decir, que el ser humano alcanza por fin el valor que le corresponde. Actualmente, tanto la mujer como el hombre no tienen valor. Cualquier político del mundo puede mandar matarse a millones de personas entre ellas al precio de una bala por unidad. Así ha sido siempre, y siempre las revoluciones que han intentado cambiar nuestro concepto violento de existencia ha fracasado. Debemos analizar las cosas como son y no como los medios y los políticos nos quieren hacer creer. La lista del comienzo de este escrito es cierta, y los políticos nunca cambiarán la tendencia.

Hubo un intelectual que pudo resultar más o menos simpático, llamado Fernando Fernán Gómez, por cierto, amigo de fiesta de mi padre por un día en Roma, que antes de morir, por el 2006, dejó un escrito inédito en el que decía (resumiendo): “ la solución no pasa por los políticos, sino por la ética”. Resulta una respuesta muy platónica, pero bien cierta, porque sólo algo abstracto como la ética puede conseguir algo tan abstracto como la libertad. Si tenemos en cuenta que nuestra normalidad está reflejada en el primer párrafo de este artículo, no podemos esperar otra cosa que lo merecido, como decía Pepe Ortega y Gasset («nuestro Gobierno refleja a las personas que representa»). Mientras el ser humano deba luchar por el reconocimiento de su condición humana, mientras dejemos en manos de los políticos nuestro futuro, seres que también debemos incluir en el primer párrafo, olvidémonos de mejorar, olvidémonos de conseguir la Libertad ansiada.

Para finalizar, debo confesar que sigo al menos cinco de las características del primer párrafo. Soy miope, llevo prótesis dental, fumador, soy flaco y feo. Pero al elegir vivir en convivencia, con personas imperfectas como yo, con los demás, procuro aportar mi granito de arena con mi trabajo y dedicación de la manera más pacífica posible. En este punto estriba el éxito de nuestro destino: una convivencia pacífica, una solución que daría por fin el salto de la humanidad para ser otra cosa distinta, una evolución mejorada para separarnos de nuestra peor característica como humanos: la de no saber convivir con el prójimo. Vive y deja vivir.

César Metonio

 

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