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Tenemos por sentado que las ciudades medievales en general y las del mundo islámico en particular, eran un conglomerado de casas sin orden ni concierto que se aglutinaban en torno a un laberinto de callejuelas. Bien es cierto que la inmensa mayoría terminaban siendo así, pero en el Al-Ándalus de hace mil años podíamos encontrar ciudades de nueva planta planificadas (como Murcia y Almería) con anchas avenidas y espacios verdes más otros dedicados a la salud pública y otros espacios monumentales, tal y como se siguieron planificando hasta bien entrado el siglo XX.

Las ciudades andalusíes de nueva planta solían comenzar rodeando una alcazaba o fortaleza militar erigida en un promontorio, desde donde se podía dominar un valle o la costa. Tenemos varios ejemplos de yacimientos arqueológicos con ciudades erigidas y abandonadas en tiempo andalusí, como Medina Vascos, donde podemos observar que se levantaron las viviendas aprovechando al máximo las irregularidades del suelo rocoso. Así tenemos por numerosas localidades suficientes ejemplos del ingenio y habilidad constructora de los hispano-árabes. Podemos asegurar que los estilos urbanísticos se heredaron del mundo greco-romano, que sabían planificar grandes ciudades y también concentrar sobre una montaña villas alrededor de fortalezas, que a su vez podía rodearse por muralla. La religión islámica introdujo elementos arquitectónicos y características que, unidos a las autóctonas, se convirtieron en un estilo propio andalusí, más tarde  llamado Mudéjar.

Los materiales para la construcción, como en todas las culturas y civilizaciones, se basaban en la piedra para las construcciones militares, grandes obras públicas y monumentales, así como religiosas. También se usó la piedra para la construcción de palacios y viviendas de potentados, incluyendo el ladrillo, techos de teja árabe (la que se sigue utilizando y tiene forma curvada) y la cerámica vidriada o esmaltada (manisa-azulejo) para los revestimientos más lujosos. Para las casas más modestas se usaba el ladrillo de adobe y los enlucidos con yeso o cal, así como techos de cañizo cubiertos con mortero, por regla general.

La distribución y decoración de las viviendas y muchas construcciones actuales tienen un origen andalusí. En nuestro suelo se unieron las influencias del mundo bizantino y oriental con el visigótico o mozárabe, así vemos que una vivienda de tipo medio, siempre estará centrada por un patio central (muchas veces con pozo de agua propia), rodeado por pasillos y galerías que desembocan en los dormitorios y estancias. (El pasillo era desconocido en la Europa Cristiana).Tenemos balcones enrejados, ventanas que dan al patio, pero pocas o ninguna hacia la calle, al exterior, ya que el Corán prohíbe construir ventanas frente a la del vecino y viceversa. Del mismo modo, se construían puertas de acceso de menor tamaño articuladas en la puerta principal (portillo) para que la gente de la calle no pudiese ver el interior y la intimidad de las viviendas a simple vista. Fue un recurso sino inventado por los musulmanes, muy aplicado en Al-Ándalus y del que quedan algunos restos conservados. Seguidamente a la puerta principal, encontrábamos otro elemento muy andalusí, como era el zaguán, todo en función de preservar la intimidad interior. De modo que hallábamos en la parte más recóndita de la construcción el harén, que no era otra estancia que la parte donde se alojaban las mujeres y sus bebés. Su protección y cuidado fue dando la forma arquitectónica a la vivienda musulmana.

En este detalle me detengo. Los musulmanes todo lo medían con el Corán, incluido el “Derecho Urbanístico”, llamado de finā, de modo que cada propietario se acogía a sus necesidades familiares y aumentaba el tamaño de su vivienda a medida que aumentaba el número de hijos. Como dicho derecho le permitía construir en suelo público, las antaño calles se fueron convirtiendo en callejuelas a medida que se construía de más, hasta el punto de existir tramos donde apenas podía pasar una sola persona e incluso se tapiaba para convertirlo en callejón sin salida. Ese fue el motivo principal en Al-Ándalus de la existencia de verdaderos laberintos estrechos en sus medinas. El balcón saledizo no es más que otro elemento “invasor” del espacio público para ganar espacio en la vivienda.

La figura de Abderramán III (Abd al-Rahmán ibn Muhámmad​) sería fundamental para la Al-Ándalus constructora. Este primer califa omeya de Córdoba desarrolló el urbanismo del siglo X en la Península, fundando ciudades como Almería, por ejemplo. Uno de sus primeros proyectos fue ampliar la grandiosa Mezquita de Córdoba a la penúltima extensión que se acometió (su descendiente realizaría la última), para que alcanzase el grado de “mayor del Mediterráneo”. En esta gran mezquita podemos observar numerosos arcos de herradura, uno de los elementos fundamentales de la arquitectura andalusí. También observamos esa alternancia de colores entre el rojo del ladrillo y la caliza blanca, típica de la época. También se importa la costumbre bizantina del mosaico para la decoración, aunque no fue abundante en las capas medias y bajas de la sociedad.

El agua es fundamental para la cultura andalusí, y hasta el Corán obliga a la instalación de acueductos y fuentes públicas en sus ciudades, de modo que se construirán bajo el mandato de Abderramán III numerosos aljibes (incluso en la Mezquita de Córdoba) y fuentes públicas por toda Al-Ándalus, así como baños públicos en las mayores concentraciones poblacionales.

La Córdoba de hace mil años era mayor en extensión que la actual. Se calcula que la habitaban alrededor de 350.000 habitantes y estaba provista de todas las infraestructuras “dignas” de una capital omeya, incluido su acueducto romano que fue rehabilitado y ampliado. Era el asombro para la Europa de la época, cuando muy pocas ciudades sobrepasaban los 30.000 habitantes. Llegó a tener ochenta colegios, más de cuatrocientas mezquitas, cuatro mil comercios y unos seiscientos baños públicos. Solamente las ciudades orientales de Bagdad o El Cairo se aproximaban por su número de habitantes pero, además, su urbanismo y cultura cosmopolita (tres culturas) era la envidia incluso para dichas grandes capitales, gracias en parte a la intervención de Abderramán III.

Pero este personaje histórico no se conformó con dotar a su capital de todos los avances en ingeniería aplicados al urbanismo. No se conformó con planificar ciudades de nueva planta. Abderramán III ordenó la construcción de Medina Azahara en el año 936, un complejo palatino, con su ciudad, de una grandiosidad sin precedentes. Hoy en día declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, es también el yacimiento arqueológico más vasto del mundo, con más de 112 Ha. Abderramán III quería representar el “Paraíso en la Tierra” y consiguió una de las maravillas de la Humanidad, aunque sólo durase seis décadas, ya que fue destruido por los bereberes entre 1010 y 1013.

A falta de un arte pictórico que representara la figura humana, ya que el Corán no lo permitía, los artistas andalusíes fueron magníficos orfebres de la filigrana y los dibujos geométricos. Los estucos, los revestimientos cerámicos y las decoraciones para sus construcciones, sobre todo palaciegas y religiosas, llegaron a un refinamiento que rozaba la perfección. A falta de poder representar al ser humano, el interés por la Literatura fue mucho más profunda que en épocas precedentes. Prodigaron centenares de poetas y poetisas, cuenta cuentos y narradores por todo el ámbito andalusí, muchas veces acompañados de música. El placer para los musulmanes de la época era sinónimo de cultura. En obras como “El Collar de la Paloma”, encontramos reflejada a la sociedad cordobesa del siglo XI. Podemos asegurar sin temor a exagerar, que la literatura de las lenguas romances hispánicas se nutrirán y mucho del legado cultural andalusí.

La letra escrita tomará una relevancia capital en Al-Ándalus, de modo que las epigrafías formarán parte de los elementos arquitectónicos y también en las decoraciones de los interiores de las viviendas y salones públicos. Los palacios de La Alhambra de Granada son claros ejemplos de este tipo de arquitectura que embelleció cada rincón de la Península, con columnas y arcos de herradura embellecidos, no solo con motivos vegetales y geométricos, sino con la misma palabra escrita de manera artística. En la misma Alhambra podemos encontrar la fusión de todas las culturas que pasaron por la Península, desembocando en el estilo Mudéjar, que toma elementos de todas ellas para convertirse en única. El ejemplo más conocido es el Palacio de Los Leones, uno de los más conocidos y visitados del mundo.

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