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El pasado 28 de enero del presente 2022 se presentaba al público, en el Museo Belvedere de Viena, la exposición “Dalí-Freud Una Obsesión”. Para el acto se contó con la visita de los Reyes de España. Se puede visitar esta exhibición de obras, documentos y manuscritos hasta el día 29 de Mayo, aunque dada su repercusión mediática, no sería de extrañar que se alargara por un tiempo más.

He leído numerosos artículos sobre aquel encuentro mítico entre el gran pintor y el padre del Psicoanálisis, y me han parecido todos enfocados al perfil del pintor, sin conocer demasiado la figura del gran psiquiatra. Ese análisis incompleto de dos genios hace que el protagonismo se decante por las simpatías o antipatías hacia Dalí, olvidando que Freud también fue un excéntrico, aunque de manera menos ostensible que el español.

El testigo, que además medió para que se realizase el encuentro de aquella reunión, convertida en sesión de Retrato, fue Stefan Zweig, en mi opinión, uno de los más grandes biógrafos. Gracias a sus trabajos podemos conocer con cierta profundidad la vida y obra de numerosos personajes destacados de la Historia. Yo leí la dedicada a Balzac y es realmente una labor de investigación impresionante. Así que en dicha reunión “patrocinada” por Stefan Zweig (que se suicidó cuatro años después), Salvador Dalí, Sigmund Freud (fallecido al año siguiente) y el mecenas (poeta, cuyos rumores le situaban como hijo bastardo de Eduardo VII) Edward James, se vieron en julio de 1938 en Londres, vemos representados cuatro áreas de las artes y de las ciencias europeas, dos de ellos, los conocidos personajes universales.

Se habló y se sigue comentando sobre la “obsesión” de Dalí por “encasillar” su Surrealismo en una base científica, y que sería tras la lectura de “La interpretación de los sueños” y sus trabajos de “introducción al Psicoanálisis” de Freud, cuando vio su arte reflejado en palabras definitorias, y que por eso se obsesionó por estos trabajos y su autor. De hecho, un año antes, en 1937 intentó conocerle en Viena, sin obtener resultado.

Debemos tener en cuenta que tres jóvenes, en la flor de la vida y de la creatividad, se entrevistaban con un anciano de 82 años y con muy pocas ganas de debatir sobre la profundidad de la mente, mucho menos con tres jóvenes artistas eufóricos. Y es que Freud ni siquiera se mostró interesado en todas las ideas “peregrinas” de aquellos atolondrados. La verdad fue que se interesó por la nacionalidad de Dalí, y de una guerra civil salvaje que asombraba a Europa, con la incertidumbre creciente por una ocupación del Nacismo y lo que representaba en Austria y Alemania. De hecho, Stefan Zweig se obsesionó tanto con las reflexiones de su paisano, con el negro panorama que le transmitió el “sanador de mentes”, que terminó pensando que Europa y su cultura “moriría” a manos de Hitler, obsesionándose con esta idea hasta llevarle al suicidio.

Dalí le contó al psiquiatra las noticias que tenía de España, que no fueron muchas, de modo que Freud quedó insatisfecho. Como anciano refunfuñador, ni siquiera le agradó mucho el boceto que realizó el artista sobre su busto. ¿Pero qué interés pudo tener Freud sobre España y su cultura? Pues, en mi opinión, su interés fue total, algo que muy pocos biógrafos nos cuentan, y que sería trascendental para la carrera del padre del Psicoanálisis.

Casi todos nos preguntamos de dónde sacó Freud las ideas tan acertadas y “entendibles” sobre la Histeria, la Depresión y Represión, la vigilia y otros términos como “onírico”, consciente, inconsciente y subconsciente, y otras peculiaridades de la mente humana. Nadie o muy pocos conocen que el Freud veinteañero se quedó alucinado tras la lectura de “El Quijote”. Se obsesionó tanto con los personajes retratados por Cervantes, que quiso conocer con más exactitud la obra. Aprendió español escrito de manera autodidacta solamente para entender El Quijote en su lengua original. Esta obra lo introdujo al mundo del Psicoanálisis que desarrollaría a lo largo de su carrera.

Freud vio en la reunión a Dalí como un Quijote “medio trastornado por la euforia”, se hizo material aquella obra leída en su juventud, y hasta llegó a concluir que “visto a este español, no me extraña que hayan llegado a una guerra entre ellos”. Bueno, como dicen en mi tierra: “qué li diu el mort al degollat, quí ta fet eixe forat” (Le pregunta el muerto al degollado, quién te hizo esa herida). Creo que en Belvedere vemos el recuerdo no de uno, sino realmente de dos “obsesionados”, aunque Freud a menor nivel, pues con 82 años se le había pasado ya el arroz de la creatividad y quería más bien vivir tranquilo.

Probablemente, si Dalí y Freud hubiesen pertenecido a la misma generación, hablaríamos abiertamente de una corriente surrealista ”completa”. Pero no fue así. Que se quiera dar al encuentro ese choque cultural entre dos genios, me parece muy bien, pero no tuvo trascendencia más que en la imaginación de biógrafos y periodistas (para vender sus artículos). Quizás yo añadiría que fue más bien una decepción para ambos genios, que esperaban algo más del encuentro. De positivo surgió un gran retrato y las manifestaciones de ambos alagándose mutuamente para la galería. Para nosotros: otro punto de encuentro en el tiempo y el espacio: el Museo Belvedere, para intentar escudriñar en el alma del ser humano.

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