Antes que nada debo aclarar que qvo.es no viste ningún color político. Nuestros comentarios e información general intenta basarse en el sentido común, algo que rara vez resulta compatible con la praxis de los sujetos analizados, sea el Estado, partido político o gran empresa. Hemos llegado a un punto tan absurdo en nuestro estilo de vida, que hasta la calderilla que acumulamos en un cajón YA NO ES DINERO, todo bajo el beneplácito del Banco de España, único culpable de esta situación absurda y que beneficia a las grandes superficies comerciales y a bancos, que nos han acostumbrado a dejar de cambiar monedas por otras mayores para nuestra comodidad. Almacenar monedas pequeñas al fin y al cabo, resulta un ahorro más bien inútil. Bancos y comercios prefieren ser ellos los que se queden al fin con los billetes.

Tener acumuladas monedas de 1, 2 y 5 céntimos, resulta hasta fastidioso, simplemente porque los bancos decidieron que su tiempo es más valioso que echarlas a una máquina y cambiar por euros o billetes al cliente eventual. Pero han llegado más lejos: aunque se tenga una cuenta corriente, debes entregar la calderilla contada en una bolsa especial y “ya ellos te lo ingresarán” en dicha cuenta varios días después. Con las monedas de 10, 20 y 50 céntimos resulta algo más fácil cambiar por billetes, pero es lo normal encontrar comercios que no cambian, a menos que compres algo, quedándote las monedas que no emplees para dicha compra. Los bancos no te cambian ni las monedas grandes, da lo mismo que te quejes ni reclames al Banco de España, porque éste de “español” solamente tiene el nombre.

“pues vete al Banco de España y que te cambien”. Bueno, eso si existe dicha institución en tu ciudad, porque ni siquiera todas las capitales de provincia tienen oficina. Y aunque exista en tu ciudad, tampoco te cambiarán la calderilla así como así. Tampoco quieren “perder el tiempo” echando las monedas a una máquina y darte euros, a menos que se trate de una gran transacción de centenares o miles de euros, es decir, muchos kilos de monedas.

Con tantos miles de euros parados, porque ya nos da hasta pereza intentar cambiar la calderilla, acumulándose en cajones y otros variados recipientes, resulta que las grandes superficies comerciales te admiten toda la calderilla que desees cambiar, aunque la máquina que efectúa dicho cambio se quedará con el 10 % de la cantidad total. ¿Cómo? ¿De algo que debería ser facilitado por el Banco de España, según la Constitución, como es la libre circulación de la Moneda, facilitando éste obligadamente su cambio a cualquier ciudadano sin excepción, hemos pasado a tener que pagar por el cambio? ¿Pero estamos tontos o qué? Pagamos todos los españoles no sólo al Banco de España para que nos SIRVA, con la obligación que viene intrínseca a todos esos funcionarios, sino que permite (por pereza) que se haga negocio con la libre circulación de moneda.

A principios del siglo XX José Ortega y Gasset criticaba con dureza al funcionariado porque “cuanto menos trabajo hacen menos quieren hacer”. Esa consigna nos ha llevado a un funcionario lleno de dejadez y que he podido comprobar en todas las instituciones donde este tipo de trabajador está empleado. He ido a la Inspección de Estudios y no he hallado inspectores. He ido a Inspección de Sanidad, Médico, Laboral, etc., y no he encontrado inspectores. He visto ejércitos de funcionarios sentados en escritorios que no solucionan nada, simplemente te envían a otro lugar donde se siente otro funcionario. He ido al Banco de España y estaba cerrado en horario laboral, sin ningún cartel informativo, y si llamas al timbre, alguien te manda a tomar viento o simplemente cierra el telefonillo sin responder. Nadie sabe cuántos funcionarios tiene en nómina el Estado (dicen que más de 3.2 millones), pero si te urge algún problema, te resultará difícil encontrar alguno que te sepa ayudar, o debería decir “le apetezca ayudarte”. Será como jugar a la lotería, pues siempre encontrarás algún funcionario diligente y trabajador, el que realmente mueve ese aparato inmenso y al que nadie pone una medalla ni se acuerdan de él cuando se jubila.

Creo que la cuestión de la calderilla no es un tema vano, pues mirado con sentido común y quizás también con la Ley (interna del Banco de España y el Código Civil) y la Constitución, no se debería permitir hacer negocio por mala praxis y pereza de los funcionarios y empleados, o para que los bancos ahorren personal. Comparados con los tiempos de Ortega y Gasset, nuestros funcionarios de ahora sólo les falta trabajar desde la cama de sus casas, pues me consta que con Internet, muchos ni siquiera necesitan desplazarse a sus puestos de trabajo. ¿Qué será lo siguiente? Claro, mientras no se eleve ninguna queja al Tribunal de Bruselas, la cosa irá empeorando, pero por otra parte ¿quién se molesta por un kilo o dos de monedas de 1, 2 y 5 céntimos?

En España el negocio es descarado y sin un control legal, pues no está establecido en ninguna normativa que la máquina cambiadora pueda cargar un porcentaje por su servicio de cambio, sea cual sea. Si miramos en Estados Unidos, por ejemplo, casi todos los bancos y grandes superficies comerciales instalan estas máquinas contadoras que, al no poder cargar por Ley ningún porcentaje de beneficios, directamente «roban» al cliente al contar, algo que podemos comprobar en el vídeo que os comparto. La cuestión es «aprovecharse del prójimo».

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