Solamente si se tiene una edad de alrededor de los 50 años puede uno recordar aquella figura entrañable del sereno, un agente uniformado que entraba en servicio al anochecer y se retiraba a la mañana siguiente, vigilaba la calle durante nuestras horas de sueño, sin pertenecer a la Policía, y custodiaba las llaves de todos los portales y locales cerrados, sin ser Juez. Era un hombre honrado, mayormente agradable, al que todos los vecinos conocían y confiaban, y que dos veces al año (aguinaldo y en el mes de junio) agasajaban con regalos y pagas “extras”, en agradecimiento por sus servicios de incalculable valor para la Comunidad.

 

De la noche a la mañana nuestra “Democracia”, entre los años 1976 y 1977,  despidió a estos funcionarios del mismo modo que desaparecieron los manicomios y otros “símbolos” del Antiguo Régimen. Precisamente se despidieron a los serenos por que los políticos lo relacionaban con el Franquismo y suponían en las grandes ciudades un gran gasto (que ellos querían aprovechar para otros menesteres). La retirada de estos guardianes nocturnos supuso por el contrario una escalada de los delitos sin precedentes, teniendo los políticos municipales, que aumentar el número de miembros de los Cuerpos de Seguridad y crear una Policía específica nocturna, tanto Municipal como Nacional (092). Pero antes de seguir por este camino de la crítica, ¿qué origen tiene esta figura del sereno en España?

Si buscamos en la Wikipedia al sereno, nos cuenta que se tiene referencia de ellos al menos desde 1715, que en 1765 se crea el primer Cuerpo de Serenos (al parecer en Madrid y según el cronista Pedro Felipe Monlau, que lo escribió en 1850) y que se incluyen en un Real Decreto de 1834 para regular sus funciones. La última fecha me parece correcta, pero no tanto las primeras, ya que en la wiki no se especifican las fuentes consultadas. Existe un matiz diferenciador en estos inicios del siglo XVIII que creo confunde a los faroleros con los serenos y por eso en la wiki no se aclara demasiado un origen concreto. Los faroleros se encargan de iluminar las calles y muy posiblemente fueron los primeros en gritar: “¡las nueve y sereno!”, pero no eran serenos propiamente dicho. En el siglo XIX se unificaron en una misma persona los oficios de farolero con el del “nuevo sereno”, y por ello se necesitó una regulación que terminó en Real Decreto en 1834, curiosamente en paralelo al nacimiento de la Guardia Civil una década después. Lo que está claro es que ni uno ni otro cuerpo son “creaciones franquistas”.

Estoy convencido de que el oficio de farolero es mucho más antiguo que la fecha dada de 1715, fuese pagada por el municipio o por particulares de una calle o barriada, pero sus funciones estaban más bien limitadas, aunque pudieron ampliarse conforme las necesidades urbanas crecían. Pero para el sereno poseemos una documentación comprobada que fundamenta el oficio desde la perspectiva de la vigilancia y custodia, además llena de sentido común y en un lugar donde este tipo de tradiciones se han mantenido desde la Edad Media. Se trata de la ciudad de Valencia, donde todavía se conserva el Tribunal de les Aigües, la institución de Justicia más antigua de Europa y quizás del mundo, cuyo origen se remonta a época andalusí, aunque muchos historiadores se inclinan por un origen tardo-romano. Si observamos su estructura, al menos a mí me parece más probable dicho origen romano que árabe.

Las Fallas de Valencia llegaron al siglo XVIII con unas necesidades estructurales muy similares a la actualidad. Se montaban en las calles barracas y monumentos y en la mayoría de los casos, se guardaban muebles, enseres y provisiones para el día a día de las celebraciones. Los consejos festeros encomendaban a un hombre de confianza para vigilar por las noches dichas estructuras. Muchas veces se turnaban los mismos festeros en esta penosa labor, pero otras se pagaba a un vigilante por el trabajo. Esto ocurrió desde que los monumentos se transformaron en “objetos artísticos” y se depositaban cosas de valor en las barracas de fiesta. En 1777 el alcalde de la ciudad, don Joaquín Fos, creó el primer Cuerpo de Serenos, curiosamente por emplear a los pirotécnicos que, a causa de la prohibición Real, dejaron de fabricar petardos y otros fuegos artificiales aquel año. La función de vigilancia de dichos empleados sería tan satisfactoria, que no sólo se consolidó en la ciudad, sino que se crearon en adelante cuerpos homólogos en las demás ciudades españolas y americanas. Poco a poco los faroleros fueron desapareciendo para fusionarse en serenos durante el XIX, cuya función ahora si, abarcaba la vigilancia, iluminación y custodia de las calles encomendadas. En el siglo XX se uniformaron ya de forma más “marcial” y se puso máximo interés en esa persona de confianza, a la que incluso se le entregaba las llaves de tu casa para que regase las plantas en tu ausencia. En dicho siglo XX, más del 60 % de los serenos de Madrid eran de origen gallego, pero también eran habituales en otras ciudades españolas, señal de que a los gallegos se les ha tenido desde siempre como personas honradas y cumplidoras.

En nuestra jerga coloquial quedan resquicios de este oficio en frases como “tomar por el pito del sereno”, debido a que en su equipamiento disponían de un silbato para casos de emergencia y poder comunicarse entre ellos y con la Policía. También ha quedado mucho rastro de estos entrañables personajes en el Cine, en Documentales y el mundo gráfico de la Fotografia. Gracias a su labor, cualquier niño podía jugar tranquilo en la calle hasta las 22:00, no volverse locos si perdíamos la llave de casa y los cacos lo tenían más difícil a la hora de pretender desvalijarnos, fuese a nosotros mismos o a las viviendas y comercios.

La ciudad de Gijón, Santa Coloma del Gramanet y el barrio de Chamberí de Madrid han recuperado la figura del sereno en sus calles en este siglo XXI. Son ejemplos de comunidad de vecinos que por iniciativa propia lo han recuperado y municipio moderno que observa más ventajas que inconvenientes en el caso de Gijón y Santa Coloma. El perfil del sereno en este siglo está mucho más preparado que el que funcionó durante dos siglos exactos (1777-1977). Equipado con dispositivos de comunicaciones inalámbricos y GPS, con uniformes fosforescentes y llaves maestras, el nuevo sereno será otra vez esa persona de confianza que nos devuelva la tranquilidad en nuestras calles mientras dormimos, aunque su origen parta del bullicio y la fiesta de las Fallas de Valencia.

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