Para que algo o alguien se convierta en mítico debe poseer al menos tres características: que sea mundialmente famoso, una vida breve pero intensa, y que marque un antes y un después tras su aparición en el campo donde se desarrolle. El Studio 54 de Nueva York sigue dichas premisas y por eso se ha convertido en una mítica discoteca que nunca más se ha igualado, pues hasta la presente fecha, todos los empresarios dedicados a la vida nocturna, han intentado imitar aquel éxito, que supuso para el mundo de la música y del espectáculo en general, un formato o diseño que ha llegado hasta nuestros días, pero nunca se ha conseguido un glamour comparable.

Steve Rubell e Ian Schraiger eran dos socios que, aunque jóvenes, tenían experiencia en la apertura de restaurantes. En 1976 acordaron fundar un club nocturno que “rompiera” con las ya monótonas noches neoyorquinas y buscaron un local donde dar rienda suelta a su imaginación: libertad sexual, donde todos los heterosexuales y homosexuales convivieran sin barreras por y para la música (Rubell era homosexual declarado y Schraiger hetero), el alcohol y las drogas nunca faltase, y que el ambiente festivo y de baile nunca parara, eligiendo una lista de temas bailables acorde al momento Funky de finales de los 70s y al incipiente (primeros intentos) del sonido Electrónico y House que triunfará en los 80s.

El espíritu de la fiesta trataba de “celebrar” que los Estados Unidos ya no tenían que sufrir más por interminables guerras ni disturbios sociales, de modo que llegaba ya la hora de dar rienda suelta al “amor libre” que tanto se había fomentado en esa última década.

El local pertenece a un edifico construido en 1927 que se encuentra en la calle 54 de Broadway. Se decoró a base de neón y un láser que configuraba una media luna con cara de hombre que, moviéndose cual péndulo, emulaba esnifar cocaína. Luces rojas para identificar la barra y decenas de luces de colores para conseguir efectos psicodélicos sobre la pista y otros lugares del local. Numerosos reservados para gente VIP. Sólo hacía falta invitar a algunos famosos para promocionarlo. Así que el 26 de Abril de 1977, ante una multitud de conocidos empresarios, modelos, actores y artistas en general, se inauguraba la discoteca más famosa de todos los tiempos. Sólo cabían unas 1000 personas (en su máximo aforo), así que quedaron sin poder participar de la primicia personajes tan carismáticos como Woody Allen, Frank Sinatra, Warren Beatty y Cher, entre otros famosos, que de manera inaudita se convirtieron aquella noche en unos “VIPS desacreditados”.

La ciudad de Nueva York es desde hace más de un siglo el escaparate universal para las artes. Salvo pocas excepciones donde París y Londres han protagonizado “momentos estelares”, sobre todo en lo que se refiere a la Moda y a ciertos estilos artísticos en la Arquitectura, Pintura y a los vestidos de hombre o mujer, en Nueva York se ha marcado la pauta para el buen “estilo de vida”. Pero en la Música, desde principios del siglo XX, ha sido y es esta ciudad la que surtía de ritmos, corrientes y modas al resto del planeta. Lo que destacaba en esta gran ciudad era aceptado y seguido en el resto. Si James Brown marcó un estilo de concebir las salas de baile, iniciadas en la Gran Manzana a principios de los 60s, el Studio 54 culminó el concepto y marcó el estilo definitivamente, un concepto que ya podemos denominar como “Nueva Discoteca”, aprovechando la corriente Funk elevada a su máximo exponente y admitiendo por fin a cualquier persona y de cualquier condición “mayor de edad y que se pudiese pagar la entrada”, o fuese invitado de honor del gran Steve Rubell o de sus colaboradores más cercanos. Entre ellos se encontraba Carmen D´Allesio, la principal relaciones públicas que posibilitó la llegada en masa de tantos famosos al nuevo club.

En los reservados circularon: prostitución, drogas y todo tipo de negocios. Pero esto no fue una novedad ni entonces, ni antes ni después de Studio 54, y se puede decir de todo local dirigido al divertimento para adultos. Asegurar que alguno está libre de esta característica no es solamente hipócrita sino absurdo. Lo que quizás resultaba escandaloso, y los medios hicieron un eco dañino en este aspecto, es que tanto famoso frecuentara aquel “nido de perdición”, cuando quien más y quien menos toma una copa y se divierte a lo grande cuando puede. Los rumores posteriores a su cierre señalaron que se encontraron paquetes de dinero y cocaína escondidos tras algunos tabiques de la discoteca, algo que dudo pues nadie es tan imbécil de dejar allí tan preciado tesoro. Pero eso fue nada más que una de las leyendas urbanas de tantas que surgieron sobre Studio 54.

La parte fundamental para que Studio 54 llenara durante varios años su sala y hasta su cierre no fue solamente la afluencia de famosos. La Música escuchada, fuese en directo o en las sesiones para la pista de baile, resultaba de lo más atractiva para justo ese momento. Despuntaban artistas y canciones que animaban al público al baile como pocas. El local fue la mejor plataforma para los éxitos del momento y los artistas ensayaban y bailaban sus propias creaciones, como si se tratase de un laboratorio musical. El sonido que allí destacaba terminaba en todas las emisoras de radio y en todas las pistas del país, expandiéndose luego al resto del mundo.

Alec Baldwin trabajó de camarero durante un tiempo y Billy Idol de guardarropas (me ha contado Charlotte, una prima mía neoyorquina que también trabajó en Studio 54), hasta que dichos artistas ascendieron al estrellato aprovechando el “mundillo”. La lista de famosos que alternaban por el Club es inacabable, pero la costumbre de llevar animales vivos seguro que tiene “marca España”, porque esa manía era muy de Salvador Dalí, famoso con el que contaron desde un principio. Artistas con los que también contaban eran los grandes modistos del momento: Yves Saint Laurent, Norma Kamali, Valentino, Karl Lagerfelds, Calvin Klein, etc y grandes bellezas, fuesen modelos profesionales o algo más, como Grace Jones, que amenizaba muchas veladas con actuaciones en directo. Para el ahora llamado Schrager (se suprimió la i hace años), la clave del glamour alcanzado en su sala fue precisamente el contar con la aportación artística de los diseñadores de moda, ya que la sala se convertía en una pasarela en cada apertura, dándole una dimensión glamurosa impresionante a la Fiesta.

El mayor éxito para Grace Jones llegaría un año después de la clausura de Studio 54:

Una modelo atípica asidua de Studio 54 fue Divine, precursora de la Música House, aunque no sé si llegó a presentar sus maquetas y actuar en vivo en el Club antes de 1980.

Junto a Grace Jones, también amenizaba las fiestas en directo Diana Ross, y justo en el año de clausura del Club, editaría uno de sus mayores éxitos:

En una de las veladas de aquel 1977, componentes del grupo musical Chic no consiguieron entrar al interior. Esa misma noche compusieron uno de los temas más emblemáticas de esa época: Le Freak.

¿Pero qué aportó musicalmente Studio 54 al panorama, a la Música Disco en general? Según lo más comentado entre los testimonios, se diferenció del Sonido Motown, que también se escuchaba en el club, por un aumento del volumen del bombo, de los graves desde la cabina, compartida siempre por varios djs, potenciando así los ritmos tanto funkys, como las versiones caribeñas, samberas u otros sonidos exóticos, naciendo así la “importancia del Dj” y sus “arreglos particulares”, moda incipiente para el nacimiento del Hip Hop. Para recordar sus momentos musicales se han editado numerosos recopilatorios en todos los formatos digitales y que se siguen vendiendo en la actualidad.

La lista de famosos, como ya he dicho, era interminable. Para haceros una idea, os voy a nombrar solamente a los que más veces se les reconocía por el Club. Entre los cantantes, solían aparecer John Lennon, Mick Jagger y su esposa, que protagonizó uno de los episodios más sonados y divertidos, cuando entró montada en un caballo blanco para celebrar su cumpleaños:

David Bowie y su entonces asiduo acompañante Lou Reed, Michael Jackson, Donna Summers, los Village People, Liza Minelli, los también actores John Travolta y Brook Shields, Alice Cooper, Rod Steward, la siempre espectacular Debbie Harry (Blondie), etc.

Empresarios como el actual presidente Donald Trump y su preciosa esposa Melanie también se divertían esporádicamente. Actores de Hollywood y de Broadway tampoco faltaban a las citas, actores como Silvester Stallone, Schwarzenegger, Richard Gere, Cary Grant, Elizabeth Taylor, Marcello Mastroiani, Gerard Depardieu, Woody Allen, etc. También pintores y escritores como Truman Capote, Tennessee Williams, Andy Warhol, e hijos de Grandes Maestros como Paloma Picasso y Margaux Hemingway, que también exhibió su faceta de modelo profesional. Decenas de famosos y menos famosos pero muy ricos, que se mezclaban entre la clase media y baja de la Sociedad, algo inaudito y que ocurría por primera vez en un club privado.

Siempre quedaba una pequeña multitud en la puerta que esperaba el milagro de su entrada. Aparecían el mismo Rubell o Schrager en persona y señalaban a alguien para que entrara, seleccionándose por “corazonada” y no por su apariencia. Ambos pensaban quién sería más divertido, quién era más agradable a sus vistas, y el cordón se abría nada más que para esa persona selecta. Era un momento mágico, que siempre será recordado porque entraba a la mítica discoteca Studio 54.

Las rayas de cocaína se esnifaban sin pudor en las mesas, así como el humo de los cigarrillos, fueren de «la risa» o no, envolvía el ambiente. En los palcos entraban parejas y tríos, ricos y pobres, gays y heteros, blancos y negros, la música animaba al baile, la fiesta se amenizaba con suelta de globos, confeti, go-gos bailando en las tarimas, y las copas de champagne y los cócteles rondaban por todo el local. Nadie quería que acabase aquel mundo de fantasía, una Sodoma soñada por el mismísimo Sade y que también sucumbiría al fuego del infierno. Pero no terminó la fiesta por ser “inmoral”, al menos el pretexto fue otro distinto.

Aquel febrero de 1980 se clausuró Studio 54 y sus dueños terminarían en la cárcel por evasión de impuestos por unos 2.5 millones de dólares. Resulta curioso ese país de la Libertad, donde siempre se encarcela a los famosos con el mismo pretexto, cuando en los menos de tres años se hizo una caja superior a los 20 millones de dólares declarados. Tuvo que llegar Obama en 2017 para “reconocer los errores judiciales cometidos”.

Unos 8 meses después de la clausura del Studio 54 de Nueva York, se inauguraba en Barcelona, un 9 de Octubre de 1980, el Studio 54 del Paralelo, una macro-discoteca que triunfó, aunque no del mismo modo que la versión original, pues llenándose con más de 3000 personas en cada apertura y durante años, no se consiguió una masiva asistencia de la Jet-Set catalana, española y europea por extensión, que era la intención principal. Se vivieron grandiosas fiestas y espectáculos, incluso grandes conciertos con los grupos más punteros del momento, pero no transmitió el glamour que se pretendía cuando se abrió. Así y todo, queda como modelo de las macro-discotecas que comenzarían a inaugurarse, sobre todo en el litoral Mediterráneo Español. Su existencia duró hasta el año 1994.

Hace unos años se rodó un documental (2017) con imágenes inéditas y que se ha distribuido como «la película del Studio 54», además de varios libros y multitud de famosos incluyen sus vivencias en el Club en sus biografías oficiales. Desde luego no pasó desapercibido en nuestra Historia reciente y sólo es comparable culturalmente al mítico Festival de Woodstock.

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