Las primeras décadas del siglo XIX resultaron caóticas para España. Como en la caída del Imperio Romano, todo apuntaba a un desmembramiento total y al desgobierno. De hecho, se perdieron la mayoría de virreinatos americanos y, por primera vez, tropas extranjeras ocuparon la Península. Y destacó la formación de unas primeras Cortes, representantes del Pueblo (realmente a parte del mismo), que añadieron nuevos problemas a los ya conocidos, pues surgieron de inmediato un complicado cruce de intereses.

Si se puede resaltar una fecha que cambiaría la España Moderna, elijo 1799, en plena Ilustración Europea, cuando una serie de sabios, intelectuales y científicos, sobre todo franceses, promovieron ya el germen “socialista” (todavía no se llamaba así), en una evolucionada cadena de acontecimientos comenzada en la década de 1770, que llevó a la Independencia de las Trece Colonias Americanas y una sucesión de hechos que daría con el encumbramiento de una figura hasta entonces en la sombra: el político, figura solamente reconocida en el Reino Unido, aunque todavía entonces de poder bastante limitado por la Corona. La figura del Político sería considerada desde entonces como un rey en América, es decir, el Presidente de las Trece Colonias sería el homólogo a un rey europeo. Desde entonces, cualquier político norteamericano podía ser rey en la práctica.

Para 1799 el poder de los políticos (la inmensa mayoría de ellos de clase media/alta), aprovecharían los asesinatos en la revuelta de la Bastilla ocurridos una década antes, para acaparar rápidamente los puestos de poder desde sus despachos de funcionarios, y no solamente en Francia, sino que el germen ya se extendió por las demás potencias europeas, como Italia, la gran Austria, Reino Unido y la propia España. En esta última, los políticos “necesitaban” tener las manos libres para saquear las arcas públicas en todas sus manifestaciones, por eso se sucedieron resoluciones poco comprensibles para nosotros y que dio con algunas figuras históricas que nos previnieron de los acontecimientos que sufrimos en la actualidad, avisándonos de las artimañas que dichos políticos estaban maquinando para saquear los estados.

Los intelectuales facilitaron la labor de estos expertos del robo y del expolio, de cómo conseguir mediante grandilocuentes filosofías, constituciones y decretos (con sus parches), arrebatar los bienes al Antiguo Régimen, estos eran los bienes de la Iglesia, y de la Corona, para más adelante saquear a nobles y terratenientes (tras usarlos en primera instancia), tal y como hicieron los Reyes Católicos con los judíos y moriscos: un simple decreto (Pragmática) fue suficiente para conseguir las propiedades y riquezas de estos expulsados. ¿Pero los bienes expropiados fueron al estado español? No, estos bienes recalaron en manos particulares, de los políticos, tal y como ocurre en la actualidad. Así llevamos siglos y siglos de fortunas cambiando de mano. ¿Pero cómo consiguieron el apoyo de la fuerza física (policial o del ejército) para llevar a cabo dicho saqueo?

En 1799 se disolvieron las Milicias Valencianas (en funcionamiento desde mediados del siglo XV), un ejército itinerante de más de 30.000 soldados profesionales (en su mejor momento) que podían actuar inmediatamente allá donde se requerían sus fuerzas. También por dichas fechas se mermaron la autoridad y fuerza de la Santa Hermandad, que funcionaba como una Policía Nacional desde 1476 y que sería disuelta definitivamente en 1834. Del mismo modo, las reservas militares y milicianas en todos los territorios fueron diezmadas o disueltas por distintos decretos reales a instancias de las Cortes, de modo que la España de 1800 disponía de un mínimo ejército casi testimonial a instancias de estos políticos de la época y que los libros de texto nos inculcaron y lo siguen haciendo, echan la culpa a la corona de turno, cuando fueron las Cortes quienes las disolvieron sin prever una mejora o sustitución. No les interesaba una Policía ni Ejército que les limitara, en espera de crear la suya propia, provocando una falta de fuerza bien aprovechada por los ejércitos napoleónicos en 1807 para entrar como “Pedro por su casa”.

Ya a finales del siglo XVIII los “mangas verdes” (Santa Hermandad) no resultaban eficientes, sobre todo en el mundo rural español. Llegaban tarde a todo hecho, y por eso quedó en el dicho popular la expresión “A buenas horas, mangas verdes”. Carlos III reforzó la Flota, las defensas portuarias y de algunos importantes enclaves, y reforzó las tropas en regimientos puntuales, pero falleció este gran rey antes de formar un ejército potente que devolviese el respeto a España. Falleció en 1788 y, de haber vivido otra década, seguramente España habría “funcionado” de otra manera, al menos en el aspecto militar. Este rey modeló al español que somos ahora: nos gusta la música y la fiesta, organizó sesiones particulares en La Zarzuela que pronto generó un estilo lírico propio; nos gusta el juego, en 1768 organizó el primer sorteo de Lotería Nacional (sistema como «la Primitiva» de ahora); abrió las primeras «Cajas de Ahorros y Montes de Piedad» para erradicar la usura (con el tiempo los políticos las transformaron en usureros); e instauró la costumbre de plantar el Belén y cantarle villancicos, entre otras muchas otras novedades importadas de Nápoles. Fue el primer arqueólogo moderno de la Historia, desenterrando Pompeya y Herculano de las cenizas, por ejemplo.

Todo el desastre producido por las disoluciones de las fuerzas militares y policiales, provocó un “desgobierno” que se vio acentuado durante la primera década del siglo XIX. Aumentó el fenómeno del bandolerismo en su primera etapa (disfrazado luego de guerra de guerrillas contra Napoleón). Los descendientes y familiares de Carlos III resultaron incapaces de organizar algo más que una partida de caza o de cartas. Ocupados los “hombres fuertes” en echar a los franceses de nuestro suelo, la clase política se organizó, una clase constituida por mercaderes, intelectuales y escritores en general, bajo la mirada de los viejos ilustrados, y que constituyeron las primeras Cortes para 1810. También había, sobre todo, nobles, terratenientes y militares de alto rango que iban y volvían de sus misiones. Se eligió Cádiz porque era más peligroso constituirse cerca de Madrid y la Corte (de los palacios), donde cualquier movimiento de fuerza de ésta, avalada por los franceses que todavía ocupaban la Península, podía echar por tierra cualquier intento de reforma.

Los mismos consejeros que en 1799 animaron al rey de turno a disolver las fuerzas de seguridad y ejércitos de España, constituyeron las primeras Cortes. Entre 1810 y 1814 los políticos plantaron las bases para el expolio de España, el mismo robo a gran escala que se realiza en todos los países llamados «Libres». Pero existen algunas excepciones que nos han salvado de un desastre mayor, personajes de la Historia que, muchas veces, ni siquiera aparecen en los anales, ni se les menciona, que han conseguido pararles los pies a los políticos. Si creemos las historias del investigador Carlos Fisas, el Motín de Aranjuez (marzo de 1808), no fue otra cosa que un robo al político Godoy (curiosamente fue el primero en caer) y a “lo que se pudiera ratear” por los palacios, algo que se viene admitiendo por las pruebas y que nada tuvo que ver con patriotismo ni la política del momento, pero que aprovecharon los charlatanes de aquel entonces para tergiversar, como han hecho los políticos de todos los territorios ante cualquier reunión popular, fuese de festejo o de protesta.

 

El mismo Carlos Fisas nos cuenta también que Wellington se reunía con Murat y demás generales franceses en los fumaderos de opio de Barcelona para correrse juergas y comentar sus fechorías por suelo español, como el robo del gran butafumeiro de Santiago, por ejemplo, regalo de un monarca francés y robado por franceses. Sin duda también acudían altos cargos militares españoles a dichas reuniones, porque no hay que ser imbéciles, a esa escala de poder, todos se conocen y comentan. Si Zelenski y Putin se levantan un día “simpáticos”, la guerra termina. Pero volvamos al siglo XIX.

En este contexto de confusión y desamparo de la población ante los desmanes de la guerra y del vacío de poder, los políticos ponen en marcha la “maquinaria recaudatoria” en las Primeras Cortes en España y aparece una figura que me llamó la atención cuando leí sus discursos poco retóricos y directos a la Cámara. Se trató de Pedro Agustín Girón, Duque de Ahumada. Este señor fue testigo de primera mano de todo el expolio que los políticos estaban maquinando y ya ejecutando, y su posición de poder, como militar luchando contra la invasión francesa, como miembro de la alta nobleza y perteneciente a una gran estirpe de militares desde la Edad Media, se permitió la licencia de mostrar la perspectiva correcta y acusar uno a uno en la Cámara de las malversaciones y apropiaciones de bienes que cometían a todos los españoles. En la década de 1820 formó parte del movimiento Liberal Moderado, pero lo mantenían “oculto” hasta en sus propias filas, en un segundo plano, “perdiéndose” muchas actas con sus intervenciones. Sus críticas siempre iban más allá y al final de su periodo como senador (falleció en 1842), recomendó (exigió) una Policía que no estuviese bajo las órdenes de los políticos, una Guardia Civil con el fin de que el Pueblo “controlase” a éstos y no viceversa. Este señor, creyó en el honor y la integridad del español, pero no vio realizado su sueño.

Pero el segundo Duque de Ahumada, Francisco Javier Girón y Ezpeleta continuó la labor de su padre. También militar, llegó al rango de Mariscal de Campo en la Primera Guerra Carlista. Políticamente se decantó por el Absolutismo, muy al contrario que su padre, ejemplo claro de que el sentido común no tiene porqué seguir una directriz politizada. Aunque los acontecimientos pudieran diferir en los detalles, se repetía en España el status qvo de principios del siglo XIX, con miles de bandoleros por las sierras de toda España y también por las ciudades, en forma de políticos, una España que en la década de 1830 había perdido todas sus provincias americanas continentales y el hambre y la desesperación asolaba los territorios.

El sentido verdadero por el que Girón promovió la fundación de la Guardia Civil fue ante la posibilidad de crear un cuerpo que no perteneciese a la Policía ni al Ejército, que fuese “independiente” y con el poder suficiente como para apresar a todo tipo de malhechores, aunque éstos desempeñaran cargos públicos, es decir, políticos. Por eso se llamó “Guardia Civil”, constituida por y para el Pueblo, e inició su andadura como “padres de familia armados”, al estilo de las anteriores milicias, pero con nuevos valores. Existe una única película que se haya rodado protagonizada por dicho cuerpo, se llama “El Primer Cuartel”, y se estrenó en 1966. Si tenéis oportunidad de verla, trata muy bien aquel periodo de fundación. La dirigió Iquino, uno de los mejores directores que dio nuestro Cine.

La primera maniobra de los políticos para dificultar la creación de dicho nuevo cuerpo sería la falta de fondos, algo que el mismo II Duque de Ahumada sufragó, adquiriendo los primeros caballos y uniformes, costeando también los gastos de una primera escuela para los candidatos. Habiendo reunido todos los requisitos, se recibió el debido permiso de las Cortes, nombrándole Director General de la Guardia Civil en 1844. Renunció a su escaño y cargos públicos, estando presidiendo la Cámara Luis González Bravo. En esta primera escuela transmitió los nuevos valores a los cadetes en una corta lista de “puntos”. Para resumir: conceptos de valor, disciplina, rígida instrucción, entrega a los demás y subordinación al poder establecido. Este último punto se bifurcaba en algo más amplio, pues si se demostraba que el poder ordenante “comete o cometió un delito, debía el guardia someterse a una orden superior”.

La segunda traba se cuenta muy bien en la película, ya que los políticos enviaron a los primeros guardias civiles a la zona más castigada por la delincuencia en la época: la provincia de Córdoba, refugio de bandoleros de casi toda Andalucía y zona conflictiva tras muchos años de ausencia oficial de Gobierno comarcal y local, y corrupto cuando lo hubo. Se predestinaba al fracaso. Pero tenemos que en menos de una década se erradicó casi por completo el bandolerismo y los políticos tuvieron que tragarse el orgullo y admitir que los Ahumada acertaron con la fundación. Tampoco les sirvió el pretexto de una “falta de fondos”, porque, como se hacía antiguamente, los pueblos mismos sufragaban gran parte de los fondos y facilitaban las casas cuarteles, que en el siglo XX superaban ya los 3000 en toda España. En muchos sentidos, los guardias civiles eran autosuficientes, capaces de construir y administrar, casi como los “monjes-guerreros” de la Edad Media. El primer cuartel se erigió en Córdoba capital.

 

Francisco Javier Girón siguió dando caña a los políticos de su época. Ocupó el Senado por la provincia de Córdoba entre 1844 y 1846, y más adelante, entre 1861 y 1862. Mantuvo grandes agravios con otros políticos, por cuestiones de honor e incorruptibilidad, por lo que no era recibido con alegría por la clase política. Pero siempre le unieron lazos de respeto y confianza con los más importantes de la época, por eso la Guardia Civil se desarrolló en progresión, siendo actualmente el cuerpo de seguridad del estado más numeroso, con casi 86.000 unidades, más que el propio Ejército Español de Tierra, aunque la totalidad de efectivos de las Fuerzas Armadas los supera, con casi 126.000 efectivos.

Se hace necesario este preámbulo tan amplio para comprender casi 200 años (178 exactamente) de funcionamiento de la Benemérita y porqué, a pesar de sus esfuerzos, los políticos no han conseguido disolverlos. Claramente son la única “fuerza” física que puede amenazarles. Os resumo sus actuaciones más relevantes del siglo XX y así nos podemos explicar detalles tan importantes como esa figura siniestra con bigote y tricornio que dio tiros en el Congreso aquel 23-F de 1981. Ni así, con la opinión pública en contra, consiguieron disolver el Cuerpo.

Los Hechos de Asturias de 1934 terminaron en una masacre con más de 2000 muertos (oficialmente 1335, más de 110 de ellos guardias civiles) y más de 25.000 detenidos por toda España. Pero no fue una revuelta aislada sino una Revolución en toda su máxima expresión. Los verdaderos instigadores se sentaban en el Congreso, y uno de ellos fue el propio Indalecio Prieto (socialista), que proporcionó numerosas armas a los trabajadores. La negativa de gran parte de los guardias civiles de disparar contra civiles, aunque estuviesen armados, y la insuficiente cantidad de guardias de asaltos, creados recientemente por los políticos, precipitó la actuación del Ejército, todo bajo la autoridad de la II República, de los mismos que incitaron a la revuelta, una paradoja que nos da a entender la clase de personas que son estos políticos, que nunca se conforman con poco y son capaces de todo.

Con la perspectiva correcta, cada vez más historiadores y analistas concuerdan en que realmente la Guerra Civil más cruenta de la Historia de España comenzó en Octubre de 1934. Visto con objetividad, el detonante fue lo de menos, quién fue el “rebelde” fue lo de menos, la cuestión más importante fue que los políticos de todos los colores prendieron la mecha de una España enfrentada precisamente por ellos, por la charlatanería de estos despiadados “representantes del Pueblo”. Sólo tenemos que comprobar que, de todos los procesos penales posteriores, se contaron 23 penas de muerte, pero se conmutaron las de los 21 políticos probadamente involucrados y se ejecutó a un sargento que voló un camión con 23 guardias civiles y a un famoso personaje (cabecilla revolucionario) de la época: “Pichalatu”, único civil procesado y condenado. Dos años más tarde, en el 36, los guardias civiles, como todos los españoles, se dividieron en dos bandos.

El esfuerzo de los españoles tras el desastre fratricida de la Guerra Civil fue inigualado en la historia de la Humanidad. Durante el Franquismo, y en un total aislamiento del mundo, nuestros abuelos supieron levantarse de la nada, de los despojos ruinosos, y situarse de nuevo entre las primeras potencias económicas del mundo. España tenía en 1975 la más grande y moderna flota pesquera del mundo. Era la primera exportadora mundial de numerosos productos agrícolas, como los cítricos, la aceituna, uvas de mesa y vino, además de exportar excedentes lácteos, cárnicos y dulces. Producía y exportaba maquinaria y vehículos de todo tipo, siendo pioneros en el diseño de motocicletas y camiones, destacando en la industria del Calzado, Textil y plásticos. Sus empresas nacionales cotizaban en Bolsa y ya se perfilaban como grandes monopolios punteros a nivel mundial, como Telefónica, entidades bancarias y cajas de ahorros, petroleras, Eléctrica, aerolíneas, laboratorios avanzados de Medicina, Farmacia, Óptica, cosméticos, etc. Ya entonces, se perfilaba una gran inyección de divisas a través del Turismo. El PIB fue en la época de los diez mayores del mundo, parejo a Italia, a una Alemania dividida y sólo superada en Europa por Reino Unido y Francia. Hasta 120 empresas nacionales daban empleo a más de 4 millones de trabajadores. Era un “estado productivo”. Se creó la “utópica” Seguridad Social y cualquier español podía conseguir una vivienda propia trabajando legalmente.

La Guardia Civil contempló y fue testigo de primera mano del expolio que los políticos, muerto el Dictador, maquinaban de nuevo. De nada sirvió la experiencia vivida en el pasado, pues otra vez se preparaba otro “Gran Robo” a los españoles. Cuando vieron que todavía estaba agonizante, ya se reunieron todos “los de siempre”, los mismos apellidos y hasta nombres de los políticos que causaron tanto daño al país, y no pudieron resistirse. Otra vez a repetirse la historia, ahí estaban reunidos junto al Rey: comunistas, socialistas, demócratas cristianos, republicanos, monárquicos, y toda esa panda de ladrones más los que cambian de partido a conveniencia, porque debe el lector tenerlo bien claro: la charlatanería no es más que un pretexto para vivir como reyes toda esta clase de vividores.

¿Comprende ahora el lector porqué fue un guardia civil la cabeza visible del fallido golpe de estado del 23-F? ¿Por qué Tejero desenfundó su arma con total convencimiento de su “Derecho por honor de Guardia Civil”, por delante del Ejército y enfrentándose a su superior José Luis Aramburu Topete? O nadie se preguntó nada sobre este detalle o yo soy imbécil y fui el único que no conocía la Historia debidamente. Tejero estaba velando por los intereses de todos los españoles y no nos dimos cuenta, tras ese lavado de cerebro que los políticos insisten en aplicarnos. Con la excusa de la Democracia y la Libertad, los vividores maquinaban la venta de todas las empresas nacionales y el expolio generalizado, a través de nuevos impuestos (como el IVA), gravando y expropiando para su beneficio, de todos los bienes, sin consultar nada al Pueblo. También han logrado silenciar a la Opinión Pública, mediante los nuevos mecanismos de censura u ocupándola directamente. Nos han robado y siguen haciéndolo en nuestra cara. Tenemos a la Guardia Civil de nuestro lado, pero los políticos siempre han intentado enfrentarnos, como hacen con todos.

En 1844 la población española rondaba los 14 millones de personas. De éstas, unos 2 millones vivían “desahogados o mejor” y el resto como bien pudieran, es decir, vivían a expensas de lo que la tierra y el mar producían. En algunos años buenos hasta se pagaban impuestos. Los jornaleros podían permitirse una vivienda propia si conseguían trabajar cuatro años seguidos y ahorrar, y la tasa de pobreza superaba el 60 %, cuando “pobreza” significó en dicha época: no comer todos los días y no dormir bajo techo propio, malviviendo de la caridad. Si damos un salto a 2022, vemos que las cifras son estremecedoras, pues en España la pobreza ha aumentado exponencialmente, y hemos llegado al punto de que el trabajador es igual o más pobre que un parado en 1844, en proporción a las posibilidades de cada tiempo.

Que no os mientan los charlatanes, pues las colas en los comedores sociales y “la calle” no mienten. Hemos llegado a un punto en 2022 que, de casi 48 millones de habitantes, unos 10 millones viven como reyes y 38 millones no saben si al día siguiente podrán pagar sus impuestos o los plazos y alquileres mensuales (la proporción numérica se debe reducir/ajustar a los trabajadores activos, tanto de 1844 como de 2022). La inmensa mayoría está indignada con los impuestos y los precios desorbitados de la energía, agua potable y la subida incontrolada de todos los precios en general. En efecto, estamos en 2022, cuando todo esto no debería ocurrir. Conocemos dónde está el problema, sólo tenemos que despedirlos y buscar adecuados administradores del Estado, éstos que no duden en consultar con el Pueblo las medidas importantes a aplicar, las que nos afecten a todos.

¿Por qué nos ha dado la espalda también la Guardia Civil a los españoles? Una de las primeras medidas políticas tras el 23-F fue precisamente “colocar” siempre a alguien de confianza del partido de turno al frente de la Benemérita, uno de los primeros “actos ilegales” que les hemos permitido a estos sinvergüenzas, pues, como la Justicia, debería ser independiente. Pero se viene haciendo desde el primer gobierno “democrático socialista”. Nadie sabe qué trato firmó Tejero con los políticos, pero sólo debemos comprobar los sueldos de los altos mandos de la Guardia Civil en la actualidad para darnos cuenta de que éstos también están comprados por los políticos. Aramburu Topete se retiró en 1984 de su trayectoria político-militar para vicepresidir la empresa de armamento Santa Bárbara. Curioso y lucrativo destino siempre a los que sirven a los fines de los políticos. Pero ojo, que la Guardia Civil es ante todo civil, aunque nos hayan hecho pensar los políticos y los delincuentes que son “el enemigo”. A día de hoy los más peligrosos enemigos los tenemos en casa, los políticos, porque no aplican los principios Democráticos que les da fundamento.

Democracia no es simplemente tener derecho a voto y nada más, Democracia es aplicar la voluntad del Pueblo y no de una minoría sobre la mayoría de forma caprichosa. Para restaurar la verdadera Democracia en España se debe prescindir de los políticos y sustituirlos por profesionales de la Administración. No me refiero a una Tecnocracia exactamente, sino a la Ley, a modificarla con sentido común, para evitar el abuso y las mentiras a las que estos señores nos someten. Para lograrlo, necesitamos también de un “ente policial” que proteja todo el proceso de reforma, y sin duda la Guardia Civil resulta históricamente la adecuada, posee los condicionamientos y valores suficientes para conseguir un proceso pacífico hacia la Libertad con sentido común.

César Metonio

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