El equipo de www.qvo.es ofrece su más sentido pésame por las víctimas del COVID-19 a las familias, por eso muestra desde el inicio de esta terrible Pandemia un lazo negro en todos sus post.

El sistema solar más cercano detectado y que alberga planetas similares al nuestro se encuentra a 4.22 Años Luz de distancia. Se trata de exoplanetas bautizados como Próxima Centauri b, descubierto en el año 2016 y Próxima Centauri c, en 2019 (descubierto con la colaboración del CSIC de Andalucía), ubicados en el sistema Alfa Centauri. La estrella que ilumina dicho sistema es una enana roja registrada en los observatorios en el año 1915 y en una zona del espacio conocida desde hace más de un siglo como Constelación Centaurus. Estos dos exoplanetas son los más cercanos conocidos, así que de haber una misión sería este sector del Universo el más probable para futuros viajes estelares.

Según nos contó Nuño Domínguez en El País publicado en enero del 2018, la NASA lleva tiempo interesado en la exploración de esa vasta zona, y desde hace más de tres décadas (en 1977 con la VOYAGER 1) se dirigen sondas hacia dicha zona, viajando a 17 km/s, y enviando señales (las primeras imágenes nítidas de Saturno, por ejemplo), muy interesantes del entorno que va observando a más de 20.000 millones de kms de distancia de la Tierra. Lo malo es que esta primera llegará a Alfa Centauri dentro de 70.000 años. La sonda más rápida es la Sonda Solar Parker, que viaja a 324.000 km/h y que alcanzará los 700.000 km/h en el año 2025.

El pasado 24 de Mayo del 2020, un equipo del Observatorio de Canarias  confirmó la existencia de Próxima b. Además completaron el estudio sobre sus dimensiones y propiedades, estableciendo que tiene 1,17 veces la masa de la Tierra (desestimando su anterior cálculo que lo hacía mayor), se encuentra en una zona considerada “habitable” de su estrella, en una órbita que se completa en 11,2 días. De modo que es similar en tamaño a nuestro planeta y su temperatura se calcula en unos -39º C, aunque se estima que existen zonas (lo que sería nuestro “meridiano” indeterminado) donde se pueden contemplar unos más agradables 0º C de media. Esta temperatura, de ser ciertas las aproximaciones de los instrumentos, permitiría la existencia de agua líquida, sobre todo si posee una atmósfera suficientemente gruesa para esparcir el calor.

Otra particularidad de Próxima b es que, al igual que nuestra Luna, orbita siempre mostrando la misma cara a su estrella, así que sufre medio planeta un eterno día y el otro medio una eterna noche. La capacidad de existencia de su enana roja, de tipo M,  es de unos 3-4 billones de años, más de 300 veces la capacidad de vida de nuestro Sol. Vale la pena una mudanza a un lugar más estable y duradero que este nuestro. Siguiendo la comparación con nuestra estrella, Próxima Centauri tiene una menor temperatura de superficie (3042 K), casi la mitad, y mayor tamaño que el Sol. Pero conocidas su situación y características, hasta donde nuestra tecnología llega, vayamos a las últimas y sorprendentes noticias que nos llegan de ese enigmático exoplaneta Próxima b.

Desde hace más de un año se vienen recibiendo continuadas emisiones de Radio provenientes de Próxima b en los instrumentos de observación astronómica desde distintos radiotelescopios de la Tierra. El primero en notar dichas emisiones fue en los Observatorios SETI. Existe la confusión en el sentido de que no significa “vida inteligente” y que usen aparatos emisores de radio como los nuestros, sino que la interactuación de la estrella Próxima Centauri y su cercano planeta Próxima b producen numerosas emisiones que facilitan la labor de observación de los radiotelescopios instalados en la Tierra.  También se cree que en algún momento indeterminado, hace millones de años, la enana roja arrasó al exoplaneta con radiación, lo que hace menos probable que albergue vida. Lo de que haya vida posiblemente sea ahora algo más sencillo de conocer, gracias a este factor de las emisiones de Radio, y que sean además de vida inteligente ya sería el no va más. La cuestión es que ha despertado un gran interés en todo el ámbito científico y, sobre todo, garantizan la “utilidad” de los nuevos radiotelescopios que se están instalando y que algunos científicos criticaban por considerarlos obsoletos. Aunque cada día se sabe más sobre Próxima b, realmente nada es seguro hasta una aproximación física mayor.

Volvemos ahora de nuevo al artículo del año 2018 para saber más sobre posibles viajes a años luz de distancia. Está claro que la propulsión a chorro no tiene ninguna posibilidad más allá de motores auxiliares para el despegue y aterrizaje o acoplamiento. Para las largas travesías los científicos se estrujan la cabeza para solucionar este problema de adquirir una velocidad de crucero que supere el millón de km/h. Para el año 2069 la NASA quiere fabricar una sonda que “sepa” aprovechar los campos gravitatorios de los cuerpos celestes y otras fuerzas para que impulsen la nave a velocidades desconocidas hasta este momento. También se plantea la autonomía en todos los sentidos, pues quieren llegar a Próxima b en algo más de un siglo, exactamente en 112 años con la tecnología que ahora dominamos. Esto supone fabricar supercomputadoras con capacidad no sólo de cálculo y pilotaje, sino toda una IA que opere ante dificultades y tenga la opción de replicar componentes dañados de la nave, mediante impresoras 3D, guiar robots mecánicos (quizás androides) para sustituirlos, e incluso adquirir la capacidad de aprendizaje para mejorarse a sí misma día a día.

El sueño de estos “científicos locos” puede hacer realidad el deseo más fascinante y esperanzador de la Humanidad: colonizar otros planetas. Si se ha reducido la distancia de 70.000 años de viaje a tan sólo 112 años, quizás para el 2069, de lanzarse dicha sonda, ya se estará diseñando otra para que viaje en la mitad de tiempo. De tener éxito estas misiones, un viaje tripulado a Marte debe ser cotidiano a esas alturas. De tener éxito las distintas misiones hacia Próxima b, también será cuestión de tiempo que se proyecten misiones tripuladas a distancias tan lejanas. Sólo hay un pero, que lo más probable es que ninguno de los que leemos este artículo lo verá hecho realidad, a menos que sepamos construir una nave Enterprise a lo Star Trek.

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