A principios de este mismo año la NASA hizo público un informe donde se reconocían planetas de posible habitabilidad sin salir de nuestra galaxia. Según este informe, se avistaron 7 pequeños planetas de los cuáles 4 son susceptibles de albergar vida a tan sólo 4 años-luz de distancia. Esta noticia despertó más aún, si cabe, la curiosidad de los astrónomos de todo el mundo, para explorar con sus instrumentos a esa distancia relativa. Dos españoles descubrieron (lo hicieron público a primeros de Noviembre del 2018), un planeta 3 veces mayor que el tamaño del nuestro y que orbita a una distancia de 6 años-luz de la Tierra.

El equipo del CSIC que observa el cosmos y ha realizado el descubrimiento, está liderado por Ignasi Ribas, que ha contado con la investigadora del Instituto de Astrofísica de Andalucía, Cristina Rodríguez López como coautora del estudio. El descubrimiento se llevó a cabo desde el Observatorio de Calar del Río en Almería. El resultado de esta observación ha dado con Barnard-B, un cuerpo de tipo desconocido, casi con seguridad rocoso, que sufre una temperatura ambiental de -170º, con un ciclo orbital de 233 días y de una distancia de recorrido orbital de 0,4 veces la distancia del Sol a la Tierra.

En esa franja inmensa de entre 4 y 6 años-luz parece que existen miles de planetas y sistemas solares susceptibles de albergar vida. La temperatura y atmósfera no determina la existencia de dicha vida pero si determina la posibilidad de que nosotros podamos habitarlos. El factor más importante de búsqueda es el agua. Nuestra tecnología no permite actualmente unos viajes tan distantes, pero si nos puede animar a seguir lanzando sondas para anticiparse de algún modo hasta que sepamos viajar a velocidades cercanas a la luz. De hecho, últimamente se piensa que un asteroide llamado Oumuamua, que se acercaba a la órbita de Mercurio, había cambiado su velocidad y trayectoria inesperadamente, luego podía se una nave-sonda extraterrestre. Aunque en la Universidad de Harvard crean en esta “exótica” posibilidad, los científicos de la NASA lo han desmentido ya, asegurando de que se trata de un objeto natural, aunque no han especificado las razones de su cambio de trayectoria y velocidad “anti-natural”.

La contribución española para cumplimentar el mapa estelar del cosmos es verdaderamente amplio. No solamente en Canarias, sino en muchos lugares de la Península, se dan las condiciones más óptimas para la observación del cielo estrellado. Barnard-B es el último descubrimiento de una larga lista, pero quizás no tan espectaculares como este planeta gigante, un grano de arena en el vasto cosmos que seguro nos conducirá al descubrimiento de planetas habitables porque éste se nos queda pequeño y estropeado.

 

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