Nuestro territorio nacional ha sido tradicionalmente y sigue siendo uno de los mayores consumidores y productores de pescado, gracias al extenso litoral que nos rodea. Los restos arqueológicos del Paleolítico demuestran esta sabrosa predilección por los productos del mar ya desde la Prehistoria. Las flotas del Cantábrico, del vasto Océano Atlántico y del mar Mediterráneo, han surtido y surten los mercados de una amplísima variedad de especies marinas comestibles.

En números globales, los casi 10.000 buques de pesca españoles no resultan la mayor flota del mundo (lo fue en los años 70s), pero sus características (tonelaje, tecnologías frigoríficas y de captura), la convierten en la más moderna de Europa, además de ser la primera por número de capturas, doblando al Reino Unido, que es la segunda situada en la lista. Las políticas pesqueras de las últimas décadas ha reducido el tamaño de nuestra flota, así como los caladeros, pero ningún otro país del mundo posee tal cantidad de “factorías flotantes”, lo más avanzado tecnológicamente, donde se captura, se procesa y conserva (en lata o ultracongelado) en alta mar el pescado, llegando al mercado listo para su consumo. Todo ello, siguiendo las normas de Protección (cupos de captura y fechas claves para la cría de las especies) recomendadas por los Organismos Oficiales.

Así tenemos que en nuestros mercados podemos elegir entre una gran variedad de pescados y mariscos venidos de cualquier punto del Planeta. El pescado fresco se obtiene de caladeros cercanos a nuestras costas y suelen ser los que tradicionalmente determinan el tipo de sopa de cada región. En cualquiera de nuestras regiones suele incorporarse todo tipo de almeja y crustáceos a la sopa de pescado, porque el marisco le otorga ese saborcillo casi dulzón que nos parece tan agradable en el guiso. Si incluimos verduras, la sopa se convertirá en un plato completo, pudiéndose triturar todo para convertirlo en una crema para el primero o con las piezas troceadas, dejando los lomos de pescado completos, para un sabroso segundo plato, de los de mojar pan y todo.

He encontrado una receta fácil de preparar y apetitosa de probar, así que os la comparto:

Ingredientes para cuatro personas

300 gr. Merluza

150 gr. Mejillones

150 gr. Almejas

150 gr. Gambas

1 cebolla

4 dientes de ajo

1 pimiento verde pequeño (se puede cambiar por zanahoria)

150 gr. Tomate triturado

Perejil triturado

Sal

Pimienta (si se desea, siempre en poca cantidad)

Pimentón dulce en polvo una cucharadita

Aceite de oliva como tres cucharadas

1 litro de agua

1 Pastilla de caldo de pescado (opcional)

Preparación

La cocción de los pescados tiene una duración al fuego mucho menor que la carne, y los mariscos suelen ser piezas que no se deben cocer ni freír por más de dos o tres minutos. Si lo hacemos de otra manera, podemos encontrar un revoltijo de pescados porque se han desecho en la cazuela, por eso nunca debemos olvidar esta regla fundamental, a menos que lo queramos a propósito.

Lo primero será hervir el pescado en una cazuela (pastilla de caldo de pescado si nos gusta el sabor más intenso) durante cinco minutos, incorporando en los últimos dos el marisco. Retiramos en una fuente las piezas y colamos el caldo resultante para utilizarlo posteriormente.

En la cazuela final sofreímos ajo y cebolla con aceite de oliva, cuando veamos que comienza a crepitar, incorporamos el pimiento verde también a trozos pequeños. Un minuto sofriendo y añadimos el tomate triturado, pimentón y sal (también la pimienta si se desea) y que se sofría otro minuto para que coja sabor. Es el momento de verter el caldo de pescado y convertirla en una sopa compacta con la ayuda de la batidora, aunque también podemos continuar sin triturar.

A este preparado sólo le queda introducir el pescado y marisco según nos apetezca a la hora de su presentación, es decir, podemos retirar las conchas, incorporarlo todo en trozos pequeños y cocer durante un par de minutos más, añadir el perejil picadito (se recomienda picar las hojitas frescas) y servir.

O una presentación más voluminosa y tradicional, a lo gourmet, dejando las almejas y mejillones en sus valvas y los lomos de merluza a mediano tamaño, para espolvorear el perejil en el plato. Ambas soluciones perfectas.

Las combinaciones para una buena sopa de pescado son infinitas. También podemos preparar sopas con sólo pescado o sólo marisco (de cigalas o langosta), aunque generalmente se incorpora siempre el marisco, todo depende un poco también de la tradición, pues a medida que nos acercamos a las regiones más alejadas del mar, observamos menos “macedonia”, fijando la sopa en una única especie de pescado, aderezada de distintas maneras. La conservación y congelación de los productos del mar nos han facilitado un gran incremento de recetas.

Otra tradición heredada de nuestros mayores es el aprovechamiento de todos los componentes del pescado, así, las partes que se tiran, resulta que hacen unos caldos fantásticos. Por eso os comparto esta receta tradicional que nos facilita Arguiñano, sencilla de preparar y muy apetitosa. Si compramos pescado fresco, podemos pedir al dependiente que nos corte las piezas y en vez de tirar las que no vamos a comer, preparar una sopa buenísima, apetecible incluso en verano. Qvo se compromete a presentaros las recetas tradicionales españolas de este tipo de sopas, pues la variedad resulta tan extensa como litoral existente y cada una merece un post.

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