La adicción infantil al porno ni es un fenómeno nuevo ni tampoco es antinatural. Resulta más bien una consecuencia de nuestra curiosidad innata hacia la Sexualidad y que por distintas vías, acaba por convertirse en un cierto tipo de obsesión por el “llegar más allá”, un resultado lógico de nuestra mente imaginativa y de las perversiones en el concepto freudiano establecido por el padre del Psicoanálisis hace ya más de un siglo. Según sus descripciones, una perversión resulta inofensiva, incluso positiva para alcanzar una libido saludable, pues con la imaginación obtenemos el preámbulo “adecuado” para una posterior relación sexual satisfactoria en todos los sentidos. Lo negativo viene cuando dichas perversiones se convierten en complejas, contradictorias y deseamos a toda costa hacerlas realidad, un resultado que nos lleva a problemas de difícil análisis y solución, como son la endogamia, el incesto, la pederastia, etc., problemas que ya se planteaban en nuestra más remota Antigüedad y que dejó su impronta en las primeras obras conocidas de la Literatura Universal, como Edipo rey (Sófocles, 430 a. de C.), una tragedia griega basada en la Mitología y que Freud referenció para definir el famoso “Complejo de Edipo”.

El descubrimiento de nuestra sexualidad se realiza a una edad muy temprana, aunque no es hasta a partir de los 7/8 años que no incidimos con mayor intensidad en la exploración de nuestros genitales. Tanto para los varones como para las mujeres, se hace inevitable la comparación corporal con la madre, con una persona adulta, comenzando nuestras primeras experiencias placenteras con ésta, de una manera natural y en los momentos de vigilia o retozamiento, algo que marcará ya desde tan temprana edad nuestra curiosidad hacia la sexualidad. Es la figura de la madre quien erigirá las barreras morales con sus hijos, es la que indicará “hasta dónde llegar con las caricias y frotamientos”, y esa es la causa de que para unos niños lo natural sea distinto al mismo concepto de naturalidad en otros. Nuestro primer amor absoluto es nuestra madre, un amor incondicional y psicosomático.

Si ya en un principio este importante concepto sobre los límites de la naturalidad, nuestra ética sexual está condicionada por la lógica y sentido común de cada mujer, tenemos que bien puede diferir de lo que la costumbre y ética general establece sobre el mismo concepto. Todos sabemos que la educación sexual para un católico practicante es distinta sustancialmente de una educación más liberada de la religión. Una pareja donde cada uno provenga de educaciones encontradas y que se una en matrimonio, descubrirá unas mismas perversiones o similares, pero a la hora de practicar el sexo encontrarán diferencias morales significativas. La “naturalidad” será distinta para cada uno de ellos, y esta complejidad multiplicada por X generaciones, nos da como resultado una total confusión general en lo que a las relaciones sexuales “correctas” se refiere. Esta confusión corrompe actualmente nuestra vida cotidiana y llega a todos los niveles de la sociedad, incluidas todas las profesiones, a la clase política (sólo tenemos que ver los autobuses en pro o en contra de la Homosexualidad y que se refieren al pene o la vagina), incluyendo también a legisladores y clase judicial, que se encuentran con miles de demandas relativas a la Sexualidad y que su análisis individual resultan verdaderos callejones sin salida, la mayor parte de ellos relacionados con el desagradable tema de la violación. ¿Qué visión puede tener la religión con respecto a la adicción a la pornografía? Os he elegido un video de los muchos que aparecen por youtube:

Cuando dejamos que cada mujer confundida con el tema de la Sexualidad sea el primer contacto moral de la siguiente generación, no debería sorprendernos que cada niño intente explorar por su cuenta lo que su madre “restringe”. Todos, en cualquier época de la Historia, han tenido amiguitos y/o amiguitas que enseñaban ilustraciones de adultos desnudos. Cuando dichas ilustraciones muestran situaciones con clara manifestación sexual, ya sea en solitario, pareja o grupo, podemos reconocer en éstas la Pornografía. Una ilustración que muestra un cuerpo desnudo se puede admitir como un trabajo artístico, pero si el mismo cuerpo nos muestra claramente los genitales o su pose rebasa lo “sugerente”, se califica como pornográfico. Tanto un concepto como el otro se manifiesta desde la más remota Antigüedad, en nuestras primeras cavernas y abrigos prehistóricos, hasta los frescos de las viviendas de todas las culturas de la Humanidad, y en todos los continentes, hasta la actualidad. ¿Qué le dice una madre a su hijo/a de 8 años que le muestra la foto comprometida? ¿Qué le dijo hace 40.000 años cuando el niño le señalaba a su madre una vulva dibujada en la caverna? Esa es la cuestión, que la respuesta no ha variado desde hace 40.000 años y que en vez de mejorar nuestra educación sexual, se ha convertido en una complejidad sin sentido.

He hablado hace poco con una mujer casada sobre sexualidad, de una manera abierta y sin ningún complejo. La mujer es joven y tiene dos niñas gemelas pequeñas. Hablamos largos minutos sobre distintos temas relacionados con la sexualidad y no por ello significaba un interés sexual implícito simplemente por hablar del tema. Es una mujer bellísima, con una figura de top model y me atrae sexualmente, pero las perversiones se quedaron a buen recaudo, porque eso deben ser las perversiones: situaciones imaginadas que no traspasan dicho límite de la imaginación. Cualquiera que me lea pensará que hablaba de sexo con una mujer occidental, inteligente y moderna, con una educación avanzada en todos los aspectos. En efecto se trata de una mujer muy bien educada, inteligente y moderna, pero de nacionalidad marroquí. El tema de la sexualidad está condicionado por numerosos factores sociales que llegan a la confusión parcial o totalmente, y eso se refleja en la inmensa cantidad de divorcios ejecutados en el mundo, simplemente porque clasificamos y ordenamos de manera equivocada.

Cuando el niño/a de 8 años accede a imágenes pornográficas abre su mente a las perversiones. Cuando llega a los 12 y experimenta el primer orgasmo y/o eyaculación, comienza un mundo extraordinario, cuando dichas perversiones toman ahora un sentido definitivo. Todos los niños en todas las épocas han tenido un acceso más o menos fácil a la Pornografía, pero en estas dos últimas décadas, la vía Internet ha multiplicado por 1 millón dicha accesibilidad. ¿Es algo positivo o negativo? Nada se puede constituir como problema si no se atenta contra la integridad física o moral del individuo, si nadie sale perjudicado. Cuando en el general de la sociedad aparecen “excepciones”, no se actúa ni se considera problema, sino que se clasifican dichas excepciones como “enfermedades”, díganse traumas, complejos u otro tipo de comportamientos dirigidos siempre al campo de la Psicología o Psiquiatría. Es un mecanismo que siempre ha usado el ser humano para eludir su responsabilidad cuando surge un problema: esconder las consecuencias de su mala organización. Lo vemos a diario en el mundo de la Política. Por ejemplo se castiga a las personas que deciden instalarse energía solar y “desengancharse” de lo establecido, cuando todo el mundo sabe que sería lo beneficioso para el medio ambiente y para el mundo en general. Así se actúa con otra necesidad básica, la Reproducción, nuestros instintos sexuales, escondiendo lo que no interesa a la mayoría. Lo más cómodo y corriente fue siempre confundirlo con el Amor y por eso nos vemos metidos en un lío de difícil solución.

Tenemos la suerte de vivir los españoles en uno de los países más progresistas del mundo en lo que al tema de la sexualidad se refiere. No solo en lo que implica al tema del aborto y al homosexualismo, sino al amplio abanico derivado del término. Quizás la gran afluencia de Turismo desde los años 60s del siglo pasado sea el principal motivo, ya que anteriormente a esa fecha éramos los más retrógrados del mundo. Curiosamente venían los extranjeros a España a “hacer lo que en sus propios países estaba mal visto”, veían la Fiesta Española como un signo de “apertura” mental, y nuestros catetos antepasados de hace medio siglo les caía la baba con los primeros bikinis y top less de nuestras playas. Salvo contadas excepciones, al extranjero y turista se le permitió pasear medio en pelotas por nuestras calles y playas, y como buenos españoles, que siempre “mejoramos lo presente”, con los años resultaba y resulta muy difícil saber a primera vista quiénes de los turistas son españoles o extranjeros, al menos en lo que a la conducta se refiere.

Tenemos entonces que la pornografía ha sido siempre de acceso relativamente fácil para los niños y niñas, incluso a edades muy tempranas, pues resulta bastante difícil “vigilarlos” las 24 horas del día, y resulta crucial esa etapa en que se relacionan con amiguitos tanto en los colegios como en actividades recreativas. Todavía es más frecuente si se tienen hermanos mayores. Hemos visto también que el “incesto” suele ser prematuro en todos nosotros, experimentando con hermanos, primos e incluso con la madre nuestros primeros rozamientos dirigidos plenamente a nuestra satisfacción y deleite corporal. No es raro que todos hayamos “sufrido” la primera corrida casi de forma accidental, sin pretenderlo, mientras abrazamos a un familiar amado o retozamos perezosos en la cama, abrazados a algún objeto. También existen personas que no conocen esa experiencia hasta mucho más tarde de los 12 años, pero la cuestión es que toda esa experimentación se hace más atractiva porque la Sociedad intenta por todos los medios mantenerla en lo más oculto de nuestras perversiones. El morbo y el tabú intensifica la necesidad de “repetir” desde siempre algo que, si no se diera tanta importancia, sería de lo más natural y pasaría por “innecesario”, salvo en los momentos puntuales que dirigimos a nuestra persona amada nuestras caricias.

La contradicción en estas conductas que la sociedad intenta esconder estriba en que nos convertimos en personas cada vez menos apegadas por miedo a que nuestras expresiones se mal interpreten. Nuestras relaciones con los niños de otros son cada vez más frías y distantes para que nadie piense que nuestro cariño por ellos está motivado por oscuras perversiones. El cine español de los años 60s ya mostraba ejemplos, en una película que protagonizó el abuelo de Enrique San Francisco, pues tenía la costumbre de dar cachetes a sus alumnos en el culo, comportamiento que desató las iras de los padres y que ni por asomo pretendían algo más allá que sana fraternidad entre profesor y alumnos. Todas las noticias que los medios destapan sobre casos de trata de niños, pederastia, secuestros, violación de menores, etc., ha provocado que, por lo general de estas últimas décadas, en nuestras ciudades los niños no salgan a jugar a la calle sin estar un adulto pendiente al menos. Esta “reclusión” de los niños y la necesidad de mantenerlos ocupados y tranquilos, encontró con la llegada de Internet y los dispositivos móviles, todo un filón para los padres. Pero por el contrario, si antes el niño rebuscaba por la casa hasta encontrar las revistas guarras de sus hermanos y padres, ahora solo tiene que buscar en el navegador de Google para encontrar millones de páginas de Pornografía. Si antes el interés disminuía por aburrimiento de ver siempre las mismas imágenes y en un formato de imagen fija, donde la imaginación debía jugar un papel importante, ahora encontramos un sinfín de videos y películas dedicadas a la Pornografía en decenas de temáticas, incluidas las didácticas, las que realmente sirven de ejemplo a unas relaciones sexuales saludables para todos, metidas en el mismo saco del sadomasoquismo, la violencia y otras perversiones macabras hechas realidad en el video.

El atractivo por descubrir relaciones sexuales cada vez más novedosas y sorprendentes mete en un círculo vicioso al espectador infantil. Dicha necesidad inagotable y morbosa por visionar sexo se considera “adicción al porno”, cuyas consecuencias nos son todavía difíciles de evaluar. Intentar “educar” a un niño acostumbrado a todo tipo de visionados pornográficos, guiándolo hacia un camino más sano y natural no resulta nada sencillo, pues el niño ya está “de vuelta” y cree que una relación más ortodoxa es aburrida y no gusta a su posible pareja futura. Cree que le mienten, así que no es nada fácil devolverle a un estado más natural y saludable de practicar el sexo. Si dicha adicción además se orienta hacia un visionado de un sexo cada vez más violento, creerá que la pareja disfruta con vejaciones y prácticas nada decorosas. Lo más habitual es que las simples relaciones reales le saquen del error, por simple sentido común, pero si el entorno le resulta hostil durante su juventud, podemos hablar de un problema en potencia cuando llegue a su edad adulta.

Cuando hablamos de adicción al Porno no se trata de adicción al sexo. Esa matización resulta importante, ya que el porno es una manifestación que no deja de tener “ficción”, a pesar de que los actores practiquen sexo realmente, y también podemos considerarlo artístico ya que, a pesar de que existen muchos videos “caseros” que no pasan por un montaje posterior, son editados y mejorados para que guste al público. La adicción al sexo es otra cuestión, pues se trata de una necesidad compulsiva de practicar sexo a toda costa, sea con la pareja, pagando por ello o masturbándose con demasiada regularidad. La Pornografía es la herramienta perfecta para conseguir masturbarse en un gran abanico imaginativo de posibilidades, y por eso se confunden ambos conceptos. Por eso mismo, a la hora de estudiar las motivaciones de la masturbación, encontramos excepcionalmente que un mismo sujeto puede ser adicto al sexo y a la Pornografía.

Internet motivó la desaparición casi completa de las compañías dedicadas a la Pornografía. Decenas de millones de videos inundan la red desde hace dos décadas y una gran mayoría accesibles gratuitamente. Bien es cierto que “malviven” plataformas y páginas privadas de personas que ofrecen pornografía on line a un coste más o menos asequible, pero la calidad artística general ha empeorado. Como en todas las actividades más o menos “ocultas”, existen piratas y mala gente, pero en general son hombres y mujeres que se buscan la vida sin hacer mal a nadie conscientemente. Cuando se realiza un cálculo de las personas que muestran al mundo sus prácticas sexuales nos damos cuenta de que no es un problema. No existe un problema cuando son decenas de millones de hombres y mujeres que no tienen reparos a la hora de practicar en público. El problema es social y es la sociedad la que debe educar a los niños adecuadamente en la sexualidad y no censurar a los que permiten compartir su más íntima privacidad. Tampoco veo de sentido común penalizar a los consumidores, una solución inviable.

La sociedad culpa a los padres por una mala educación, pero si los mismos padres están confundidos, tenemos que el problema es social y que la sociedad no sabe qué hacer con el tema de la Sexualidad: cuando se prohíbe, por ejemplo, caminar en bañador por las calles de Alicante, teniendo una playa urbana inmensa que invita a ello, ya reconocemos que los legisladores están más confundidos que nadie. También se protesta si la cultura islámica “se tapa” demasiado, queriendo prohibir ciertas prendas en Occidente. En fin, podría continuar con decenas de contradicciones que no aclaran para nada cuál es el correcto proceder en un tema tan sencillo y natural, como es nuestro cuerpo y nuestra sexualidad. No es una cuestión de Internet ni de prohibiciones, es un debate que nos persigue desde hace milenios y que resulta crucial para vivir con un estilo de vida civilizado. Si encontramos la fórmula adecuada quizás disminuyan los hombres y mujeres que no logran separar sus perversiones y malas intenciones, dejándolas en el interior de sus mentes, que es donde deben estar y exteriorizarlas siempre y cuando su pareja de turno lo consiente clara y abiertamente. Tratar la Sexualidad como un simple hecho mecánico no es educación sexual. Decir que mostrar los genitales en público está mal, como sola explicación al mundo de la sexualidad, no es suficiente. Son todas las contradicciones y tabúes lo que provoca la adicción al Porno y no la vía con que se propague ésta. El erotismo se considera a un nivel por debajo en “peligrosidad” que la pornografía, un nivel más permitido y por consiguiente más artístico, pero lo digo por experiencia, es como decir que una cerveza emborracha menos que el Whisky, en definitiva las dos bebidas son alcohólicas. Escribir sobre erotismo y pornografía es lo mismo: sexo. Nadie quiere que su hijo sea objeto de perversiones, pero nosotros las tenemos con los del vecino. Un dilema de difícil resolución.

 

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