La Jota Aragonesa debe tener 16 compases y uno más como final si nos referimos a su forma más actual de componer e interpretarla. Esta manera ancestral de cantar y bailar consiguió su época de mayor esplendor durante el siglo XIX, de ahí que muchos historiadores consideren en esas fechas su origen, pero no es una apreciación exacta. Quizás en el siglo XIX se “actualizó” y se puso de moda, tomando su forma definitiva, pero dudo mucho que se creara de la nada, cuando existen referencias escritas y muchas de su rico repertorio en el espacio y en el tiempo, llamadas ya en el siglo XVIII “Jota de Aragón” o simplemente “aragonesas”.

El principal motivo por el que se puso de moda en el siglo XIX y principios del XX sería por la Zarzuela, por eso su sonido nos recuerda mucho a los clásicos, mezcla de “verbena”, Tuna y rondallas que nuestros bisabuelos recuerdan con gran emoción, ya que era la música preferida en tiempos del sombrero de copa, el bastón y las medias capas, hasta la llegada del «Charlestón» americano en los locos años 20s. Una evolución significativa vendría con el Pasodoble, enriquecido con gran número de instrumentos y que en su forma más actual apenas nota su origen “jotero”. Mi abuela nacida en el siglo XIX (1899), curiosamente, bailaba como la Jota cualquier baile y tuviese el estilo que tuviere, sea Funky, Rock & Roll o un fandango. Fue una moda que caló tan hondo en ese espacio de tiempo a lo largo del XIX y principios del XX, que marcó todo un estilo de vida y de forma de ser en varias generaciones, comparable al Rock y su influencia en las décadas de los 60s hasta los 80s. Si buscamos una influencia de la Jota en la música más actual, sólo debemos mirar a los solistas de la música Ligera, que encarnan perfectamente a las voces cantantes que se hicieron populares en el siglo XIX por destacar precisamente por poseer una voz poderosa y atractiva.

No por ser devoto admirador de los trabajos de Julio Caro Baroja (y de su sobrino Pío Baroja, de sus apuntes musicales de principios de siglo XX en su voluminosa autobiografía) estoy de acuerdo sobre el origen remoto de la Jota Aragonesa, sino porque me parecen observaciones llenas de sentido común. Su sobrino iba más lejos, asegurando que “el tango se escuchaba de manera habitual por las ciudades españolas mucho antes de que se adoptase en Argentina”. Pero no quiero desviarme del tema que nos ocupa, simplemente añadir en favor de don Pío que así es la cultura musical: la voz o la tendencia que lo hace famoso, es el que se lleva al fin los méritos, aunque simplemente haya modificado una sola nota o ninguna, más que darle un aire o estilo particular a la composición. Eso lo vemos a diario en versiones que parecen originales en la actualidad.

Con la jota Aragonesa ocurrió lo mismo en el siglo XIX. Los románticos (de la corriente del Romanticismo) modificaron el orden de los compases y su cadencia, convirtiéndola en una pieza algo más lenta, pareciendo otra cosa distinta y, por ese motivo, numerosos autores consideran que nació en dicha época. Es como si se retocara un tema frenético de Ramones para convertirlo en una balada rockera, ¿qué queda del original? ¿se podrían considerar completamente distintos ambos temas?

Sea con un ritmo más pausado o rápido, la Jota Aragonesa influyó decisivamente en el folclore de la Península Ibérica, pasando por Galicia y Portugal, Canarias, Andorra, Andalucía, donde sería la base del baile flamenco (ya vimos en el post sobre la Guitarra Española el papel importante de un turolense para la música de este estilo a finales del XVIII), también influyó en el baile castellano de ambas mesetas, pero sobre todo influyó en el ámbito vasco-navarro y en el Antiguo Reino de Aragón, donde arraigó poderosamente, sobre todo en Valencia y Baleares, ya que a principios del siglo XX en Cataluña “renegaron” de este patrimonio cultural para sustituirlo por uno nuevo (la sardana), siendo la Jota otra “víctima” de la “hispanofobia” surgida en los años previos a la II República. Pero como en todas las demás cosas que han querido atribuirse los catalanes, la sardana no es más que una jota aragonesa “modificada”. Tampoco se logró erradicar por completo la Jota y muchos grupos de danza catalanes la mantuvieron en su repertorio hasta la actualidad. Los radicales independentistas pierden los papeles cuando se les demuestra que Cataluña es España y viceversa, ya que su contribución ha enriquecido y enriquece nuestra Historia y no solamente la de Cataluña.

Dicho así, sin un estudio más detallado, parece que le damos la razón a los autores que aseguran un origen concreto de la Jota en el XIX, pero Caro Baroja apoyaba la hipótesis etimológica del término que venía del árabe “xotah”, que significa “saltar con ritmo”. Si esta apreciación es cierta, debemos remontarnos al menos un par de siglos más en el tiempo, por lo menos. Documentación en mano, se tiene constancia de que en 1666, en la capilla del Pilar, se representaba una pieza con 16 compases, los típicos de una Jota Aragonesa. Como vengo diciendo desde que tengo algo de sentido común, para llegar nada menos que al Pilar, debemos remontarnos como mínimo un par de décadas a dicha fecha, hasta que la Iglesia adoptó una “moda” musical que no entra en su repertorio gregoriano. Pero también el sentido común me dice que debe ser anterior al siglo XVII ya que resulta ser el siglo XVI (como leímos en el post sobre la Guitarra) muy prolífico en cuanto a la música se refiere, comentando las crónicas de la época un aumento instrumental (sobre todo de cuerda), pero también lírico en todo el amplio espectro que el término se refiere. Por eso mi opinión es que la Jota Aragonesa se convierte en el siglo XVI en el estilo musical “perfecto” para el público en general, fue el estilo de moda que sonaba con una guitarra y unas castañuelas, pero capaz de convertirse en toda una reunión compleja de elementos instrumentales y voces, de modo que deleitaba a los particulares, pero podía interpretarse también por grupos numerosos y hasta darle estilo orquestal.

Para darle más énfasis a sus teorías, los autores que defienden la influencia árabe de la Jota Aragonesa, no solo convienen en la traducción posible de su nombre, sino que aducen similitudes rítmicas, y sobre todo visuales, pues las danzas les recuerdan mucho al folclore del norte de África. Además se han sorprendido de que las zonas donde más ha arraigado sean precisamente en las áreas agrícolas por tradición (donde se asentaban los moriscos), tanto del Ebro, como en las zonas agrícolas de los reinos de Valencia y Murcia. Pero este último concepto no me convence demasiado, ya que si seguimos tirando del hilo, visto así podemos remontarnos hasta el siglo VIII, que no es imposible, pero creo que todavía prematuro para que en Aragón se fusionen las culturas musicales en la Jota. De todas formas, el argumento agrario no me atrae, ya que durante toda la Edad Media se vivía principalmente del campo, así que debe ser por algo más que en esas zonas conservaran durante más tiempo la costumbre.

Si necesitamos bandurrias, guitarras o vihuelas, castañuelas, tambores, y más tarde violas, violines, fagots y flautas, no creo oportuno remontarnos más allá del siglo XVI, aunque no cabe duda de que la espontaneidad en la música siempre viene basada en una composición anterior, pareciendo nueva, pero no es más que una maravillosa evolución de corrientes, estilos y modas, casi siempre criticadas por su buen gusto por unos y de “mal rollo” por los demás. Eso es algo que nunca ha cambiado ni cambiará. Para los que crecimos en esas zonas tradicionales de la Jota Aragonesa su sonido nos transmite profundas emociones que no podemos explicar. Es como si en nuestro ADN viniera impresa alguna partitura que nuestros antepasados (musulmanes, judíos o cristianos) bailaban hasta el amanecer. La Jota pasó no sólo al folclore peninsular sino que se trasladó a América e influenció a los americanos nuevos y nativos para la evolución de la Música.

¿Qué es sino una saeta en Andalucía o una ranchera mexicana más que una jota evolucionada, tal y como propone con agudeza Pío Baroja en su obra “Desde la Última Vuelta del Camino”? La Jota transforma no sólo todo el ámbito musical sino también el escénico, ramificándose hace dos siglos en distintos tipos de baile y coreografías gracias a la Zarzuela, que surge a finales del siglo XVIII y se convierte en la inspiradora de los estilos que irán surgiendo en adelante, tanto orquestales como populares en general. La Jota surge quizás hace mil años en las montañas de Jaca, como cante y danza pastoril, o quizás como una invención palaciega en la Zaragoza de las Mil y una Noches, pero no cabe duda de que a ella le debemos la inspiración para toda la música que se ha ido creando en la época Moderna.

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