La música celta sin duda aporta a la música moderna todo su contenido emocional y espiritual, legándonos  un repertorio nutrido de melodías y composiciones de una calidad sublime, recibiendo siempre un gran acogimiento a nivel planetario. Posee gran variedad instrumental, pero es la gaita la más representativa, identificando inmediatamente a esta cultura milenaria con dicho instrumento. La gaita no es un invento celta, pues se han encontrado restos en yacimientos prehistóricos y alejados de sus áreas de influencia, pero mantuvieron la costumbre y construyeron instrumentos hasta la actualidad, cuando en las demás culturas fue desapareciendo (salvo en contados lugares).

Casi se puede identificar cada territorio celta con su tipo de gaita. Los yacimientos celtas más antiguos de Europa se han localizado en Galicia e Irlanda (siglos VII y VI a. de C.). En dichos yacimientos (castros) se han encontrado piezas susceptibles de pertenecer a gaitas, pero la degradación de las materias orgánicas (del fuelle u odre) que la componen, hace muy difícil asegurar dicha correspondencia. Tenemos referencia de los cronistas romanos de hace dos mil años para describir dichas primitivas gaitas (tibia utricularis era la gaita romana descrita por Suetonio), pero las propias gaitas romanas son más conocidas al detalle que las celtas.

Las principales zonas donde se ha conservado la costumbre de tocar la gaita sin duda están influenciados por la cultura celta: Portugal, Asturias y Cantabria, León y Zamora. Ya más alejados del área de influencia, la encontramos también en Salamanca, Extremadura (ambas consideradas celtíberas). Ya fuera del ámbito celta: Aragón, Cataluña y Baleares (donde prácticamente pierden el odre, como pasó con la dulzaina valenciana, aunque se mantiene en algunas localidades). En Centroeuropa la encontramos muy arraigada en la Bretaña Francesa, Países Bajos y sin duda en Escocia, llevada por los colonos irlandeses que poblaron las Highlands allá por la Edad Media.

En todas las Islas Británicas se mantiene el gusto por la gaita. También hay zonas de Italia y Croacia con representaciones aisladas, pero las zonas con más número de bandas y donde más tradición prevalece es en la Costa Atlántica, con Galicia e Irlanda en cabeza, en el Occidente de Europa, algo que no cuadra porque se supone una cultura llegada del Este de Europa, donde no queda prácticamente ningún instrumento que se parezca a la gaita. Pero el tema del origen del pueblo celta es algo perteneciente a otra sección de la Historia. También es posible que los celtas adoptaran la gaita una vez establecidos en sus asentamientos, pues repito, la gaita era un instrumento típico del pastoreo que se utilizaba al menos desde el Neolítico por toda la geografía del Mundo Antiguo. Los escoceses adquieren la costumbre de tocar la gaita mucho más tarde y por influencia de los colonos irlandeses, no antes del siglo XII, aunque una de sus marchas militares se hizo famosa en el mundo entero tras la Segunda Guerra Mundial y el Cine.

Hasta llegar a la sofisticada gaita electrónica, inventada por el asturiano José Ángel Hevia, colaborando Alberto Arias y Miguel Dopico, este instrumento ha sufrido muy pocas variaciones al correr de los siglos.

Prácticamente es la misma desde la Edad Media y sus variantes locales se crearon y mejoraron en dicha época. La calidad de la madera y el fuelle es lo que caracteriza dichas mejoras, no así su diseño, que se ha mantenido casi inalterado. El número de lengüetas, cañas y sus tamaños produjo un buen número de instrumentos de viento al suprimirse el fuelle, desde el oboe hasta las dulzainas. Así que resulta la “madre” de numerosos instrumentos de viento. También fue la precursora (o inspiradora) del acordeón.

En España relacionamos la música celta con Galicia, con o sin gaita, aunque todavía no esté claro si se podría llamar “celta” o si estos pueblos adoptaron estilos ya formados en la Península, tal y como proponen los estudiosos del Imperio Romano y del periodo inmediatamente posterior. Mi opinión siempre resultará más ecléctica, pues “inventar”, nadie inventa nada, sino que le suma detalles que lo convierten en un estilo genuino. Así que debemos sumar lo celta a lo ibero-romano, y obtendremos una muñeira, por resumirlo de algún modo.

Lo que no se puede negar de la música celta en general es su carácter contemplativo, sus melodías y “tempos melancólicos”, que aportan al mundo de la música un equilibrio fundamental. Sus ritmos son casi hipnóticos y nos trasladan a esas épocas de druidas y de bailes alrededor de una hoguera que vemos en tantas películas de época. Localizo bailes tradicionales irlandeses en el Country norteamericano, y sin duda en el Pop y el Rock & Roll.

Las danzas gallegas evolucionaron con la Jota Aragonesa desde sus inicios, gracias al Camino de Santiago,  y sus aportes también se hacen visibles en numerosas composiciones hasta el siglo XX, en los ámbitos de la Zarzuela, composiciones militares y religiosas y numerosas danzas tradicionales. Con y sin gaita, los ecos musicales del Noroeste de España se hacen sentir y las numerosas rutas jacobeas la difunden hasta Andalucía y el Levante desde hace mil años, en un intercambio que produce similitudes curiosas a pesar de las distancias. Tampoco hay que olvidar que existen al menos dos caminos de peregrinación que recorrieron Europa entera hasta el Norte de Alemania al menos, que nosotros llamamos «Camino Francés», donde se cruzaron las distintas culturas europeas.

La gaita también se deja sentir en el todo Noroeste Francés, y una franja amplia central, en Italia y los Balcanes, aunque en estos dos últimos lugares no se establecieran los celtas. Pero el sonido celta repercute desde el siglo XVI al XIX en la música de cámara y posteriormente en las composiciones sinfónicas. En el siglo XVII desaparece del ámbito orquestal la gaita, teniendo intervenciones contadas, pero no así su sonido, que se emula mediante otros instrumentos de viento. El ejemplo más significativo podemos comprobarlo en las genialidades del compositor Vivaldi, o también podría decir Händel, ambos entre los siglos XVII y XVIII, en los que se intuye la influencia de la música celta de inmediato. El primero utiliza los instrumentos de cuerda con unos “aires” que nos recuerdan la contemplación celta por la Naturaleza y sus danzas.

No encuentro a Vivaldi “cercano” a la música tradicional italiana y sí más próximo al Atlántico. Con Händel resulta algo más evidente su contacto con el estilo celta. De hecho termina sus días instalado en Inglaterra y me parece muy cercano a lo que los británicos esperaban escuchar, de ahí su gran acogida inmediata y posterior éxito internacional. Claqué, Zapateado y todos los bailes donde se usan los pies como percusión, para continuar con la evolución hasta la música contemporánea, la podemos observar en los bailes irlandeses más antiguos y tradicionales.

La música celta es apasionante. Solamente hay que escuchar y ver los videos que os comparto para emocionarse. En distintas ciudades de Irlanda, Francia y España se celebran festivales donde se puede deleitar uno con este estilo. Uno de los más importantes del mundo se celebra en Ortigueira, A Coruña, todos los años, y ya tiene más de 40 años, donde se reúnen todos los países de origen celta (y no celtas, como Japón y otras zonas del mundo pero que se identifican con el estilo musical y la música folclórica en general), con representación de sus mejores grupos folk. Desde el año 2005 está declarado de Interés Turístico Internacional y cada verano reúne a más de 90.000 espectadores.

El aporte de la gaita a la música Pop española e internacional, tuvo en el grupo Os Resentidos una gran repercusión en la década de los 80s, y es quizás el último gran éxito de este instrumento a nivel internacional dentro del estilo Pop/Rock en habla española (y gallega).

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