Desde que existe la arqueología se han hallado en tumbas y en otras localizaciones carentes de ritual, restos humanos donde el cráneo presenta perforaciones de distintas formas y tamaños, que siempre han suscitado numerosas preguntas a sus descubridores. Existe una mayoría de investigadores que creen y demuestran que estas escisiones en el hueso craneal no son más que agresiones y, por consiguiente, causaron la muerte de la persona (en algunas ocasiones sobrevivieron). Pero en otros casos concretos, la característica de dichas perforaciones cuestiona la “lógica” observación científica, hablamos del misterio de los cráneos trepanados.

La trepanación era y es una práctica con la cuál se pretende la curación de ciertas dolencias, que se creían originadas en el cerebro, mediante precisos accesos en el hueso y llegar hasta el mismo. Casi siempre aparecen como pequeños agujeritos similares al efectuado por un taladro, pero se han encontrado cráneos con escisiones del tamaño de un puño. Con ello, se “liberaba” la presión excesiva del cráneo sobre la masa encefálica, aliviando migrañas, dolores de cabeza, ataques epilépticos y otros dolores menos “naturales”, como posesiones y males del alma, ya que también se liberaban los malos espíritus.

Existe una gran admiración científica cuando se encuentran restos datados en el 6.500 a. de C., como el cráneo Hallado en Ucrania en 1966, que muestra una cicatrización y que lleva a los investigadores a creer que son los más antiguos vestigios de la cirugía. ¿Cómo es posible que el ser humano intente una cirugía que incluso en la actualidad se considera la más difícil de practicar?

Donde se encuentra una vasta literatura, tanto científica como de ficción es en los cráneos trepanados que se han hallado en el Antiguo Egipto. Novelistas magistrales como Mika Waltari a mediados del siglo XX, como el más actual y preciso autor Christian Jacq, nos relatan con fantástica maestría cómo debieron ser dichas operaciones, donde la figura del “hemostático” era fundamental para la detención de las terribles hemorragias.

Desde que en el siglo XIX comenzaran a darle importancia a este tipo de hallazgos, surgió toda una variedad de teorías, cada una más fantástica que la anterior y comenzaron a surgir una gran cantidad de leyendas en torno a los cráneos trepanados. Como “observador escéptico” no tengo más remedio que admitir un total desconocimiento sobre los motivos reales, ni de cómo ni quién practicaba la trepanación hace 8.000 años. Es una cuestión que debemos confiar a los científicos forenses, pero éstos sólo nos pueden decir aspectos relacionados directamente con los restos y no de qué instrumento o arma se pudo utilizar, más que con congeturas.

No quisiera quitar emoción a todas esas teorías sobre la precisión de los agujeros encontrados en algunos cráneos, donde se sugiere que pudiesen estar producidos por impactos de bala e incluso por un haz de láser, cosa que sería interesante y extraordinario, pero las puntas de lanza, incluso las fabricadas con sílex, las mismas que vemos en el museo arqueológico de nuestra ciudad, lanzadas a 30 m. de distancia, también pueden producir una perfecta forma cilíndrica y sin apenas estrías, pues la mayoría estaban perfectamente pulidas. Las vemos ahora más deformes por que tienen 8.000 años de antigüedad. Pero quizás en un futuro podamos encontrar esas “otras armas” o instrumentos “anacrónicos” que corroboren y añadan misterio a ciertos hallazgos, como el martillo fosilizado fabricado con un metal que no se oxida, un OOPART (objeto fuera de su tiempo), datado en 140 millones de años, encontrado en 1934 en la localidad de London, EE.UU.

 

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