Desde el año 1983 el volcán Kilauea no había dado signos de actividad destacable, pero todo es cuestión de poco tiempo, ya que forma parte de la zona más activa del Planeta, en lo que a movimientos sísmicos y emanaciones de lava se refiere, origen de numerosos tsunamis y de desapariciones de islas y de otras que emergen de la noche a la mañana. El Kilauea en las islas Hawai, el Krakatoa en la zona entre Java y Sumatra, el Etna en el Mediterráneo, el Nevado del Huila junto a otros del entorno andino en América del Sur, el Santa Helena en Estados Unidos y, por supuesto Japón y la zona más meridional de Rusia, resume prácticamente los tipos de volcanes y nos muestran actualmente la devastadora forma que tienen de presentar sus poderosas emanaciones.

Si pudiéramos separar el agua del mar desde el Norte de las islas Hawai hasta casi la Antártida, veríamos una inmensa cordillera cuyos puntos álgidos son los visibles en la superficie, formando miles de islas en su recorrido. Dicha cordillera sufre continuados choques de las placas tectónicas con los subsiguientes corrimientos de tierra. En la erupción del Kilauea se registran terremotos de hasta 6,9 grados de intensidad, y eso se debe a que no se trata simplemente de la emanación de lava, gases y otros materiales hacia la atmósfera, sino que todo lo que ocurre en el magma, quizás a miles de kilómetros de distancia y profundidad, supura en ese punto de las formas más espectaculares mostrada por la Naturaleza. Aunque no se espera una explosión o explosiones demasiado estruendosas, el Kilauea forma ríos de lava incandescente de hasta 1000º que lo arrasan todo y sus emanaciones gaseosas sulfurosas pueden ocasionar la asfixia de todo ser vivo que las inhale. El Kilauea es un volcán del tipo Escudo o Caldera, está situado al sur de la isla y, aunque la región no está muy poblada, han sido evacuadas más de 2.000 personas en un extenso radio de más de 100 kms. La caldera se encuentra a 1247 msnm.

Para la historia de las erupciones volcánicas, desde que se tienen registros escritos, la más devastadora fue la del volcán Krakatoa, que se encuentra en el Estrecho de Sonda, entre Java y Sumatra. Del mismo tipo que el Kilauea, en el año 1883 comenzaría una actividad frenética que culminaría el 27 de agosto con una terrible explosión que destruiría casi la totalidad de la isla, matando a 31.000 personas y arrasando 163 poblaciones. Pero si la erupción en si fue algo terrorífico y de gran impacto visual, pues la columna de humo se podía ver desde las islas vecinas, todavía sería más sobrecogedor el chorro de ceniza y gases que alcanzaron los 6.000 metros de altitud, provocando numerosos fenómenos ópticos por todo el Planeta durante más de dos años, también provocó olas de 40 metros de altura en el mar, ocasionando los subsiguientes tsunamis, además durante tres días impidió que la luz del Sol se viese con nitidez en todo el Globo, algo comparable a 7.000 bombas atómicas como la de Hiroshima. También muchos investigadores creen que numerosas epidemias del tipo respiratorio se debieron a la erupción, ocasionando muchas muertes colaterales durante una década al menos. Este volcán también sigue activo y se registró la última erupción en el año 2014.

El Krakatoa y el Kilauea son de similares características. El temor por una explosión de las dimensiones anteriormente relatadas siempre se mantiene latente en las cabezas de las personas que lo han estudiado o escuchado de sus antepasados, pero la verdad es que no somos conscientes de que nuestro tiempo es tan efímero en el reloj de la Naturaleza, que el cambio climático, la capa de ozono o cualquier otro cataclismo puede ocurrir mañana como dentro de 10.000 años, mientras nosotros nos ocupamos de las cosas más superficiales, en vez de preocuparnos por disfrutar de la vida, todos, una vida para una especie que sólo lleva en la Tierra 300.000 años. El Kilauea, geológicamente, lleva entre 400.000 y 600.000 años escupiendo lava (Kilauea significa eso precisamente, escupir), y sólo espera su momento para reventar con una furia de miles de megatones y quizás, ocasionando la extinción de parte de nuestra especie.

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