Wamba es un municipio de la provincia de Valladolid, situado casi en su centro geográfico, y a una distancia menor de 18 kms de la capital pucelana. Si recorremos el Camino de Santiago partiendo desde Madrid resulta de paso obligado. A quienes en el cole les obligaron a memorizar la lista de reyes godos el topónimo les resultará familiar y, además, está relacionado directamente con uno de ellos, pues el famoso rey Recesvinto tenía allí su villa de descanso y, por avatares del destino, consiguió que se convirtiera en su descanso definitivo, proclamándose su descendiente Wamba como rey en su lecho de muerte (año 672) y es el motivo de que la localidad desarrollada posteriormente tomase su nombre.

La primera curiosidad que encontramos en este bello pueblo es su mismo nombre, pues ninguno más de todo el territorio nacional contiene la letra “w”. Su población censada es de 343 habitantes en el año 2016. El valor histórico de esta pequeña localidad se concentra en su grandiosa Iglesia de Santa María, donde se han conservado elementos de una primitiva iglesia de tiempos del rey visigótico Recesvinto y que ahora muestra su contraste arquitectónico de estilos, encontrando por ejemplo un arco románico y justo al lado, otro de estilo mozárabe, pudiendo observar allí plasmada una línea temporal que recorre la Edad Media castellano-leonesa, con amplia presencia de elementos del siglo XII.

En la Iglesia se conserva también un osario con más de 3.000 esqueletos con restos que abarcan un periodo entre los siglos XIII al XVIII, dispuestos ordenadamente en algún momento concreto, apilados en las paredes y que se pensaba pertenecían a los restos humanos de monjes, pero se han observado restos de niños y mujeres, así que la hipótesis actual es que son restos de alguna fosa común o incluso provenientes de un cementerio de la población y se depositaron allí para su traslado a una ubicación nueva. En una de las paredes se puede leer: “Como te ves, yo me ví. Como me ves, te verás. Todo acaba en esto aquí. Piénsalo y no pecarás”.

En otros pueblos de la Península se pueden ver manifestaciones de este tipo, que nos acercan de manera espectacular a nuestra “otra etapa de la vida”, sobre todo al sur de Portugal. Debemos tener en cuenta que la muerte tenía una perspectiva distinta en la Edad Media. Los enterramientos se producían en el mismo suelo de los hogares o en pequeños fosares en el mismo centro urbano. A partir de las nuevas Ordenaciones Urbanas mandadas por el Emperador Carlos, todos los pueblos del Imperio comenzaron a trasladar a sus muertos a lugares específicos y alejados, costumbre que se hizo general en el siglo XVI, pero en algunos lugares, el traslado dejó enigmáticas “reuniones” cadavéricas, acentuadas por las plagas de enfermedades y guerras, sin posibilidad de una clasificación y quedando amontonados en osarios, algunos espectaculares, como en la ciudad de Roma.

Los atractivos de Wamba son numerosos. Además de su rico patrimonio arquitectónico y cultural diseminado por el pueblo y  todos sus alrededores, se puede aprovechar para degustar la rica gastronomía de la Región, con unas carnes, quesos y frutos de temporada (como los boletus y otras setas), regados con uno de los vinos más reconocidos del mundo, dada su cercanía con la Ribera del Duero. Las fechas más recomendables para visitar Wamba es el primer fin de semana de febrero, cuando se celebran Las Calendas, la Semana Santa, San Isidro el 15 de mayo y en las Fiesta Mayores de la Virgen y San Roque, que se celebran cada 15 y 16 de agosto.

Toni Ferrando.

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