NetFlix distribuye un documental de National Geographic sobre la figura de Jane Goodall titulado “Jane”. El mismo recorre no solamente la biografía de esta pionera documentalista, recordando el vínculo que surgió durante años de contacto y estudio de los chimpancés, sino que resulta muy interesante por emitirse por primera vez numerosos fragmentos de rodajes que se creían perdidos, imágenes de esas primeras escenas y de sus estancias a lo largo de su carrera, que la primatóloga inglesa experimentó en el corazón de África.

La visión que se tenía de sus experiencias en la selva africana queda ahora mucho más completa. Durante décadas, y sobre todo en esos primeros años de finales de los 50s y principios de los 60s, se tenía una idea distorsionada de esa mujer joven, bonita y blanca que, aunque no fue la primera en estudiar la Naturaleza en África, si sería la pionera en intentar conocer en profundidad la conducta animal, en concreto de los chimpancés: cómo interactuaban con su entorno salvaje, para compararlos con el ser humano, es decir, conocernos a nosotros mismos a través del reflejo como la especie más parecida al Homo Sapiens. Que fuese una mujer, además sin estudios académicos ni científicos, ni preparación en otros trabajos de campo, la relegaba al ostracismo. Todo hay que decirlo: su jefe, el keniano Louis Leakey, sería el verdadero artífice de dicho milagro, pues sin su apoyo económico y moral, nunca habría logrado realizar sus estudios, quizás siquiera pisado aquel parque protegido africano en su vida, aunque ese fuese su sueño desde la más tierna infancia.

Este tipo de documentales que no sólo implica a las especies observadas, sino que también nos muestra la “vida y milagros” de los científicos que observan, quizás para darle más énfasis a la obra de protección de la Naturaleza que realizan, sin duda despierta en los escépticos numerosas cuestiones. La principal es quizás la obvia: por sus esfuerzos y fondos económicos conseguidos, muchas especies proliferan ahora en más cantidad que cuando vagaban silvestres por el planeta. Los numerosos parques naturales creados en todas las latitudes se han “desequilibrado” por la mano del ser humano. Así tenemos que en España se deben matar a más de 250 lobos para controlar la superpoblación. Lo mismo ocurre con los elefantes en Tanzania y otros lugares, que devastan toda la vegetación por donde pasan. En Australia llevan décadas intentando equilibrar la fauna y flora autóctona (muchas desaparecidas) por causa de especies introducidas por el Hombre. Los ejemplos son muy numerosos, así que plantean a científicos y políticos un dilema, pues cuando antes se castigaba con severas sanciones la caza reiterada de dichas especies, resulta que ahora son ellos las que la promueven, indicando cuándo y qué cantidades se pueden asesinar. Una paradoja que nunca llegaré a entender.

En mi eclecticismo general de todas las cuestiones que conciernen al ser humano, nuestro “valor” en el planeta tierra es quizás el que más me ha preocupado siempre. No encuentro un término medio aceptable porque siempre surge alguna paradoja que “desequilibra”, y observo que cuanto más jugamos a ser Dios, más desastres ocasionamos en el entorno. En el caso de Jane Goodall me ocurre de manera evidente, pues su “intromisión” en el mundo de los chimpancés no sé si fue positivo o negativo. Es indiscutible que salvó y promovió la Naturaleza con su labor, pero mejor me explico con más detalle a continuación.

Si aplicamos los campos filosóficos (ética/moral), matemáticos o físicos a nuestro comportamiento como seres humanos, nos analizamos objetivamente y con toda la frialdad del mundo, nuestro estilo de vida siempre encontrará paradojas. El vegetariano o vegano se siente feliz porque quiere ignorar el sufrimiento que produce a las especies vegetales, en beneficio de los animales. El vegetariano está rompiendo una regla de millones de años de evolución, quiere cambiar el metabolismo, y no es consciente de las repercusiones a medio y largo plazo que puede ocasionar en sí mismo y en el entorno. Las distintas filosofías y religiones basadas en una alimentación determinada, deberían permitir una proliferación beneficiosa de las especies animales “tabú” al menos, pero en cambio, dichas especies están desaparecidas del entorno. Que yo sepa, ni en Israel ni en los países musulmanes existe el cerdo de granja, y solamente campan algunos jabalíes en las zonas boscosas  protegidas. Con la vaca en territorios hindúes llegó a ser un problema de categoría nacional, pero dejó de serlo con la «jerarquización» de la especie y los asesinatos indiscriminados contra la especie bovina desde los años 80s, controles realizados a espaldas de la sociedad civil, y que desarrolló una industria láctea y cárnica muy productiva en divisas.

Pero es en el terreno científico donde encuentro a Jane Goodall “culpable” de jugar a ser Dios, algo que continuó hasta la actualidad, aunque dejase los trabajos de campo. Si miramos la estadística, se conocen más de 10.000 especies que han desaparecido del planeta desde la era de los dinosaurios, entre ellas 4 de seres humanos, como el Neandhertal, una especie que vivió hasta hace unos 40.000 años. Pero especies de insectos y de seres vivos que no alcanzamos a reconocer a simple vista, el número de especies desaparecidas podría triplicar al menos la cifra estimada. Cuando un científico se “entromete” en dicha desaparición, las repercusiones a medio y largo plazo pueden ser catastróficas, o si no, al menos preocupantes. Un ejemplo lo encontramos en China con el oso panda, una especie que debió desaparecer por convertirse en un animal especializado. Tras cientos de millones de dólares invertidos, en parte recuperados tras venderlos a 1 millón de dólares la cría, resulta que peligra su existencia de todos modos, ya que su fuente de alimento se ha agotado. Pero sigamos analizando la labor concreta de Jane con los chimpancés.

Existen dos enunciados físicos que explican a la perfección el error que cometen los “animalistas” cuando pretenden salvar especies sin un estudio pormenorizado de la cuestión. El Principio de Incertidumbre de Heisenberg, aplicable a los parámetros científicos que se utilizan para las estadísticas y control de las especies, ya que nunca se han obtenido los resultados previstos y eso ha llevado siempre a la introducción de otras especies depredadoras y a desastrosas consecuencias para el medio ambiente. Y la Paradoja de Schrödinger, ésta en la que se introduce un gato en una caja cerrada y un dispositivo libera un gas venenoso que se disipa o permanece letal para el gato en un 50% de posibilidades de morir. El observador de la caja puede decir que el gato está muerto o vivo, del mismo modo que un científico cuando suelta en libertad a un lince en Sierra Morena. La simple presencia de Jane Goodall en el mismo entorno de los chimpancés provocó una “revolución” de dimensiones insospechadas. Vulneró dichos dos enunciados y eso convierte sus observaciones en “no determinantes”. Las enfermedades transmitidas por el ser humano a los chimpancés es una prueba más que suficiente para corroborar los enunciados, enfermedades que los mismos científicos  transmitieron, y masacraron a centenares de animales a los que se pretendía proteger. Cualquier solución dada a la protección ha sido desastrosa porque la Naturaleza sigue su plan y en el mismo tiene previsto también que nosotros desaparezcamos.

Me encanta la Naturaleza, la fauna y la flora, me encantan los documentales dedicados al conocimiento de ésta, pero reconozco que el ser humano se “corrompe” y radicaliza para ser escuchado y atendido para compartir su sueño en la vida. Mañana un científico que reúne varios millones de dólares, realiza un documental sobre el gusano de pantano endémico de Beniarrés (Comunidad Valenciana), financia su distribución en colaboración con National Geographic, y tenemos un criadero de gusanos con instalaciones de millones de euros para su protección. ¿Qué papel tenemos realmente los seres humanos? ¿Somos los protectores de la Naturaleza o somos viajeros que exterminamos especies para sobrevivir nosotros? ¿Tenemos derecho a señalar qué animales o plantas son las que deben permanecer y cuáles desaparecer en esta lenta evolución del Planeta Tierra?

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