España es el mayor productor de aceite de oliva del mundo. El proceso de elaboración de este aceite es de lo más sencillo: se “ordeñan” los olivos y se “exprimen” las aceitunas en las almazaras, se refina el jugo y se envasa en lata, garrafa o embotella. Por último se transporta a las tiendas y supermercados. Eso es todo el secreto que envuelve su elaboración. España produce al año una media de 1.2 millones de toneladas de este aceite en esta última década. También somos el mayor exportador y el que presenta más variedades (260) y mejores calidades. En vista de su éxito, los Estados Unidos han creado nuevos aranceles a sus importaciones (pasado mes de Noviembre, de una media del 5%) porque, cuando hay negocio, todos quieren llevarse tajada.

En 1999 la producción de aceite en España estaba entorno a las 600.000 toneladas y el precio por litro del aceite de oliva virgen no superaba las 350 ptas (2,10 euros actuales y según datos de la Junta de Andalucía descargados en PDF). En los grandes supermercados (los que marcan la pauta a seguir con los precios), se podía comprar un buen aceite de oliva por 190 ptas (1,14 euros), aceite que era adquirido por la inmensa mayoría de los consumidores. Ese año y el siguiente se experimentó una pequeña reducción en el precio con respecto a los anteriores, hasta que llegó el cambio de moneda y el “redondeo” aumentó el precio a 2,5 euros el virgen (416,65 ptas.) y a una media de 1,90 el más vendido (316,65 de las pesetas). Así que ya en el año 2002 sufrimos una engañosa subida por ajustarse a la nueva moneda, como otros numerosos productos que debían rondar el euro (166,66 pesetas). El motivo de la reducción de precios del 99 se debió principalmente a un exceso de la producción, y en el año 2000 aumentó todavía más, hasta las 640.000 toneladas. El porqué de repente nos encontramos con un aumento de precios, a pesar del crecimiento de la producción, se debe exclusivamente a la especulación con la nueva moneda. Si el productor aplica un redondeo, el transportista aplica otro redondeo y el vendedor aplica un tercer redondeo, ocurre como con el IVA, que se convierte en un precio “inflado” hasta lo inadmisible.

Pero no deseo entrar en materia que sea refutable para cualquiera que posea conocimientos de Economía, sino que mi intención no es otra que mostrar el poco sentido común al que se ha llegado con un producto básico en la alimentación de todos los españoles. Desde hace poco menos de un año, no se puede adquirir ningún aceite de oliva a menos de 5,25 euros (875 de las antiguas pesetas), siendo los mayores productores y los terceros consumidores del mundo. Existen numerosos países donde se vende nuestro aceite más barato que en nuestras vitrinas de tiendas y supermercados (ya se exporta a 77 países). ¿Qué está pasando? ¿Porqué nadie pone el grito al cielo? ¿Nadie observa la inmensa tomadura de pelo, donde no se respeta la ley mercantil no escrita sobre la oferta y la demanda? ¿Quién es el responsable de que el gasto de un producto básico de nuestra dieta suponga un mínimo de 15 euros mensuales?

Según la página ASAJAJAEN, el precio de esta misma semana de un litro de aceite de oliva está en 3,54 euros (supongo que para los mayoristas), pero en las grandes superficies y mercados, ninguno baja de los 5 euros (se ven algunos a 4,85 o rondando los 4 si adquieres garrafas de varios litros). Tanto el precio de las almazaras como el final al consumidor, han sufrido en estos últimos 15 años un aumento injustificable y que debe plantear si es este el motivo por el que no somos los mayores consumidores, pues gran parte de la población está adaptándose a cocinar con otro tipo de aceites y grasas vegetales. Pero no hay nada como una comparativa para observar el poco sentido común y lo disparatado de los precios de nuestro “oro líquido”, por ejemplo con otro oro, el “negro”, que éste si escandaliza a la población cuando sufre un desmesurado aumento de precio.

Coste de extracción del crudo: Inexistente en territorio español. Plataforma marítima o planta terrestre situadas a miles de kilómetros de España con un gasto mínimo de 600.000 euros anuales euros las terrestres. Las marítimas  superan los 100 millones de euros. Numerosas plantillas de trabajadores en ambos casos. Geólogos y otros obreros especializados. Pozos limitados en producción.

Coste de extracción del aceite de oliva: mantenimiento de los olivares casi inexistente, uno o dos campesinos a lo sumo, dependiendo de las proporciones del terreno. Jornaleros para recoger la aceituna (de temporada).

Envasado y transporte del crudo: barriles que se transportan en superpetroleros con numeroso material y maquinaria pesada. Obreros especializados en todo el proceso de transporte.

Transporte de las aceitunas: en camiones volquetes para 6 toneladas de media, aunque se utilizan prácticamente de todos los tamaños existentes, incluidos los tractores con pequeños remolques de hasta 3.500 kgs.

Refinado: España posee varias refinerías de petróleo, donde se procesa el crudo para convertirlo en distintos tipos de combustible. Este tipo de plantas tienen un coste anual de mantenimiento y de actualización de las plantas que supera el centenar de millones de euros.

Refinado del aceite de oliva: almazaras. Prácticamente todo mecanizado y se necesita una cuadrilla que apenas supera la decena de trabajadores de media. Se puede instalar una almazara moderna con un presupuesto inferior a los 600.000 euros.

Embotellado y presentación al consumidor

El combustible resultante del petróleo termina en formato de bidones de cinco o diez litros, aunque la inmensa mayoría se envía a los surtidores especiales (gasolineras) con camiones específicos para su transporte (material inflamable y peligroso), que deben pasar por un proceso de control riguroso, tanto los camiones como las gasolineras.

El proceso final de la almazara es la del embotellado automático del aceite resultante. Dependiendo del refinado, se etiqueta su calidad y se distribuye en botellas de 1 litro la mayoría, en una cadena automatizada. Esta cadena es quizás la maquinaria de mayor coste en todo el proceso, pero amortizable por el ahorro en mano de obra que supone. Tráilers o camiones de gran tonelaje se encargan de que llegue a las tiendas y supermercados de toda España.

1 litro de gasolina cuesta 1,28 euros a día de hoy.

1 litro de aceite de oliva cuesta 5,25 euros.

¿Les parece de sentido común? Aunque lo bajaran a 2 euros, seguiría siendo desproporcionado en relación a los costes de producción entre uno y otro producto. Los productores dirán que “es cosa de las grandes superficies comerciales” y éstos dirán que aumentan el precio tanto los productores como transportistas. Tenemos olivos milenarios, que ya daban aceite en tiempos de Abderramán II, es un producto de la tierra, que raramente le afecta la sequía pues está completamente aclimatado al entorno mediterráneo de la Península. ¿Quién ha permitido y permite esta especulación con el precio de nuestro más importante tesoro natural?

Tanto el Estado como los comerciantes tienen un ejemplo perfecto para no seguirlo, esto es la naranja de Valencia, el producto natural del campo estrella de la exportación nacional. Ha seguido una trayectoria bien definida: grandes producciones de excelente calidad, exportaciones a buen precio y llegados a los años 90s, confiados en su producto, dispararon su precio, costándole más a un vecino de Gandía que a un alemán de Frankfurt la misma calidad de naranja. Actualmente los productores buscan cultivar “especies exclusivas” porque ya no se pueden permitir bajar y competir con los precios de las naranjas importadas. El boom de la naranja terminó por la falta de sentido común y la avaricia. Ha pasado de ser la primera fruta consumida en España a la cuarta, empatada con la pera conferencia, tras el plátano y la manzana. También por ese motivo, la naranja que consumimos actualmente no tiene la calidad de hace tres o cuatro décadas. El mismo camino está recorriendo el aceite de oliva, no permitamos que se corrompa nuestro “oro líquido”.

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