Durante los últimos cuatro días se ha vivido en Australia un infierno sin precedentes, en un país y continente con poca masa forestal, en comparación con su casi total parte central estéril, compuesta por desierto y semidesierto, de modo que se han visto afectadas por el fuego casi todas sus zonas de bosque simultáneamente, con más de 240 focos, casi imposibles de controlar por las unidades de bomberos y ejército, teniendo que evacuar a decenas de miles de personas de las zonas rurales y poblaciones más próximas a las áreas afectadas, llegando en muchos casos a calcinar mobiliario urbano, vehículos e incluso casas enteras, convirtiéndose el país en un caos de dimensiones sólo recordadas por los sobrevivientes de la Segunda Guerra Mundial.

Primeramente saltó la alarma en el estado de Nueva Gales del Sur, donde ya se hablaba de desastre ecológico hace una semana. Los bosques del Sureste Australiano ardían poniendo en peligro poblaciones muy importantes y muriendo abrasados miles de animales y vegetales bajo las llamas. Las altas temperaturas y los vientos racheados hicieron imposible extinguir los focos con rapidez, y el primer ministro Scott Morrison advirtió que, de seguir en las mismas condiciones, podían seguir ardiendo durante meses. Menos mal que en algunas zonas están cayendo lluvias torrenciales que ayudan a apagar desde esta pasada madrugada. Pero se habla de millones de animales muertos, una catástrofe sin remedio. Las víctimas humanas hasta el momento ascienden a 24 fallecidos, pero hay decenas de desaparecidos y todavía se hace balance de daños. Hasta el momento se han contabilizado más de 1200 viviendas calcinadas.

Desde el principio se culpó al cambio climático y a las inusuales temperaturas elevadas, pues se han batido récords de calor en las últimas semanas, pero ya se han detenido al menos a 24 sospechosos de provocar los incendios. Si bien es cierto que las condiciones meteorológicas son fundamentales, también lo es que su número habría sido mucho menor y quizás más “controlables” que los intencionados, ya que se producen pensados para que arda la mayor superficie posible. Las noticias a este respecto son algo confusas. No olvidemos que se trata del otro lado del planeta y que debemos filtrar todos los “fakenews” que se cruzan por las redes sociales e incluso de los medios oficiales.

Otra cosa que parece clara es la pronta movilización de ayudas desde todos los países para intentar acabar con los incendios. Bomberos de todo el mundo se ofrecen para prestar ayuda y las organizaciones también han dispuesto de ayuda humanitaria de todo tipo en dirección a Australia. Se ha hecho viral la ayuda altruista de una modelo, Kaylen Ward, que cede fotografías de su cuerpo desnudo a cambio de una ayuda económica para Australia. Recaudó 700.000 dólares en solo dos días.

También se han destinado ya ayudas para los damnificados por parte del Gobierno Australiano, con un fondo que se aproxima a los 1.4 mil millones de dólares, de los cuáles un tercio se dispondrán para este mismo año.

Hasta ahora se han calcinado entre 6 y 15 millones de hectáreas en todo el país (es pronto para dar una cifra definitiva), un territorio del tamaño de Bélgica y Holanda juntos. Más de 2600 bomberos profesionales y cientos de voluntarios no dan abasto extinguiendo las llamas. De estos profesionales ya han fallecido 3 en su labor de extinción. De los 136 focos localizados en Nueva Gales del Sur, 69 siguen incontrolados y el humo cubre peligrosamente hasta la capital Sydney. Pero, como dije en el primer párrafo, casi todas las áreas forestales de Australia están padeciendo incendios incontrolados, un infierno de catastróficas consecuencias. En la Universidad de Sydney ya se habla de más de 500 millones de animales de todas las especies los que han sucumbido por las llamas y, solamente en Nueva Gales del Sur, con 1/3 de los koalas abrasados, un desastre ecológico sin precedentes, a pesar de que todos los veranos se sufre este problema.

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