Los que hemos leído mucha Historia no tenemos quizás la visión tan literaria y fantasiosa que el Cine nos trasmite sobre los aventureros y exploradores, que surcaron mares y descubrieron parajes naturales inhóspitos para la cultura europea de su tiempo. El Cine ha radicalizado a estos intrépidos personajes históricos, convirtiéndolos en sanguinarios conquistadores o en capitanes sin escrúpulos cuya ambición no tenía límites. Pero esa calificación no es verídica para el general de estos valientes exploradores. Eran seres de carne y hueso, unas veces temerarios y otras precavidos, como Miguel de la Quadra-Salcedo, el último aventurero que dio España al mundo a la “antigua usanza”, modelo por el que se puede vislumbrar esa “raza española” que exploró los Siete Mares hace cinco siglos. El pasado 20 de mayo se cumplieron dos años de su fallecimiento. Con él descubrimos gran parte de la Amazonía indómita, pues descubrió muchas zonas de selva y tribus indígenas desconocidas hasta su llegada.

No es mi intención menospreciar a los aficionados y profesionales que hoy en día siguen explorando los mares y lugares menos explorados de la Tierra. Por eso, cuando digo a la “antigua usanza”, me refiero a la carencia de tecnología (asistencia) que hoy en día nos acompaña, siendo prácticamente imposible actualmente que alguien desaparezca del mapa, a menos que se lo proponga. “Perderse” y no tener noticias del explorador durante meses e incluso años, era lo habitual para los aventureros del pasado. Este madrileño inolvidable bien vale un artículo para recordar, aunque sea de forma resumida, toda una vida de aventura, culminada por la Ruta Quetzal, herencia viva de sus exploraciones.

Miguel de la Quadra-Salcedo Gayarre nació en el año 1932. Sin renegar de su Madrid de nacimiento, se consideraba vasco-navarro, pues de allí procedía su familia, y en Pamplona se crió desde niño. Allí cursaría los estudios primarios en los Jesuitas de Tudela para más tarde sacarse la carrera de perito agrario, destacando como gran atleta durante toda su juventud. A los 19 años quedaría Campeón de España Juvenil de Lanzamiento de Peso. Su faceta como atleta es quizás la menos conocida, pero bien vale la pena recordar su contribución ya que sorprendería a propios y extraños por sus proezas e innovaciones técnicas.

También en 1952 quedó Campeón Juvenil de Lanzamiento de Disco y desde entonces hasta 1960 fue Internacional Absoluto en 18 ocasiones para distintas disciplinas de Lanzamiento. Consiguió numerosas medallas y Campeonatos de España, y cultivando la técnica de Lanzamiento de Jabalina al estilo “Erausquin” (llamado también “a la española”), consiguió superar el récord mundial sobrepasando los 82,80 metros. Dicho récord se registró en Madrid en el año 1956, pero la IAAF no reconoció el estilo por considerarlo peligroso (como si el estilo “oficial” lo fuese menos). Más adelante superaría dicha marca fuera ya de las competiciones oficiales, pero sólo para registrarlas en el palmarés de las curiosidades y anécdotas del Deporte. Al modo tradicional, su mejor lanzamiento de jabalina alcanzó los 48,60 metros en 1956.

Sería la faceta de periodista la que daría a Miguel renombre en España y algunos trabajos, por ejemplo durante el golpe de estado en Chile, renombre internacional. Comenzaría sus aventuras como reportero (contratado por el gobierno colombiano) en 1961, trabajando como etnobotánico en el curso del río Amazonas hasta 1963. Todo lo que captó su cámara de filmación durante aquel periplo daría pie a los reportajes o documentales futuros que emitiría Televisión Española. Es decir, se trata del pionero en España y uno de los primeros en el mundo en realizar documentales de Naturaleza y de la acción del hombre sobre/contra ella. El primer encargo de nuestra televisión sería nada menos que  recoger imágenes y entrevistas en “la crisis del Congo”, lugar en el que fue condenado a muerte por haber rodado el fusilamiento de 300 prisioneros. Se salvó por los pelos, y por una patrulla armada de cubanos que pasaba por allí. Pero también salió indemne de Vietnam, su siguiente destino, donde la noche y el día se confundían por el fulgor del napalm. Por mi edad, ésta es la época cuando conocí a este intrépido reportero, fascinándome su tono grave de voz, sus largos bigotes, pero entrañable mirada. Yo no tenía más de 8 años, pero se me quedó grabada su imagen por los impactantes momentos que compartía, todavía en blanco y negro.

Durante 1973 contempló los acontecimientos en Chile, cuando la confusión terminó en un golpe de estado. El reportaje de Miguel pasó por muchas dificultades ya simplemente para salir del convulsionado país, escondiendo las cintas a las miradas de las tropas de Pinochet, pero luego la censura de Franco “silenció” el reportaje, guardándose en un cajón de la hemeroteca TVE, y sólo redescubierta hace unos años. Aquí os comparto dicho reportaje.

Nuestro aventurero entrevistó en sus años de periodista a personajes influyentes de su tiempo, como a Indira Gandhi, al Dalai Lama, Salvador Allende, Arafat, Pablo Neruda, etc. También llegó a trabajar con Félix Rodríguez de la Fuente (otro famoso pionero naturalista de la televisión) en La Actualidad Española, donde formaba equipo también el periodista César Pérez de Tudela. Su obsesión con el Amazonas le hacía regresar a menudo y allí trabajó gran parte de su vida. Desde 1984 hasta 1993 realizó numerosos proyectos en el recorrido de este fascinante y grandioso río, siendo reconocida su labor por la UNESCO, declarando Universal su Ruta Quetzal (primero llamada Aventura 92), un ambicioso programa de intercambio cultural entre 58 países para el conocimiento y recorrido de la fascinante Latinoamérica cultural y medioambiental.

Desde que en 1968 ganara su primer premio importante por su labor periodística, la Antena de Oro por su programa “A toda plana”, la lista de galardones resulta apabullante, incluidos varios a título póstumo, como la Gran Cruz de Alfonso X El Sabio, concedida el mismo día de su fallecimiento, a los 84 años de edad en Madrid. La figura de Miguel de la Quadra-Salcedo pasó a la leyenda como figura admirada por todos los aventureros, a mi forma de ver, sin demasiada repercusión. De haber nacido en el siglo XVI probablemente habría descubierto y explorado un continente y su recuerdo habría pasado a los anales de la Historia Universal, pero los españoles somos así con lo nuestro: preferimos darle importancia a las mentiras que cuentan en Hollywood que a nuestros propios compatriotas, esos que inventan, exploran y arriesgan su propia vida por conseguir la gloria y el recuerdo, algo que muchísimos merecen y que quedan en el olvido. Ya sé que mi contribución a su recuerdo resulta muy modesto, pero ahí queda este homenaje a una figura inolvidable, al último aventurero español, ese que los niños soñábamos con emular henchidos de gran orgullo.

“Encontré aquello que Ponce de León tanto buscó, el elixir de la eterna juventud. He descubierto que consiste en mantener la curiosidad y rodearte de gente joven. Si haces eso, nunca envejecerás” (Miguel de la Quadra-Salcedo para El Periódico).

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