Se ha cumplido el plazo de dos años estipulado para la escisión definitiva del Reino Unido de la Unión Europea. Recordemos que la decisión se fraguó mediante una Consulta que ganaron los separatistas ubicados en el corazón de Inglaterra, donde se concentra la mayor población y también por ser los más afectados por las “soluciones” económicas que la Unión Europea y Gobierno Británico contemplan para esta zona, razón fundamental para que la mayoría de los británicos decidieran decantarse por el famoso Brexit. Ni escoceses, galeses, irlandeses ni gibraltareños deseaban salir del Eurogrupo y ahora reina un gran descontento general por una resolución que puede resultar desastrosa para todas las empresas, trabajadores y pensionistas del Reino Unido.

Por de pronto, se empieza a cuestionar la “transparencia” en el referéndum que ocasionó el Brexit. Gran número de ciudadanos de todas las clases sociales se sienten ahora manipulados por las consignas lanzadas en pro de la separación, consignas que el Gobierno Británico niega que hayan salido de sus ordenamientos. Los post y noticias que circularon por las redes sociales resultaron decisivos, noticias que siempre animaban a la salida de la UE para la mejora de la economía, algo que ahora el Gobierno, con la perspectiva tan negativa que se les viene encima, niegan, alegando que se mantuvo neutral y que fue el ciudadano quien decidió.

Los políticos están “sucios” en todos los países. Provocan continuamente nuevos problemas para desviar los que realmente importan. En España ha caído el Gobierno elegido en unas elecciones libres, sustituyéndose por otro que nadie ha votado. Tanto en el Reino Unido como en España, se tergiversa, se miente al ciudadano para que sus políticos sigan en el Poder. En España tuvo que suceder el trauma tan grave con el “problema de Cataluña” y sólo la salida del Gobierno Rajoy calmará los ánimos de todos. Pero en el Reino Unido, la precipitación de su Gobierno que no ha querido informar debidamente a sus ciudadanos, se pagará un precio desproporcionado, ya que a la larga se verán afectados los trabajadores autóctonos e inmigrantes, además de todas las pequeñas y medianas empresas que mantenían interesantes contratos mercantiles con el resto de la Unión Europea. Se verán afectados millones de británicos que gozaban de un pasaporte UE, y comprobarán de primera mano lo que unos ingleses hacinados en el centro de su país han decidido por todos.

Al igual que en Cataluña, el descontento en el centro de Inglaterra por la situación económica derivada de la crisis económica sufrida en la última década, ha derivado en xenofobia y ha despertado un nacionalismo radical que, curiosamente, en ambas mayorías se sustenta por principios democráticos, algo paradójico pues la discriminación, vaya dirigida al colectivo o individuo que sea, no obedece a ningún principio demócrata ni civilizado. Volvemos en este caso al tiempo de las primeras democracias helénicas de hace 25 siglos, donde sólo se permitía ser “demócrata” a los hombres libres, dejando exentos a mujeres y esclavos, es decir, a más de 2/3 de la población. Se repiten las mismas circunstancias políticas una y otra vez, pero esta vez dando a entender el protagonismo de la ciudadanía cuando resulta obvia su manipulación. Todo el mundo sabe que el gobierno británico de hace dos años respaldaba la posición del Si al Brexit, pero ahora argumentan una situación “neutral” para echarle la culpa de los desastres futuros a la ciudadanía. Incluso se pretende culpar a los rusos de desestabilizar y de invadir Google, Facebook y demás soportes de la web para manipular la opinión pública británica a favor del Brexit. Al igual que en España, los políticos británicos se desentienden de los errores continuados que cometen. Del mismo modo que aquí, no pierden. Mientras la ciudadanía se empobrece y pierde poder adquisitivo, los políticos se aumentan los sueldos y atribuciones cada año.

Recapitulando:

Las consecuencias del Brexit las sufrirán los mismos que votaron a favor, es decir, estos ciudadanos que ven peligrar sus empleos por los emigrantes venidos del este de la UE; los pequeños y medianos empresarios que conseguían exiguos contratos mercantiles a causa de la competencia directa de franceses y alemanes; los productores y comerciantes que no podían competir debido a las normativas “esclavizadoras” de la UE; la ciudadanía de clase media y baja en general que ve cada día más difícil encontrar empleo y tiene que emigrar a otros países de la Commonwealth (principalmente) y Estados Unidos. De rebote sufrirán todos los que votaron No, ya que sus economías dependían en gran parte de la Unión Europea. Sólo en España existen más de 300.000 británicos que todavía no saben qué será de sus pensiones y de sus vidas. Un ejemplo en cuanto a la Sanidad: los miles de británicos que vienen a tratarse a las clínicas y hospitales españoles sufrirán un incremento considerable de las tarifas y dependerá del valor de la Libra las posibilidades del mismo.

El gobierno británico paliará los problemas con ayudas y subvenciones al principio, pero eso se acabará por falta de recursos. Tendrán que seguir practicando recortes (principal motivo que provocó el referéndum) y hasta disminuirán las ayudas destinadas a los inmigrantes. Probablemente se contemplen expatriaciones selectivas. Tarde o temprano surgirá el descontento general, ya que las grandes empresas británicas han ido parando a manos de extranjeros, no existe la empresa nacionalizada y hay que pagar los sueldos de millones de funcionarios improductivos. No me extrañaría nada que en menos de dos años el Reino Unido se declare en banca rota y que su orgullo le impida pedir el reingreso a la Unión Europea, de donde nunca tuvo que salir. Claro, el gobierno británico siempre se escudará en que los votantes del Si al Brexit son los culpables de la situación, y si por algún milagro se sale de la crisis económica, dirán que el Gobierno de su Majestad “acertó sacando a su país de la corrupta Unión Europea”.

El abandono del Reino Unido supone un serio revés para la Unión Europea, ya que se trata de un socio económicamente importante, pero todavía lo es más por su peso político. Si consideramos a Alemania como el “motor” de la economía europea, el Reino Unido suponía los “faros” de ésta, con un considerable poder militar y unas relaciones directas con los países de habla inglesa, entre ellos los Estados Unidos, aliados desde hace más de un siglo. Pero las cosas claras, si pensaban los ingleses que la salida les proporcionará una mejora, están equivocados. El gobierno les dijo que solamente el ahorro de 350.000 millones de libras destinadas a la UE, supondría una mejora de la Sanidad y los Servicios, pero en el otro lado de la balanza dejan de disfrutar de las ventajas comerciales de todo tipo que gozan a diferencia de franceses y alemanes por ejemplo. Hablan de sus problemas con los inmigrantes, pero obvian los centenares de miles de británicos que trabajan en la Unión Europea. De aplicar una política de aislamiento absoluto, repercutirá hasta en el Turismo, en ambos sentidos. El año pasado visitaron España más de 19 millones de turistas británicos. Fueron casi 3 millones los españoles que visitaron las Islas Británicas, con un gasto que casi se acercó a los 1500 millones de euros. Está claro que la diferencia es abismal, pero hace tan sólo un lustro, sólo visitaron las Islas la mitad de turistas españoles, indicando un progresivo aumento desde que somos socios comunitarios. ¿Cómo se verá afectado este importante tema del Turismo? La Democracia más antigua del mundo se ha precipitado esta vez hacia un pozo sin fondo. Nadie sabe las verdaderas consecuencias, que pueden ser catastróficas si nos dejamos llevar por el dictado mercantil.

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