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Actualización de este post a día 6 de Septiembre del 2021.

El pasado mes de junio el grupo parlamentario municipal Compromís elevó una reclamación en el Ayuntamiento de Alicante para que se revisase la actuación con respecto a la ampliación de las zonas Azul y Naranja en el municipio. Ante dicha solicitud, se votó en el último pleno del Ayuntamiento, ganando la postura del NO por un rotundo 90 %, por lo que se ha suspendido indefinidamente dicha ampliación de las zonas reguladas de estacionamiento en la ciudad de Alicante.

(Fuente: Comerciantes del barrio de las Carolinas de Alicante)

Actualización de este post a día 3 de Julio del 2021.

Casi dos semanas después de la publicación de este post, hay que hacer constancia de la protesta general de comercios y vecinos de la Ciudad de Alicante contra la Zona Azul y Naranja que se pretende imponer en casi la mitad de la ciudad. Para elevar la protesta y que se revise dicha imposición, se están recogiendo firmas en casi todos los comercios afectados por esta injusta medida. He visitado algunos de estos comercios por el barrio de Las Carolinas, y en sólo dos días se han recogido más de 3.500 firmas, claro síntoma del descontento que produce una nueva normativa que afecta claramente el futuro económico de zonas alejadas del Turismo y de los grandes eventos que se celebren en la Ciudad.

Por otro lado, la respuesta ha sido unánime por parte de comercios y vecinos que, ante la falta de una poderosa Junta Vecinal que represente realmente a los barrios, los políticos han provocado un nuevo problema, pues por una maniobra injusta y sin sentido contra la ciudadanía, ahora deberá enfrentarse a nuevas Asociaciones que se sumarán a las de comerciantes ya constituidas. Me consta que en Benidorm dichas asociaciones vecinales lograron que la Zona Azul se instaure solamente en los meses de verano, pero animo a los vecinos afectados de esta localidad, a una presión mayor y que se  anule por completo la Zona Azul, por ser anti-democrática e injusta para los residentes y comercios afectados. Localidades del resto de la Provincia, como Villajoyosa, Elche y prácticamente todas las localidades donde se quiere imponer esta «acotación de espacios públicos», también se están movilizando y les animo a elevar firmas y protestar contra esta medida, aprovechando también esta nueva movilización vecinal para protestar por la falta de mantenimiento de calles y la falta de operarios municipales que se ocupen del urbanismo. Menos sanciones y más responsabilidad por parte de los ayuntamientos.

Soluciones

Al parecer, los municipios alegan dificultades para el buen tránsito de vehículos y problemas de estacionamiento en general, como motivo principal de la imposición de la Zona Azul. Simplemente dar una vuelta por el barrio de Las Carolinas de Alicante, la zona que visité ayer, para darse cuenta de que no existe un estudio serio para resolver los problemas viarios. A falta de estudios serios, no queda otra que pensar en que la imposición no es más que una medida recaudatoria por parte de los ayuntamientos y que nunca tuvieron intención de resolver nada. Solamente recorrer la calle Montero Ríos de Alicante, cualquier persona sin estudios puede darse cuenta de que cabe más de un centenar de vehículos en batería. Pero claro, solamente existen unas 25 plazas en dicha calle, con una anchura suficiente como para resolver parte del problema en esa zona del barrio. Pero no se actúa en pro sino en detrimento de la buena disposición vecinal. Otra medida razonable sería la habilitación de los grandes solares de la periferia como parkings públicos y gratuitos, tal y como se ha hecho en el Bulevard del Plá, en este caso por unas obras eternas que se efectúan en la Avenida Padre Esplá de Alicante.

Algunas poblaciones de la provincia de Alicante, como es el caso de Alcoy, suprimieron hace año y medio la Zona Azul por declararse deficitaria, esto es que no resultaba rentable ni eficaz para el propósito concebido (que no es otro que el de recaudar para el municipio). Pero lejos de “volver atrás” y resolver el problema con serios estudios de los daños colaterales que produce ésta, han resuelto convertir el centro de la ciudad en Zona Peatonal. Si las medidas políticas han destruido paulatinamente todo el comercio y la actividad lúdica del centro histórico alcoyano en los últimos 40 años, ahora mismo ya se puede declarar como “museo viviente” la zona antaño y tradicionalmente más animada de la ciudad. Podemos decir sin duda alguna, que el periodo democrático ha resultado fatal para la vida en dicho centro urbano. Si en 1980 residían en esa zona urbana más de 20.000 habitantes, hoy en día apenas conviven unas 5.000 personas, muchas de ellas estudiantes eventuales e inmigrantes magrebíes o de la Europa del Este.

Como nativo de esa ciudad, recuerdo perfectamente la actividad frenética en su centro urbano. En los años 70s cada calle albergaba decenas de comercios y bares, apareciendo pubs, locales recreativos y otros negocios que se crearon en la década de los 80s. Cada día miles de personas recorrían sus calles, y los fines de semana hasta bien entrada la madrugada. Pero los políticos en la década de los 80s idearon un retorcido plan de cierre de las áreas lúdicas y comerciales. Así se comenzó a cerrar pubs, discotecas, cines, etc. También decidieron dificultar el tráfico rodado con distintas medidas, acabando en menos de una década con más de un centenar de comercios de todo tipo en favor de las grandes superficies de la periferia. En vez de incentivar la zona facilitando el tránsito y modernizar las infraestructuras para el bien de las actividades comerciales, los políticos siempre optaron por lo contrario, es decir, una política de obstaculizar los accesos y provocar cierre de locales para una posterior expropiación municipal o especulación particular. Recuerdo perfectamente como a mediados de los 80s, viernes y sábados por la noche, todas las Fuerzas de Seguridad  cargaban contra los grupos de amigos que libremente se reunían entorno a las puertas de los abarrotados pubs todos los fines de semana. Los que nos resistíamos a abandonar la calle acabábamos en la comisaría de la Policía Nacional. Ese abuso de autoridad contra el libre tránsito de las personas, sin fundamento, más que por supuestas denuncias vecinales, terminó con dichas reuniones de grupos de amigos, pero también con el pub y todos los comercios de la calle, obligando al desalojo voluntario del vecindario una década después por falta de actividad general. Medidas entonces absurdas y que han terminado por convertir el barrio modernista en un lugar abandonado y ruinoso, casi siempre ocupado ilegalmente por extranjeros.

Este proceder político en Alcoy se repitió en prácticamente toda España y en los municipios con un centro histórico dinámico. Si el propósito era “europeizarnos”, convertir nuestras ciudades en entes fríos e inanimados, donde solamente puede prosperar la grande superficie comercial, entonces se ha conseguido y con creces. Los políticos nunca han adaptado la mentalidad española a las necesidades, sino que han querido copiar modelos extranjeros porque piensan que son mejores (para los políticos sin duda). Con esta actitud se destruyeron decenas de miles de negocios de todo tipo, negocios que no pueden colaborar al erario público, y para terminar de arreglarlo, es decir, lo más irónico es que los beneficiados (grandes áreas comerciales) pagan menos impuestos que los comercios destruidos. Claro, a falta de dinero para los políticos, porque ellos siguen aumentando en número aunque cierren los negocios, no tienen otra alternativa que subir los impuestos y crear modelos sancionadores nuevos. Los españoles, que en el siglo XVI creamos el modelo urbanístico de la plaza, resulta que ahora copiamos modelos nada efectivos del extranjero. Por cierto, una de las primeras construidas, tras la normativa urbanística del Emperador Carlos I, fue la actual Plaçeta del Carbó en Alcoy y, al adaptarse al modelo de Plaza, su edificio consistorial tuvo que construirse de una forma particular que aún es visible hoy en día.

La Zona Azul fue uno de los inventos para recaudar que sustituyen a la cortesía de los años 70s. En dicha década, los conductores llevaban en el parabrisas un reloj y cuando estacionaban indicaban la hora prevista de salida. Esta medida cortés de los conductores derivó en una obligación que nos llevó a la Zona Azul conocida y que en numerosas ciudades resulta un negocio de lo más rentable para el municipio. A pesar de ser ilegal esta medida, pues el municipio toma posesión de partes de las calles que pertenecen a los residentes, pues todos pagamos por el mantenimiento de las mismas, son nuestras, los políticos siguen con sus medidas ilegales desde que entró la Democracia, haciendo caso omiso a todas las denuncias y juicios que perdieron en los tribunales de Justicia en estos casos, por retirada indebida de vehículos y sanciones arbitrarias. La praxis se sigue manteniendo porque les resulta beneficioso lo recaudado, aunque pierdan algún pleito esporádico. Uno de los males de nuestra Democracia es precisamente ese: les hemos dado poder ilimitado a los políticos.

El máximo exponente a lo absurdo en la provincia de Alicante se va a poner en vigor en la misma capital alicantina. Hasta 8 sectores pertenecientes a al menos 4 barrios se van a convertir en Zona Azul y Naranja. Se habla de 514 plazas nuevas “libres” (unos 400.000 euros de beneficio al año de media), pero en verdad serán varios centenares más en un radio de más de 1,5 kms a la redonda, partiendo desde el casco antiguo. Prácticamente media Alicante (con más de 400.000 residentes) sufrirá la injusticia de los estacionamientos restringidos, añadiendo una política para las zonas de carga y descarga también novedosa, pues fuera de sus horarios laborales (que permitirán media hora para estacionar gratuitamente), también se ajustarán a las tarifas de la Zona Azul. Otra «novedad» está dirigida a las motocicletas, pues ahora deberán pagar también, aunque una tarifa reducida. La avidez por recaudar en esta ciudad ha llegado a extremos de confrontamiento físico, cuando un ejército de grúas municipales patrulla día y noche la ciudad en busca del “despistado”. Durante la Pandemia se han “arrastrado” miles de vehículos estacionados “indebidamente”, cuando en vías más transitadas se permite estacionar en doble fila o en un carril sin lugar a estacionamientos, durante las horas laborables, más molesto para la circulación, pero que no son rentables para desplazar a patrullas sabedoras de que el dueño se encuentra atento. O simplemente les apetece hacer la vista gorda en dichas zonas.

La obsesión de los ayuntamientos por dificultar el tráfico rodado ha llegado hasta el extremo de poner en peligro vidas a todos los niveles. En Alicante, por ejemplo, los planes urbanísticos están reduciendo a un sólo carril la circulación urbana. Este carril permite el ensanche de las aceras y la eliminación paulatina de estacionamientos en la ahora calzada reducida. Pero también dificulta la circulación de los servicios de urgencias. Bomberos, Policía y ambulancias, se quedan atascados en un sólo carril sin poder atender las urgencias a su debido tiempo. Incendios o accidentes ya no son atendidos en un tiempo razonable que, muchas veces, tardaban hasta con fluidez de tráfico, unos minutos cruciales para la vida de los afectados. Debemos sumar ahora el límite de velocidad, que no tardarán en establecerlo a 30 Km/h. Los servicios de urgencias no llegarán más que cuando no tenga remedio el caso. No sé quién planifica el urbanismo, pero no tienen un dedo de cerebro.

Como residente en Alicante, ya me percaté hace años de la política que paulatinamente ha ido perjudicando al tráfico rodado, eliminando miles de plazas de aparcamiento, eliminando plazas de carga y descarga, habilitando carriles para bici que no se usan, y desolando las calles para hundir los comercios urbanos. Los políticos, dueños de miles de plazas de aparcamiento en garajes particulares, han ido especulando con los precios y dificultando el estacionamiento con planes urbanísticos “sin coches”. Si eres residente pero no tienes plaza de estacionamiento propia, puede llevarte una media de 20 minutos para encontrar aparcamiento, pero no es un problema nuevo ni de cantidad de vehículos per cápita, sino una mala planificación urbanística idealizada en proyectos “vanguardistas”, con más espacio para lo “verde” y los peatones, y el espacio justo o nulo para los vehículos. Esta política contradice nuestro sistema económico. Hay que pensarse dos veces la adquisición de un primer vehículo y ya no digo un segundo vehículo, pues todos los problemas provocados por la clase política convierten esta adquisición en un privilegio sólo apto para los que pueden soportar una ingente cantidad de impuestos y de dificultades increíbles. Si no se compran coches no irán a cargar las compras a los comercios que, sin clientes, tendrán que cerrar sus puertas, en una interminable caída de fichas de dominó que terminará como el centro urbano alcoyano: un museo viviente desolado y abandonado, en la ciudad dormitorio que quieren que sea Alicante desde hace muchos años, unos políticos que tienen asegurada su vivienda, su plaza particular de garaje y que les importa poco los daños colaterales que provocan sus medidas. No importa el color de los partidos que gobiernen, es una práctica común de todos ellos y que los ciudadanos soportamos en forma de aumento de número de impuestos y subida del precio de los antiguos. ¿Por qué he de pagar otra vez por un espacio por el que ya pago con mis impuestos municipales cada año? ¿Debo pagar todo el año un aparcamiento en mi calle para que estacione con toda comodidad un viajero de Cuenca media hora? Resulta absurdo.

La Zona Azul tiene cabida en calles con organismos oficiales del Estado, Comunidad Autónoma o Ayuntamiento, donde acuden miles de personas y se necesita estacionamiento con mucha movilidad. Tiene cabida en zonas con muchas visitas consideradas “área turística”. También tiene sentido común habilitar zonas azules en las inmediaciones de grandes mercados o teatros y grandes áreas lúdicas. Todas estas zonas, por el flujo continuado de personas, permiten y hasta justifican una zona azul, aunque los residentes afectados sufren las consecuencias, pero la ampliación a 8 sectores por el interior de la ciudad de Alicante, donde no se reúne ninguna de las características comentadas, la única justificación es la avaricia del Ayuntamiento, aumentando los problemas y la desigualdad.

Otras ciudades turísticas de la Costa Blanca, como Benidorm, también sufren una Zona Azul que, lejos de resolver los problemas de movilidad, sencillamente ha dificultado el problema de estacionamiento, pues es preferible estacionar en los parkings de pago que en la calle pagando. Así que los vecinos y residentes en dichas zonas azules, deben pagar para estacionar cerca de casa. Desde el 2015 al menos, más de 1100 plazas son de pago sólo en verano, pero porque los residentes “lucharon” contra el Ayuntamiento por este abuso. La clase política y funcionarios, se pueden permitir adquirir una plaza de garaje, así que el problema, como siempre, pesa sobre la clase media/baja trabajadora, que bastante tiene con pagar una hipoteca o alquiler de su vivienda y no puede alquilar o comprar una plaza de garaje, que puede costar sobre los 40.000 euros y hasta 100.000 euros en las zonas más cotizadas. El requisito para que un residente pague menos en Zona Naranja incluye un Impuesto Municipal de Circulación, impuesto que ya prevé el derecho a estacionar en cualquier lugar libre (no restringido) de la ciudad. Pero este impuesto ni se va a suprimir ni a reducir su coste, porque todas las medidas están dirigidas a recaudar y no a “mejorar” nada.

La clase política tiene acorralado al pueblo español. Cuando no debemos sufrir las medidas de los llamados partidos de izquierdas, debemos por lógica sufrir también las contramedidas de los de derechas, que son igual o perores que las primeras, así que, entre unos y otros, los trabajadores españoles estamos sometidos a un abuso de la clase política sin precedentes en la Historia. Estamos pasando por un increíble momento de angustia económica provocado por una Pandemia que ya dura casi dos años, un momento cuando más necesitamos de unos dirigentes cabales y comprensivos, pero está visto que el único objetivo de esta clase corrompida no es otra cosa que cuadrar sus balances particulares, es decir, liquidez en los fondos públicos para que no les falte la nómina mensual, para el mantenimiento de un ejército innecesario de políticos. Y para conseguir su nivel de vida siempre en aumento, deben recurrir a una subida masiva de impuestos a todos los niveles, incluidos los de primera necesidad, además de recurrir a normativas sancionadoras que terminen por rematar a la ciudadanía.

He buscado por Internet y no existe o no he encontrado nada organizado para protestar contra la ilegal Zona Azul y Naranja. Curiosamente he hallado un artículo en Información de Alicante felicitando al Ayuntamiento por la medida pues “los vecinos pedían una mejor movilidad en los barrios”, una alusión totalmente falsa y enfocada tergiversadamente a favor de la alcaldía. Ni se ha efectuado una encuesta pública ni pedido opinión al público sobre el respecto. Los medios, en manos de la clase política, es otro problema añadido a los que ya de por sí provocan esta clase de corruptos. Lejos de resolver los problemas, añaden otros para su lucro y avaricia particular, teniendo que soportar la sociedad un insostenible sistema de impuestos más todas las sanciones que, tarde o temprano, sufrimos, cayendo en las trampas que minan los organismos oficiales para el “despistado contribuyente”. Si ya nuestro sistema de impuestos, control de nuestra privacidad y privaciones continuadas de nuestra libertad de movimientos está rebasando los límites de lo tolerable, con esta medida de acotamientos de espacios públicos, llegamos a la pura esclavitud, porque los políticos manipulan con sibilina sutileza los conceptos. Hoy en día la esclavitud no significa aquellos que sufren latigazos y explotación en los campos de algodón. Hoy en día la esclavitud es cualquier trabajador sometido por completo a los caprichos de los políticos, una clase mafiosa que somete a la población privándole de sus derechos. Una Democracia no es lo que vivimos, una Democracia se basa en la Consulta y el Derecho, algo que hace mucho tiempo que no se aplica, como unos 40 años.

César Metonio

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