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El 31 de diciembre de 1999 ascendía al Poder en Rusia un desconocido Vladimir Putin, como casi todos los políticos de aquel inmenso país, un exmiembro de la KGB, y del extinto Partido Comunista de la Unión Soviética, precisamente un requisito fundamental si se quiere llegar a algo dentro del complicado conglomerado político de la antigua Unión de Repúplicas Socialistas. Putin, nacido en 1952, tenía entonces 47 años, un dato muy significativo, pues comparándolo con los anteriores mandatarios, se podía considerar como una alternativa de “renovada juventud” y, en muchos sectores de la economía y sociedad rusa, así ha sido, pues ambos han cambiado a mejor sustancialmente.

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Vladimir Putin le acaba de conceder la nacionalidad rusa al actor estadounidense Steven Seagal. Esta información dice mucho sobre la “excentricidad” rusa: unos atesoraban en su garaje (como Bresniev) 35 Rolls-Royce cubiertos de oro y otros conceden la nacionalidad rusa a sus “amiguetes”. Pero de aquel Putin de 47 años al actual de 64, han ocurrido bastantes acontecimientos internos en Rusia y en el resto del mundo, con los que se puede valorar la labor de su mandato. Recuerdo que en el 2007 se tuvo que reformar la Constitución Rusa, creando la figura del Primer Ministro, para que Putin siguiera al frente de la Federación Rusa y eso me pareció todo un signo de dictadura al estilo convencional de “república bananera”. Pero, ¿es posible una dictadura en un país de casi 144 millones de habitantes y que hace nada ha optado por un régimen democrático?

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Vladimir Putin ha ido solventando todo y cada uno de los problemas de su país con mano dura. Tras el desmembramiento de la Unión Soviética, los altos cargos de la KGB se repartieron las riquezas de tan vasto territorio, como los herederos de Alejandro Magno, y nadie se atrevía a plantarles cara a estos nuevos oligarcas. Sólo un preparado miembro de la desaparecida KGB podía intentarlo, pero no uno cualquiera, sino alguien mucho más duro y despiadado que aquellos a quienes se quería “tumbar”. El rostro de Putin lo dice todo, no miente, no puede, y al nuevo zar de las Rusias se le debe tolerar a las buenas y a las malas, con la consecuencia curiosa de que en Rusia han mejorado las cosas y en todos los sentidos, luego es un “mal necesario”, una demostración práctica de que al Pueblo se le debe tratar con total y maquiavélico servilismo.

Puestos a valorar, una mente democrática no sabe si felicitar a los rusos por poseer un mandatario que sabe muy bien lo que tiene entre manos, cómo defender los intereses de su país, o burlarse de una nueva “dictadura” que puede durar varias generaciones más. Visto lo visto, me inclino por convencerme de que los rusos han tenido mucho acierto en elegir a alguien preparado para el desempeño de sus funciones, de cargar abiertamente con los éxitos y fracasos de manera estoica y de desafiar a todos por mantener el prestigio de una Potencia, aunque para ello se deba renunciar al G-8 o al “favor” USA. El 31 de diciembre cumplirá 16 años en el Poder el Presidente o Primer Ministro ruso Vladimir Putin. En este tiempo miles de rusos han muerto violentamente en atentados terroristas, junto a miles de fuerzas atacantes, o en guerras fuera de su país. También se han cometido errores en política económica y quizás ha habido ciertas diferencias con algunas minorías étnicas, perjudicándolas socialmente, pero se puede valorar positivamente lo logrado hasta ahora si lo miramos a un nivel de “estadista”, con la frialdan que nos muestran los datos estadísticos.

César Metonio

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